Tweeter buttonFacebook button
Home Otros

0 539

El seguro médico de Muface que mi madre, de ochenta y seis años, lleva pagando toda la vida con su sueldo de maestra, no tiene la obligación de ofrecer servicios de geriatría, y, por supuesto, no lo hace. Para qué, si es un gasto claramente innecesario. Los funcionarios, ya se sabe, dejan esta vida muy pronto, sin tener que recurrir a los servicios de un geriatra, o llegan a la vejez tan sanos que lo más que se les ofrece es algún dietista o un preparador físico, si me apuras. O mueren al pie del cañón, apagando fuegos, deteniendo ladrones, regulando el tráfico, o entre cartas, pupitres, operaciones a corazón abierto, extracción de muelas… cosas así, sin importancia. Luego me entero de que el seguro tampoco cubre el servicio de geriatría aunque lo hayas contratado de forma privada, y ya me pierdo.

Que solo la Seguridad Social disponga de atención especializada para las personas mayores dice mucho de nuestro sistema sanitario. Mucho y bien de la sanidad pública, y poco y mal de la privada. Pueden ofrecerte otros especialistas, sí, porque están obligados, pero justo el que necesita una persona que lleva cotizando más de sesenta años no está disponible. Y yo me pregunto si las mentes retorcidas no han caído en que todos envejecemos, tarde o temprano. Y también me pregunto a qué esperamos los demás para quejarnos, como si no fuera con nosotros, como si dejar sin atención especializada a las personas mayores fuera cosa normal. Total, ya han vivido de más, y ahora solo son una carga para el sistema sanitario que llevan sosteniendo toda su vida.

Así es, te dicen con amabilidad los mismos que dentro de nada llegarán a viejos. Y te vas a casa, hundida en la miseria de pensar qué clase de seres humanos somos, que olvidamos lo esencial mientras nos perdemos en lo prescindible.

Pilar galán Rodriguez

Profesora y escritora.

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/no-es-pais-viejos_999030.html

0 817

Jacob Serfaty vive en Madrid y tiene 75 años. Se considera vanguardia en el uso de Internet entre sus coetáneos, puesto que adquiere a menudo en la Red billetes de viaje, reservas de hoteles, entradas de conciertos y productos para la fotografía, que es su pasión. No obstante, es crítico con la oferta de los supermercados en Internet: “Una vez hicimos la compra en la web de El Corte Inglés y Alcampo, pero se nos hizo muy pesado. Había que estar buscando mucho y desistimos de hacerlo otra vez. Entendemos que la compra en Internet es cómoda, pero somos muy selectivos”, afirma.

“Algo está mejorando en España, pero siempre vamos a remolque de otros países”, comenta Íñigo García, analista de la consultora Nielsen. El caso de los supermercados es emblemático. García explica que en el sector de la compra online “existe aún una barrera generacional”, pero añade que los distribuidores generalistas sufren un considerable retraso en su capacidad de captación de clientes mayores en la web. “Pese a que el porcentaje de penetración de Internet entre los mayores es bastante alto, no existe una inversión dedicada claramente a este público. Se trata sin duda de unobjetivo comercial a explotar”, agrega García.

La generación del milenio, las personas de entre 21 y 34 años, es la que más se conecta y compra a través de Internet. Lo novedoso es que dos de tres personas mayores de 60 años (68,5%) tienen conexión. Y que representan una franja de consumidores aún por descubrir por el comercio electrónico. Esta es una de las conclusiones del estudio Economía del Envejecimientoelaborado por la Fundación general de la Universidad de Salamanca en colaboración con el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a través de 900 encuestas, que muestra el potencial del colectivo de personas mayores para “estimular la actividad empresarial y el desarrollo económico”.

En octubre, el comercio electrónico creció un 24,5% en España respecto al mismo mes de 2014, hasta alcanzar una facturación de más de 4.000 millones de euros. La oficina estadística de la UE, Eurostat, calcula que el año pasado una de cada cinco compañías españolas (un 18%) utilizó los canales electrónicos para la comercialización de bienes o servicios, un punto por debajo de la media europea. Según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNNMC), los sectores de actividad con mayores ingresos fueron el del turismo, con el 15,7% de la facturación total, seguido por el transporte aéreo (8,6%) y el marketing directo (5,4%).

Pese a este crecimiento generalizado, el estudio señala el “desfase” existente entre la demanda de consumidores de edad avanzada y una oferta comercial que puede tildarse de escueta. Según las cifras del  Instituto Nacional de Estadística (INE), en lo que va de año más de 400.000 personas mayores de 65 años realizaron compras por Internet. Un dato relevante que, sin embargo, es ampliamente inferior al número de clientes menores de 35 años (más de 5 millones). Quizás esta sea la razón por la que la publicidad en la web también tiene un patrón claramente orientado en los jóvenes y sus preferencias. “Todos queremos sentirnos jóvenes, pero es verdad que el número de anuncios dirigido al público mayor, que suele estar más interesado en la calidad del producto que en el precio, está muy por debajo de su importancia económica”, afirma el publicista Toni Segarra. “En todo el mundo, los mayores de 50 años representan la mitad del consumo total”, apunta este experto al tiempo que remarca que en Estados Unidos ya se está trabajando por un cambio de mentalidad publicitaria con el objetivo de atraer la atención de esta “bolsa perdida de consumidores”.

Según otro estudio de la confederación de mayores UDP, los españoles de más de 60 años utilizan Internet sobre todo para actividades de tipo funcional (relación con bancos, citas médicas), para informarse y, en menor medida, para gestiones administrativas. “Conocer los hábitos de consumo de los mayores nos dará las claves para reconocerlos como un sector con enorme potencial económico”, zanja Oscar González Benito, catedrático de comercialización e investigación de mercados en la Universidad de Salamanca.

http://economia.elpais.com/economia/2015/12/11/actualidad/1449861797_008865.html

El fondo Golden Age (“edad dorada”) de Lombard Odier Investment Managers está gestionado por Johan Utterman. El fondo se lanzó en 2009, siendo uno de los productos de inversión pioneros en la búsqueda de oportunidades vinculadas al envejecimiento de la población.

Pregunta. ¿Cuál es el principal impacto en el mercado de una sociedad cada vez más mayor?

Respuesta. Es una tendencia demográfica que ofrece oportunidades de inversión muy atractivas. En los mercados desarrollados el número de personas con más de 65 años crece a un ritmo tres veces superior que las generaciones más jóvenes. Por lo tanto, se trata de un colectivo muy importante que en algunos países acumula tres cuartas partes de la riqueza financiera. Esto quiere decir que aquellas empresas que sean capaces de vender productos y servicios a los seniors y a los baby boomers [la generación más numerosa, que comprende a los nacidos entre 1946 y 1964] tienen una oportunidad clarísima de crecer por encima de la media del mercado.

P. ¿Qué estadísticas usaron cuando decidieron lanzar este fondo?

R. Hay múltiples datos demográficos que certifican que vamos hacia sociedades más viejas donde las personas no solo viven más, sino que lo hacen con mayor poder financiero. La esperanza de vida aumenta en 100 días por cada año que pasa. Además, los miembros de la generación del baby boom se empiezan a jubilar en masa. Entre 2010 y 2030, cerca de 10.000 baby boomers se jubilarán cada día solo en EE UU. Teniendo en cuenta todos estos factores, las proyecciones hablan de que en 2050 habrá 2.000 millones de personas con más de 60 años. Además, se estima que este colectivo, dentro de cinco años, tendrá una capacidad de gasto conjunta de 15 billones de dólares en todo el mundo.

P. ¿Qué sectores identifican como los principales beneficiados en este contexto?

R. Nuestros análisis identifican oportunidades en muchos sectores como la salud, sobre todo aquellos negocios vinculados con las enfermedades crónicas; la industria financiera (gestoras de inversión y aseguradoras); compañías de consumo, principalmente vinculadas a temas de disfrute; tecnología en áreas como la salud, la telemedicina o los robots; y la nutrición.

P. ¿Hasta qué punto este colectivo está cambiando los hábitos de consumo?

R. Tiene un impacto importante. Una persona con más de 60 años usa tres veces más fármacos que alguien más joven, toma más suplementos alimenticios y vitaminas, y se hace pruebas médicas con mayor frecuencia. En cuanto al consumo, una mujer entre los 50 y los 60 años gasta en cosméticos tres veces más que una de 30 años. Otro dato interesante es que la edad media del conductor de un Mercedes Clase S en EE UU es de 62 años.

P. Ustedes se fijan en la cara positiva del envejecimiento, pero imagino que una sociedad así también supone riesgos para la economía y el mercado, ¿no?

R. Mucha gente habla de la tasa de dependencia, es decir, cómo compensar el número de gente que se jubila con aquellos que se incorporan al mercado laboral. En la medida que esa tasa sea elevada, es decir, que el número de jubilados aumente más que la fuerza laboral, el crecimiento económico se resentirá.

P. España es una sociedad envejecida con una esperanza de vida muy alta. ¿Invierten en compañías españolas?

R. En estos momentos no tenemos ninguna empresa española en cartera. En su momento tuvimos acciones de Grifols, aunque ahora preferimos algunos de sus competidores. Sin embargo, sí tenemos compañías de otros países con exposición al mercado español.

P. ¿Qué sectores y qué compañías les gustan más en estos momentos?

R. Nos gusta mucho el sector de los cruceros, donde tres compañías controlan el 80% del mercado. Una de nuestras mayores apuestas es Norwegian Cruisse Line, que ha abierto nuevos destinos como Cuba, algo inteligente ahora que se están restableciendo las relaciones diplomáticas con EE UU. Además, China se está abriendo al negocio de los cruceros lo que supone que, además de generarse nuevos ingresos en este mercado, se tendrán que desviar barcos desde otros destinos como el Mediterráneo y el Caribe, con el consiguiente impacto en los precios. Otras valores con un peso importante en nuestro fondo son Service Corp, compañía líder en servicios funerarios en el mercado estadounidense, y el distribuidor farmacéutico minorista CVS Caremark.

P. ¿Hasta qué punto este tipo de valores están ligados al ciclo económico?

R. Algunos negocios están ligados al crecimiento económico, como las compañías de consumo discrecional, que dependen más de los niveles de confianza, o incluso el sector financiero. Sin embargo, también tenemos muchas empresas menos dependientes de la evolución del PIB como son las que se dedican a los productos y servicios relacionados con temas de audición. La edad media de las personas que empiezan a usar audífonos es de 69 años. Otro caso significativo es el del botox para las arrugas faciales. Desde que estalló la crisis en 2008 las ventas de este producto han crecido a una tasa media anual del 5%, lo que resulta muy atractivo si se compara con el crecimiento mundial en este periodo. Muchas compañías en las que invertimos tienen menor exposición al ciclo, y no hablo solo de aquellas que desarrollan medicinas para enfermedades mortales como el cáncer.

P. Las economías emergentes tienen una población mucho más joven que los países desarrollados. ¿Encuentran oportunidades de inversión en estos mercados?

R. Nuestra prioridad actualmente son los mercados desarrollados. En primer lugar, porque sus poblaciones están más envejecidas. Además, nos fijamos mucho en la rentabilidad ajustada por el riesgo y ahora mismo hay mucha mayor volatilidad en los mercados emergentes. Sin embargo, estos países también ofrecen oportunidades de inversión interesantes. Si observamos sus tasas de jubilados son bajas en términos absolutos, pero enormes en términos relativos. Una de las grandes apuestas del fondo es la aseguradora AIA Group, con sede en Hong Kong, que ofrece seguros de vida en 18 países asiáticos donde la penetración de estos productos es muy baja y donde la gente empieza a darse cuenta de que tendrán que ahorrar porque la pensión pública no será suficiente.

P. Las tendencias demográficas tienen cada vez un peso mayor en el mercado. ¿Es fácil encontrar buenas compañías a precios atractivos?

R. El número de fondos que invierte en función de los cambios demográficos es todavía relativamente limitado. En 2009, cuando lanzamos el fondo, fuimos pioneros en este tipo de estrategias y ahora tampoco tenemos tantos competidores. En cualquier caso, una de nuestras reglas es no es la de pagar un sobreprecio por crecimiento. Somos disciplinados en este sentido. Todavía quedan oportunidades vinculadas al envejecimiento a buenos precios.

P. En el mercado hay dos grandes grupos de los que todo el mundo habla: los baby boomers y los millennnials. ¿Cuál tiene más impacto en los hábitos de consumo?

R. Si vemos los números de riqueza financiera, claramente los seniors tienen mayor impacto en las decisiones de consumo. Eso se ve claramente en la publicidad. Es muy significativo sobre quién manda en el mercado que L’Oreal haya contratado como imagen a Helen Mirren, con 70 años, o que Louis Vuitton cuente con Sean Connery, de 85, para vender sus maletas.

http://economia.elpais.com/economia/2015/11/05/actualidad/1446741568_850253.html

0 1560

Las personas logran prolongar más sus años, gracias a la tecnología, al avance de la medicina y de los nuevos tratamientos; pero sobre todo, a la prevención y control de las enfermedades crónicas no transmisibles: Hipertensión, diabetes, depresión, cáncer, etc. Hoy tenemos más personas en etapa de vejez que años atrás. Esos adultos mayores, no solo llegan a su vejez con enfermedades, sino que también llegan con problemas de psicoanálisis, familiares y socio económico, que repercute en su estado de ánimo, debido a la pérdida de la calidad de vida, a la soledad, y a las limitaciones físicas y médicas.

Cientos de personas en la vejez son abusadas y maltratadas; abusos que pueden ser psicológicos o emocionales, con insultos, descalificaciones, injurias, desprecios; pero también maltratos financieros, le cobran la pensión o le administran mal su dinero, le limitan comidas, medicamentos, recreación y cuidados, etc. Sin embargo, hay viejos maltratados físicamente y con mucha negligencia por parte de sus familiares y cuidadores.

Todas estas situaciones llevan al adulto mayor a padecer depresiones, que desgraciadamente muchos pasan desapercibidas, o no tratados, lo que puede representar hasta el suicidio en la vejez.

Muchas veces esa depresión se acompaña más de síntomas somáticos: dolores, problemas digestivos, neurología, respiratorio y físico-motores. Además de sentir tristeza, desánimo, poco interés por realizar la cotidianidad, deseo de llorar y vivir recordando episodios del pasado que le cambian su estado de ánimo. Esos episodios depresivos en la vejez se acompañan de irritabilidad, cambio de humor frecuente y la necesidad de estar solo(a). Pudiendo deteriorarse cuando hay trastornos del sueño.

Cuando se tienen semanas y meses en ese estado de ánimo depresivo, el adulto mayor va perdiendo sus funciones ejecutivas y deseos por recibir visitas, salir, escuchar música, leer, ir a la iglesia, salir a caminar o visitar familiares. La depresión también puede ser por duelo, pérdidas y limitaciones que le han de cambiar la vida. Sabemos que las personas llegan a la vejez con su temperamento, carácter y rasgos de personalidad.

Hay viejos más sociales y reflexivos y con mayor adaptación que otros para aceptar los cambios en su vida. Todo esto influye en el estado de ánimo, en la convivencia, en las relaciones sociales, familiares e interpersonales.

Pero cuando se vive con depresión, no se tiene deseo, energía, humor para compartir, hablar o tener los nietos en la casa o deseo de que le celebren el cumpleaños, la navidad, o asistir a bodas o salidas sociales. Para esto hay que diagnosticar y tratar la depresión en el adulto mayor.

La depresión se cura; mejorar la vida, la calidad y la calidez le permite sentir alegría, bienestar, disfrutar y sentir el placer por estar vivo y volver a los encuentros con amigos y familiares.

El adulto mayor tiene derecho a vivir de forma integral: actividades recreativas y físicas, espiritual y familiar. Saber de sus negocios, finanzas, de su pensión y de lo que pasa con su salud, y su vida. Debe sentir el respeto, la consideración y la valoración a su dignidad. El suicidio en el adulto mayor es frecuente debido a la depresión no tratada. Hable y apoye la vida de las personas en la vejez. Recuerde, los adultos de hoy son los viejos del mañana.

http://hoy.com.do/la-depresion-del-adulto-mayor/autor/jose-miguel-gomez/

Índice Global de Envejecimiento define qué países son mejores y peores para envejecer. Perú ocupa el puesto 48 de 96 naciones.

Sentada en la vereda, con frío y casi acurrucada contra la puerta cerrada de una farmacia, está Esperanza Pacheco, de 87 años. Como cada tarde, tras hacer un largo viaje desde Villa El Salvador, estira la mano invocando caridad en la cuadra 4 del jirón Cusco, en el Cercado de Lima. Ya casi no oye y se angustia sobremanera cuando le preguntan por sus hijos. “Ellos me pegan”, dice y baja la mirada. Confía en que, centavo a centavo, reunirá el dinero suficiente para tratarse  de los oídos.

Para la médica gerontóloga Elizabeth Sánchez, presidenta de la Red Perú de Help-Age International, la más grande ONG que trabaja temas de envejecimiento en el mundo, Esperanza representa uno de los extremos de esa realidad que marca a parte de la población de 60 a más años en el país.

Está claro que el Perú, a pesar de ciertos avances, no es el país de las maravillas para hacerse viejo. Eso se refleja en el puesto 48 que ocupa entre las 96 naciones que figuran en el Índice Global de Envejecimiento 2015, elaborado por Help-Age.

La clasificación, que se ha hecho por tercer año consecutivo, mide el bienestar personal, social y económico de las personas adultas mayores. Para mostrar cuáles son los mejores y peores países para envejecer, el índice se basa en  cuatro variables: seguridad de ingresos (cobertura de pensiones, tasa de pobreza), estado de salud (esperanza de vida saludable y acceso a la salud), competencias (nivel de empleo y educación) y entorno favorable (acceso a transporte público, seguridad personal, relaciones sociales y libertades civiles).

Suiza ocupa el primer lugar del ránking, es decir, para Help-Age es el mejor lugar para vivir la vejez. Noruega está en el puesto 2 (en el 2014 fue el número 1). Además de Japón (8), los primeros 10 países clasificados están en Europa Occidental y América del Norte. El Perú está a media tabla (48) –el año pasado ocupó el puesto 42–. Los países de África ocupan la mitad del último cuarto del ránking.

Panamá es el mejor latinoamericano (20), seguido por Chile (21), Uruguay (27), Costa Rica (28), Argentina (31), México (33), Colombia (36) y Ecuador (44). En el desagregado, el Perú está en el lugar 68 en ingresos, en el 32 en salud, en el 30 en competencias y en el 79 en entorno favorable.

Políticas públicas

El objetivo del índice es que quienes toman las decisiones en los países las usen para planificar políticas públicas en beneficio de la población de tercera edad. Para medir cada variable, Help-Age usó indicadores de fuentes internacionales, como el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Internacional del Trabajo, data de la encuestadora Gallup.

“El índice no es solo numérico. También considera la percepción que los adultos mayores tienen sobre las variables estudiadas. El cruce de ambas cosas da el puesto en la lista. En nuestro caso, es una mirada complementaria a la del Plan Nacional para las Personas Adultas Mayores 2013-2017. El Perú, por ejemplo, ha mejorado en salud con la afiliación al SIS, pero le falta avanzar en la calidad de la atención”, dice Sánchez.

Para la especialista, el índice refleja la inequidad del Perú con relación a la cada vez más creciente población adulta mayor: “La inequidad de ser urbano y rural; de ser de costa, sierra o selva; de ser mujer”.

La tradición de jubilarse a los 65 años de edad está desvaneciéndose. Mientras los trabajadores más mayores permanecen más tiempo dentro de la fuerza laboral, los retos desde la vista cansada hasta el dolor de las articulaciones se vuelven cada vez más comunes. Para solucionarlo, los tecnólogos y los expertos en la ergonomía están replanteando las condiciones laborales.

Tan recientemente como el año 1992, menos del 3% de la fuerza laboral estadounidense tenía 65 años o más. Hoy esa cifra casi se ha duplicado, según las estadísticas de la Agencia Laboral estadounidense, y se espera que alcance el 8,3% para el 2022. La mayor parte de estos 13,5 millones de trabajadores mayores tendrán entre 65 y 74 años, pero casi 2,6 millones tendrán 75 años o más.

Un motivo de este desplazamiento demográfico es la longevidad aumentada. Los hombres estadounidenses pueden esperar vivir otros 17,9 años de media, según los cálculos del Centro Nacional para Estadísticas Sanitarias del país, mientras que las mujeres se añadirán otros 20,5 años. Ambas cifras se han aumentado en más de un tercio desde la década de 1950. Con tanta vida por delante, los profesionales de perfiles altos pueden no querer quedarse quietos, mientras que los trabajadores peor pagados a menudo encuentran que sus pocos ahorros no les permiten jubilarse. Al mismo tiempo, gracias al ascenso continuo del sector de servicios sobre la fabricación, muchos trabajos requieren menos resistencia física.

Mientras que a los 70 años resulta más fácil operar una grapadora que una remachadora, algunos aspectos del entorno de oficina aún pueden irritar a la gente de cierta edad. “Muchos productos se diseñan para la gente joven”, dice Sara Czaja, la directora científica del Centro del Envejecimiento de la Universidad de Miami (EEUU). “Los diseñadores no siempre tienen en cuenta a la gente mayor”.

Consideremos las diminutas pantallas de los smartphones. Los trabajadores de oficina que mandan mensajes o comprueban su correo electrónico y servicios de noticias pueden cambiar entre una visión cercana a una lejana unas 100 veces o más cada día, dicen los investigadores de Carl Zeiss Vision de Alemania, un fabricante líder de lentes de gafas. Representa un esfuerzo importante para los trabajadores más mayores con una capacidad disminuida enfocar los objetos cercanos, un trastorno que suele presentarse entre los 40 y 50 años de edad y empeora de forma continuada.

Para minimizar la vista cansada digital, Zeiss ha desplazado el área de lectura de sus lentes progresivas hacia arriba, más cerca de los ojos, teniendo en cuenta la posición en la que la gente sujeta sus smartphones.

Otro reto: los ojos de una persona de 60 años sólo captan aproximadamente el 33% de la luz que captan los ojos de los veinteañeros, porque sus pupilas son más pequeñas y sus lentes oculares más nubladas. Eso hace necesario una mayor iluminación en la oficina, con tan pocas sombras y puntos oscuros como sea posible, dice Ryan Anderson, el director de Producto y Estrategia de Portfolio de Herman Miller, un importante fabricante de muebles con sede en Michigan (EEUU). No es suficiente arrojar más lúmenes sobre las mesas de los trabajadores; minimizar las sombras y zonas oscuras es igual de importante. Esto ha dado paso a nuevos tipos de dispositivos de iluminación que hacen rebotar la mayor parte de su luz contra el techo para conseguir una dispersión óptima, en lugar de enfocarse directamente hacia abajo.

Los trabajadores de más edad a menudo también necesitan un mayor apoyo para la espalda, dice Anderson, lo que crea problemas si el uso sostenido de portátiles o tabletas provoca que la gente se incline sobre su mesa. Una solución de Herman Miller: una mesa de trabajo con una superficie deslizante que puede acercarse al usuario, haciendo posible que se siente erguido y apoye la espalda en la silla mientras utilice un dispositivo móvil.

En la Universidad Estatal de Florida (EEUU), Neil Charness, el director del Instituto para la Longevidad Exitosa, se ha interesado por los retos que pueden representar el uso de un ratón para trabajadores mayores. “Llevo estudiando el envejecimiento mucho tiempo”, dice, “y ahora, a la edad de 67 años, me he convertido en uno de los sujetos que estudio”. Se alegra de que muchos sistemas operativos pueden ser configurados para permitir que los programas y documentos se activen mediante un sólo clic; el doble clic puede resultarles más difícil a los usuarios mayores. Él reduce su propia necesidad de utilizar el ratón para desplazarse dentro de la pantalla girándola; los movimientos oculares tienden a resultarles más fáciles a los adultos de mayor edad que los movimientos de mano.

Microsoft lleva años ofreciendo su Manual para individuos con impedimentos relacionados con la edad en su página web, que muestra a los trabajadores mayores cómo crear indicadores que se muevan más despacio o visualizaciones de pantalla de tamaño aumentado al ajustar la configuración de su ordenador. Ahora, Ai Squared, con sede en Vermont (EEUU), ha desarrollado un software para personas con degeneración macular, un trastorno que afecta sobre todo a gente mayor, en el que una retina que se deteriora provoca una pérdida de visión en el centro del campo visual. Su tecnología puede transformar los colores de las visualizaciones de pantalla para que las personas que tienen dificultades con la letra negra sobre fondo blanco puedan ver sus correos electrónicos y páginas web sobre un fondo negro, que a menudo resulta más fácil de leer. “Un caballero utiliza nuestro software para visualizar todo sobre un fondo rosa”, dice la gestora de proyectos de marketing de Ai Squared Megan Long. “Es lo que le resulta más fácil”.

Para los trabajadores mayores que se quedan de pie – en lugar de sentados – en el trabajo, unas baldosas especializadas reparten mejor la carga ejercida sobre los tobillos, las rodillas y las caderas. Estas “alfombrillas anti-fatiga” existen desde la década de 1980, pero los inventores siguen refinando el concepto. Una versión, con conjuntos de cilindros huecos de goma fijados debajo de la superficie de la alfombrilla para proporcionar un leve efecto de elasticidad, se patentó en 2009. Los hospitales representan los principales consumidores. La edad media de las enfermeras estadounidenses ascendió a los 50 años en 2013, según el Consejo Nacional de las Juntas Estatales de Enfermería, desde los 47 años en 2004.

Una amplia variedad de tecnologías en desarrollo para ayudar a los discapacitados también podría acabar ayudando a otras personas a trabajar durante más años. Boeing, por ejemplo, tiene un proyecto para ayudar a los viajeros a desplazarse dentro de los aeropuertos en un carrito sin conductor, y la Universidad de Carnegie Mellon (EEUU) está trabajando en acompañantes robots para los discapacitados visuales. El Departamento de Transporte de Estados Unidos ha lanzado una iniciativa de “transporte accesible” para ayudar a las personas de movilidad limitada, incluidos los trabajadores mayores. Aaron Steinfeld, un investigador de la Universidad de Carnegie Mellon, está ayudando a diseñar el Tiramisu Transit, un sistema de información, establecida a través del crowdsourcing, que puede compartir información en tiempo real acerca de dónde están los autobuses y cuáles están relativamente llenos o vacíos. Tales datos “pueden resultarles muy importantes a los que sufren de problemas de equilibrio o los que utilizan sillas de ruedas o carritos motorizados”, dice Steinfeld.

http://www.technologyreview.es/negocios/48319/herramientas-para-que-los-mas-mayores-puedan/

Cada 21 de septiembre, las asociaciones que aglutinan a colaboradores, familiares, cuidadores y pacientes con la enfermedad de Alzheimer, intentamos detener por 24 horas el tiempo, para recordar a toda la sociedad que existen millones de hombres y mujeres a quienes se les perdió su más valioso recurso para existir en comunidad: su memoria.

¿Cómo y qué decir en una conversación? ¿Cómo llamar a una persona, animal u objeto para ejecutar alguna actividad en la vida diaria? ¿Cómo hacer para encontrar una dirección o nombre de un ser que me saluda? Esas serían, entre tantas, las interrogantes elementales que cualquier ser humano se hace y contesta de manera automática, sin enterarse siquiera que lo hace, pero que es un imposible para quien ha perdido su capacidad cognitiva (raciocinio, pensamiento, inteligencia, etc.).

La enfermedad de Alzheimer es ya una pandemia, es decir, afecta a todos los países del mundo. Desarrollados y pobres, o saliendo de la pobreza, a como nos han clasificado los gurúes de la economía nativa. Los mandrakes, que parece que no transitan por el Corredor Seco, donde el fenómeno de El Niño hace estragos, o por los cinturones de miseria urbanos que describía un exministro de bienestar social en los 80, en su libro El Infierno, y que siguen allí.

En el anuario estadístico de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), las cifras de población nicaragüense en riesgo de Alzheimer, según evidencia médica/científica, estiman que de un total de 311,900 adultos mayores (según censo del Inide), aproximadamente 28,078 personas, es decir un 9%, serían enfermos del mal de Alzheimer.

Ese 9% es un indicador utilizado en poblaciones compatibles genética, cultural, económica y sociológicamente con la nuestra. De estudios mexicanos replicamos cifras. Carecemos de estadísticas y estudios propios y siempre debemos extrapolar casuísticas de países que sí hacen estudios, sistematizan y llevan estadísticas, y que además tengan algún parecido con la realidad que vivimos.

Estudios internacionales refieren que para el 2050 la cantidad de enferm@s superará los 100 millones, concentrándose el mayor incremento en países de la región latinoamericana, que tienen mayor crecimiento de población, mayor expectativa de vida y mejores niveles de salud y control de morbimortalidad. Irónicamente, la calidad de vida general es inversamente proporcional a dichas variables sociodemográficas.

Un intento de conocer la realidad nicaragüense sobre el tema en cuestión se desarrolló entre el 2009 y 2011. El estudio Caracterización de la Enfermedad de Alzheimer en Nicaragua (Carenan), que involucró a 18 investigadores (médicos, biólogos, neuropsicólogos), intentó conocer la prevalencia de la enfermedad, así como validar los indicadores o variables internacionales, en un estudio piloto en unidades de salud de Managua.

Algunas conclusiones destacadas fueron que: la prevalencia del deterioro cognitivo y/o demencia puede ser del 20%, que todo adulto mayor con deterioro cognitivo leve-moderado puede pasar a demencia en los próximos 5 años del hallazgo, que el 18% de los encontrados con deterioro severo será pacientes con demencia en los próximos 12-18 meses (deterioro cognitivo mayor, según nuevas clasificaciones) y según intervenciones farmacológicas y no farmacológicas realizadas o no. El subdiagnóstico parte del desconocimiento de la misma familia/comunidad, quienes consideran que las alteraciones son porque ¡todo viejo empieza a chochar y quiere llamar la atención!

Los nuevos estudios sugieren continuar ensayando o ejecutando lo que se maneja hasta este momento: Las terapias farmacológicas (rivastigmina, donepezilo, galantamina y memantime) y las terapias complementarias en casos de comorbilidades, junto a las terapias no farmacológicas (meditación, musicoterapia, zooterapia, terapia cognitiva y de reminiscencia, etc.), mientras terminen los estudios de nuevos medicamentos en investigación (inmunoterapia, anticuerpos monoclonales, etc.).

Se destacan de mucha importancia las siete medidas de prevención aplicables a muchas enfermedades, incluyendo las neurocognitivas: control de sobrepeso y obesidad, control de hipertensión, control de lípidos (grasas), control de diabetes, evitar alcohol y tabaco, mantener actividad física regularmente y fortalecimiento de actividad intelectual (leer, escribir, dibujar) práctica de ejercicios mentales (crucigramas, sudokus, etc.), musicoterapia, meditación, aprendizaje de otro idioma, etc.

Cruzar la barrera de los 65 años nos expone. Intentemos fortalecer nuestra salud física y mental para llegar con suficientes defensas y, recordemos siempre a quienes ya no recuerdan.

Francisco Soria Perdomo, jefe de la Unidad de Geriatría y Atención del mayor de la Clínica La Luz, de la Unidad de Geriatría del Hospital Sur de Alcorcón y Jefe del Equipo Médico de Apoyo Quirúrgico del Hospital Sur de Alcorcón, explica que “es posible que con el envejecimiento confrontemos situaciones en las que no seamos capaces de mantener las rutinas diarias. Desde el punto de vista médico, se pueden ver afectadas actividades básicas, como aseo personal, vestido o alimentación, pero también otras instrumentales de la vida diaria, entre ellas el uso del banco, compras de alimentos o el uso de trasporte público. Esto puede hacer necesaria la activación de mecanismos que garanticen el soporte de dichas actividades.”
Además, apunta el geriatra, a veces se suman situaciones, como en la del paciente con demencia, con síntomas agresivos. “Con ello se hace necesario llevar a la persona desde su domicilio a una residencia geriátrica”.
Entre los consejos a la hora de elegir ese lugar, Soria Perdemos recomienda investigar respecto a que la institución tenga la documentación en regla, posibles certificaciones… y preguntar por posibles servicios y sus costes. “Puede haber costes extras en cuidados de úlceras de presión fisioterapia o unidades para el cuidado de pacientes con demencia”, explica.
Otra recomendación es conocer al equipo que trabaja en las residencia y saber si hay médico y enfermera las 24 horas del día. “Sin embargo recuerde que la residencia geriátrica no es un hospital y en algunas oportunidades se hará necesaria la valoración en el hospital, tratando siempre de acompañarles a las visitas”, apunta el doctor.
“Recuerde que usted como familiar va a seguir formando parte del entorno del residente y debe formar un buen equipo con el personal de la residencia”, remarca y por eso aconseja preguntar si existe la posibilidad de reunirse ocasionalmente con los profesionales.
También aconseja revisar las características de la residencia; que haya agarraderas y barandillas en pasillos, baños y habitaciones, suelo es antideslizante, rampas de acceso o áreas de esparcimiento como jardines o terrazas,
Otro de los aspectos interesantes es revisar cómo es la alimentación y si hay algún tipo de valoración de la nutrición del mayor durante la residencia. “Se puede echar un vistazo al comedor”.
Si el paciente es autónomo, él puede decidir cuándo dormir o bañarse. “En el caso de personas con demencia, hay que saber si hay alguna rutina diaria en cuanto a estimulación cognitiva o terapia ocupacional.”
“Una vez que su ser querido viva en la residencia continúe visitándole de forma regular, eso ayuda al familiar a sentirse mejor y más feliz. Observe la evolución del residente, muchas veces es más factible que usted pueda notar algún cambio que pueda repercutir en la calidad de vida”, concluye.
En este sentido, una de las cuestiones es la frecuencia con la que debemos visitar a nuestro ser querido en la residencia. “No hay una respuesta a dicha pregunta, sin embargo debemos considerar que lo último que debe sentir nuestro ser querido es abandonado o que es una carga para los demás. Un consejo práctico es que haga que el tiempo invertido en la visita sea un tiempo de calidad. Debemos tomar en cuenta que nuestro ser querido ha estado esperando por nuestra visita desde la última vez que usted vino”.
Existen además otras alternativas a la atención en residencia como la atención domiciliaria, con una amplia gama de recursos tanto públicos como privados en este área.

http://www.sermadridsur.com/noticias/curarse-en-salud-preguntas-y-respuestas-sobre-las-residencias-geriatricas_52789/

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Salud Prostática la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) pone de manifiesto algunos datos preocupantes en cuanto a la salud masculina se refiere; y es que los varones españoles mayores de 50 años aún no se toman en serio la importancia de las revisiones anuales de la próstata, ya que según apuntan los últimos datos, sólo un 50 por ciento de los mismos se somete a una revisión urológica anual.

Ante este panorama, la SEGG aprovecha para recordar la gran importancia que tiene para la salud de la población masculina acudir al urólogo para conocer el estado de su próstata. Tal y como explica el doctor José Antonio López Trigo, presidente de la SEGG, “las revisiones pueden detectar a tiempo problemas como tumores benignos (adenoma de próstata), malignos (adenocarcinoma) o infecciones (prostatitis)”.

Revisiones a partir de los 50

Todos los varones tras pasar la barrera de los 50 años deberían someterse a una revisión anual del estado de su próstata, o a partir de los 40-45 años si tienen familiares directos que hayan sufrido (o sufran) un tumor de próstata.

Para el doctor López Trigo es imprescindible llevar a cabo esta recomendación, y recuerda que no hay que esperar a tener síntomas, ya que “la sintomatología de los problemas prostáticos no guarda relación con la gravedad del proceso”.

Entre los principales síntomas prostáticos que pueden aparecer en los varones el doctor señala los problemas urinarios, sobre todo los relacionados con una mayor fre

cuencia miccional, dificultad para iniciar la micción o calibre miccional reducido. Miedo y desconocimiento

La principal causa por la cual los hombres españoles mayores de 50 años no acuden al urólogo es, para el doctor López Trigo, una mezcla de factores, pero sobre todo “el miedo a padecer un problema tumoral unido al desconocimiento (pensar que las exploraciones son incómodas o cruentas)”.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología insiste en dar a conocer la importancia de las revisiones y en acabar con los tabúes que rodean a las exploraciones urológicas, ya que, según se ha demostrado, conforme la población posee un mayor nivel educacional, el porcentaje de visitas al urólogo se eleva considerablemente.

La SEGG recomienda

  • Llevar una alimentación sana con abundante ingesta de verduras, frutas y fibra en general, evitando las grasas.
  • Realizar ejercicio físico moderado.
  • No abusar de las bebidas alcohólicas y no fumar.
  • A partir de los 50 años, realizar una revisión urológica anualmente.

Sobre la SEGG

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es una de las sociedades europeas más numerosa y activa. Actualmente cuenta con más de 2.450 socios de áreas multidisciplinares: médicos (especialistas en geriatría, en atención primaria, etcétera), sociólogos, diplomados en enfermería, trabajadores sociales, psicólogos, pedagogos, terapeutas, ocupacionales, fisioterapeutas, geógrafos, arquitectos, economistas, farmacéuticos…

Para la SEGG, las personas mayores son su principal razón de ser y por ello su trabajo persigue dos líneas principales de actuación: la universalización de la atención geriátrica especializada con el fin de evitar desigualdades y el seguimiento de la ley de la “dependencia”.

http://www.deia.com/2015/09/15/sociedad/estado/solo-la-mitad-de-los-mayores-de-50-anos-se-somete-a-revisiones-urologicas#

Algunos presos eran sancionados por no estar presentes para el recuento. Siempre los mismos. Una y otra vez. Los funcionarios de prisiones tardaron en darse cuenta de que era porque no oían la llamada. Concha Yagüe, exsubdirectora general de Prisiones y coordinadora del estudio Análisis de la ancianidad en el medio penitenciario, explica con esta anécdota cómo hace unos cinco años, de un día para otro, descubrieron un problemático fenómeno que sigue en aumento y aún no se ha solucionado: cada vez hay más presos mayores y las cárceles no están preparadas. Estaba regulado el trato a reclusos jóvenes, madres, enfermos mentales… , pero nadie había previsto que los abuelos empezaran a delinquir.

En 1985 había 108 presos mayores de 60 años. En 15 años esa cifra se multiplicó por tres; en 2007 eran ya 1.335. El pasado junio había 2.173 reclusos penados (no preventivos) que habían superado esa edad en la cárcel.

Las estadísticas del Ministerio del Interior muestran que mientras la tasa general de criminalidad baja —de 50 infracciones por cada 1.000 habitantes en 2009 a 44,7 en 2014—, las detenciones e imputaciones entre mayores de 64 años aumentan —de 3.495 en 2009 a 8.142 en 2014—.

“Un alto porcentaje de los presos que pasan de los 60 años” explica Yagüe, “son primarios”, es decir, no tenían antecedentes penales, pero han terminado en prisión porque su primer delito ha sido alguno de los más graves: homicidios, agresiones sexuales, violencia de género… “Precisamente ahora, en el colegio de psicólogos de Sevilla estamos haciendo un estudio para intentar averiguar qué factores llevan a una persona que ha tenido una vida normal a terminar en prisión”.

La estadística de Interior muestra los delitos contra las personas y la libertad como la principal tipología penal entre los mayores de 64 años. En este colectivo, en 2014 se produjeron 32 detenciones e imputaciones por homicidio; 1.616 por malos tratos y 345 por delitos contra la libertad sexual. Entre los 18 y los 40 años, el tramo de edad donde más infracciones penales se producen, la tipología más frecuente son los delitos contra el patrimonio (robos, hurtos…).

Antonio Andrés Pueyo, catedrático de la Universidad de Barcelona, profesor de criminología, recuerda que todavía no hay un “estudio específico sobre este tema”, pero que tres factores influyen en el fenómeno: “la mayor esperanza de vida; la aparición de nuevos delitos (violencia de género, contra la seguridad vial , etc.) y el aumento de los problemas de adicciones” en la tercera edad.

Durante su etapa como subdirectora de Prisiones, Yagüe, ahora en el centro penitenciario de Sevilla I, vio llegar a los presos por violencia de género, muchos de ellos mayores. “Antes no se denunciaba. Se daba por sentado que la mujer que llevaba toda la vida aguantando, siguiera aguantando. Pero los hijos empezaron a ponerse del lado de sus madres, apoyando que se separaran, y algunos de esos maridos machistas no lo admitieron y reaccionaron de la peor manera”. La estancia en prisión de estos reclusos a veces se prolonga “porque esos delitos, como los abusos sexuales, provocan un gran rechazo familiar y los suyos no quieren acogerles”.

También la seguridad vial engordó la población reclusa, actualmente en 55.954 presos. “Era muy frecuente que comerciales para los que el alcohol había sido su arma de venta perdieran el carné, reincidieran y terminaran en prisión”, recuerda Yagüe. “Pero con la última reforma muchas condenas de cárcel por este tipo de delitos empezaron a sustituirse por trabajos en beneficio de la comunidad o multas”.

Gerardo Díaz Ferrán, a su llegada a la cárcel de Soto del Real.

El juez de Madrid Marcelino Sexmero explica que la mayoría de delincuentes mayores que ve son por delitos económicos: estafas, apropiación indebida… Un perfil parecido al de Gerado Díaz Ferrán, el expresidente de la patronal que ingresó en prisión con 70 años cumplidos, en 2012. Sexmero insiste, en cualquier caso, que “la edad, superados los 18 años, no se tiene en cuenta a la hora de poner una condena”.

El aumento de delincuentes mayores no es un fenómeno español. “En Japón muchos ancianos sin recursos ni familia han buscado entrar en prisión como método de subsistencia”, recuerda la exsubdirectora de Prisiones. En Reino Unido, la población reclusa mayor de 60 creció un 125% entre 2004 y 2014, hasta los 3.720 en junio del año pasado. “No son presos conflictivos, pero sí dan problemas porque tienen necesidades que atender. Los centros penitenciarios no están adaptados a sus dificultades de movilidad; los médicos de prisiones no están especializados y este colectivo tiene dolencias importantes y costosas. Sus horarios son distintos y no les interesan las mismas actividades que a los jóvenes, como los deportes”. En 2011 se pusieron en marcha programas para mayores en las cárceles, pero falta mucho por hacer, concluye Yagüe. Y la tendencia de crecimiento, como reza su estudio, “es indiscutible”.

http://politica.elpais.com/politica/2015/08/14/actualidad/1439568839_695580.html

Redes sociales