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La figura del profesional de referencia es una metodología de trabajo que se viene aplicando en los servicios gerontológicos, sobre todo en los centros donde participan en el cuidado diversos  profesionales, con el propósito de personalizar la atención y lograr una mejor coordinación entre éstos. Es una figura que aunque ya se exige en nuestro país en distintas normativas autonómicas, su conceptualización todavía es escasa y su aplicación bastante diversa….

http://acpgerontologia.blogspot.com.es/2016/03/el-profesional-de-referencia-desde-la.html

*Dtora. Teresa Martinez. Psicóloga. Dra. en Ciencias de la Salud  y experta en gerontología social. Autora de distintas publicaciones técnicas y científicas relacionadas con la gerontología aplicada  y la discapacidad. Entre sus publicaciones en relación a la Atención Centrada en la Persona cabe destacar: La atención gerontología centrada en la persona, guía para profesionales (2011);  Avanzar en atención gerontológica centrada en la persona, instrumento para la revisión participativa (2013);  Modelo  de atención centrada en la persona, cuadernos prácticos (2014),  Cuidar, cuidarse y sentirse bien: Guía para personas cuidadoras según el modelo de atención integral centrada en la persona (2015) y  Atención centrada en la persona. Sus aportaciones al cuidado de personas con Alzheimer (2015) y de la  reciente investigación sobre la Atención Centrada en la Persona en residencias y centros de día españoles. Creadora de la web www.acpgerontologia.com  para la difusión de los modelos afines a la ACP @acpgerontologia.

 

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Tras jubilarse, siguió dando clases de inglés, pero además decidió volver a las aulas como alumna y representante estudiantil; sus compañeros del campus la adoran.

A sus 68 años, Ángeles Pérez desborda vitalidad. Y también mucha humildad. Huye de los halagos, pero, cuando se ausenta un minuto de la entrevista, sus compañeros de la Universidad Sénior aprovechan para lanzarle piropos de todo tipo. «Tiene una energía asombrosa y es muy generosa con su trabajo», dice de ella Fernando Martínez Asensio, vocal de la asociación de alumnos y ex alumnos de la Sénior. Madre de dos hijos -la actriz Sonia Castelo y el arquitecto Nicolás Castelo-, Ángeles trabajó buena parte de su vida como profesora de inglés en la academia Premil y, con la llegada del retiro, no quiso echar el freno. En el Centro de Maiores de Afundación sigue enseñando la lengua de Shakespeare «de forma totalmente altruista» (esto también lo cuentan sus compañeros) y, por si eso fuera poco, asiste a clases de cuarto curso en la Universidad Sénior del campus, además de presidir el coro y la asociación de alumnos y ex alumnos de la institución acad

-¿Cómo se siente una al volver a las aulas pasados los 60 años?

-Pues, si te digo la verdad, yo no sentí nada especial, porque he estado en el ámbito de la enseñanza toda mi vida. Aunque debo reconocer que para algunos de mis compañeros sí supuso una especie de rejuvenecimiento. Nunca es tarde para aprender cosas nuevas ni para refrescar los conocimientos que ya se tienen.

-¿Ha aprendido muchas cosas nuevas en la Sénior?

-Muchísimas, ni te puedes imaginar. Algunos contenidos ya me sonaban, aunque los tenía medio olvidados, porque están relacionados con asignaturas que se han dado toda la vida, como Historia del Arte o Filosofía, pero hay otras materias que se cursan en la Sénior de las que yo nunca había oído hablar, como, por ejemplo, Medio Ambiente y Energía. Además de eso, otra de las cosas que mas valoro de la Universidad Sénior es que es un fantástico medio para sociabilizar. En el campus he hecho muchos amigos nuevos.

-¿Qué le diría a alguien que esté pensando en matricularse?

-Pues que lo haga, porque volver a sentirse con ganas de aprender y compartir tu tiempo con gente nueva es maravilloso. En la Sénior hay muchísimo compañerismo. Aunque tampoco me gusta dar consejos. No todo el mundo está obligado a volver a las aulas y hay otras muchas opciones para la gente mayor.

-Usted lleva dos años al frente de la asociación de alumnos y ex alumnos de la Sénior. ¿Qué balance hace de esta etapa?

-Estoy satisfecha, porque en este tiempo hemos conseguido que la directiva sea muy participativa, con vocalías en las que cada miembro tiene un papel importante, y además, hace un año pusimos en marcha el coro de la Universidad Sénior, que era una de las principales metas que yo me marqué cuando accedí a la presidencia. Costó echarlo a andar, por problemas de burocracia, pero no por falta de voluntarios. Las autoridades académicas nos apoyaron muchísimo y, en estos momentos, el coro cuenta ya con 37 miembros.

-¿Son voces veteranas?

-Algunos ya habían cantado en otras formaciones, pero la mayoría no tenía experiencia. Somos un coro de voces de gente mayor, pero con mucho espíritu joven. Ensayamos dos veces por semana y, gracias a nuestro director, Jesús Pareja, que es fabuloso, hemos hecho grandes progresos. Él tiene muchísima paciencia y es capaz de sacar lo mejor de cada uno de nosotros.

-¿Alguna próxima actuación en la agenda?

-Este mismo jueves (por hoy) nos marchamos a Oviedo para participar en el Primer Encuentro de Coros Universitarios Sénior de España, donde esperamos hacer un buen papel. Y durante este primer año de andadura hemos actuado en el Jofre, en Afundación… Subirse al escenario es muy emocionante.

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La población de la mayoría de los países del mundo está envejeciendo, algo que produce un aluvión de noticias sobre un crecimiento económico más lento, unamenor participación laboral, una inminente crisis de las pensiones, la explosión de los costes de los seguros médicos y la menor productividad y el peor funcionamiento cognitivo de los mayores.

Estas historias son nefastas, en parte porque la manera más aceptada de medir el envejecimiento (la tasa de dependencia que mide el número de personas dependientes en relación con el número de población en edad laboral) fue creada hace un siglo e implica que las consecuencias del envejecimiento son mucho peores de lo que en realidad son. Para colmo, la tasa se utiliza en debates políticos y económicos sobre el coste de los seguros médicos y de las pensiones, algo para lo que no había sido creada.

Cumplir 65 en 2016 no significa lo mismo que hacerlo en 1916. De ahí que en vez de basarse en la antigua tasa de dependencia para establecer el impacto del envejecimiento propongamos el uso de una serie de nuevas medidas que tienen en cuenta los cambios en la expectativa de vida, la participación laboral y el gasto en salud. Con todos estos elementos las cosas tienen mucha mejor pinta.

Nuestras herramientas para medir el envejecimiento han envejecido

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La forma más común de medir el envejecimiento es la “tasa de dependencia” que mide el la relación entre las personas mayores de 65 con aquellas que están entre 20 y 64 años. Sin embargo, desde que la tasa de dependencia se introdujera a principios del siglo XX, la mayoría de los países han visto como durante el siglo laesperanza de vida aumentaba y es algo que sigue su curso.

Por ejemplo, la esperanza de vida al nacer en Suecia en 1914 era de 58,2 años (de media para ambos sexos) y para el 2014 había llegado a los 82,2. En 1935, año en el que se aprobó la ley de seguridad social estadounidense, se esperaba que, de media, las personas de 65 años vivieran otros 12,7. En 2013 ya eran 19,5 añosmás.

Pero estos cambios no se ven reflejados en las estadísticas convencionales sobre envejecimiento, ni tampoco el hecho de que mucha gente no deja de trabajar al llegar a los 65 o de que se mantienen sanos durante más tiempo. Para hacernos una mejor idea de lo que realmente significa envejecer hoy en día, decidimos desarrollar una nueva serie de medidas que tengan en cuenta estas nuevas realidades con el fin de sustituir a la tasa de dependencia. En vez de una sola tasa, hemos creado varias para evaluar los costes de la atención médica, la participación laboral y las pensiones.

¿Quién se sigue retirando a los 65?

Una de las nuevas circunstancias es que el número de gente que sigue en activo pasados los 65 cada vez va a más. En 1994, el 26,8 % de los hombres estadounidenses entre 65-69 estaba dentro de la población activa y aumentó hasta un 36,1 % en el 2014 con predicciones que apuntan a que se llegará al 40 % para 2024. Incluso la tendencia es similar en el caso de hombres de mayor edad con un 17 % de los hombres entre 75 y 79 años que se espera sigan trabajando dentro de una década, a diferencia del 10 % en 1994.

Es obvio que estas personas mayores no captaron el mensaje de que en realidad les tocaba volverse dependientes al llegar a los 65.

Esto no es algo exclusivo de los EE. UU. En muchos países las cuotas han ido aumentando. En el Reino Unido, por ejemplo, la tasa de actividad laboral entre los hombres de 65 a 69 años era de un 24,2 % en 2014 mientras que en Israel era del 50,2 %, subiendo de un 14,8 y de un 27,4 % en el año 2000, respectivamente. Esto se debe en parte a que la gente mayor ahora cuenta con un mejor funcionamiento cognitivo que sus equivalentes nacidos una década antes.

LA POBLACIÓN DE MUCHOS PAÍSES ESTÁ ENVEJECIENDO, SIN EMBARGO LA TASA CONVENCIONAL DE DEPENDENCIA HACE QUE EL IMPACTO PAREZCA MUCHO PEOR DE LO QUE VA A SER EN REALIDAD.

De ahí que en vez de suponer que la gente solamente trabaja de los 20 a los 64 años y que se convierten en personas dependientes a los 65, hemos establecido “tasas de dependencia económica” que tienen en consideración otras consideraciones y los pronósticos de las tasas de participación laboral. Esto nos dice cuántos adultos que no están entre la población activa hay por cada adulto entre la población activa, lo que significa datos más exactos que simplemente utilizar los 65 años como punto de corte. Para ello nos basamos en pronósticos de la Organización Internacional del Trabajo.

Se prevé que la tasa de dependencia en los EE. UU. aumente en un 61 % entre 2013 y 2030. Sin embargo, cuando usamos nuestra tasa de dependencia económica, la tasa de adultos entre la población activa en comparación con aquellos que no están entre la población activa aumenta en un 3 % durante dicho periodo. Está claro que las historias catastrofísticas sobre trabajadores estadounidenses que van a tener que pagar tantas pensiones igual necesitan una reconsideración.

¿Realmente va a subir el coste de la atención médica?

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Otro dato a tener en cuenta es que, si bien los costes de la sanidad aumentarán con el envejecimiento de la población, no van a subir tanto como los pronósticos tradicionales estiman. En vez de asumir que los costes de atención médica se disparan de forma dramática cuando la gente cumple los 65, que es lo que la tasa de dependencia hace, hemos creado un indicador que tiene en consideración el hecho de que la mayor parte de los gastos por atención sanitaria de las personas mayores ocurren durante los últimos años de sus vida. Si la esperanza de vida aumenta, eso quiere decir que nuestros últimos años también llegarán más tarde.

SE PREVÉ QUE LA TASA DE DEPENDENCIA EN LOS EE. UU. AUMENTE EN UN 61 % ENTRE 2013 Y 2030

En Japón, por ejemplo, donde el coste de la asistencia sanitaria para personas mayores de 65 años y entre los 20-64 años se calculó solamente mediante la tasa de dependencia, se prevé que dichos costes aumenten un 32 % de 2013 a 2030. Si calculamos los costes de asistencia sanitaria basándonos en si las personas se encuentra en los últimos años de sus vidas, los costes solamente aumentan en un 14 %.

La edad de jubilación se retrasa

El último dato que tuvimos en cuenta para nuestros cálculos tiene que ver con las pensiones. En la mayoría de los países de la OECD la edad de jubilación completa se está retrasando y en algunos de los países, como es el caso de Suecia, Noruega e Italia, los pagos de las pensiones están directamente relacionados con la esperanza de vida.

En Alemania, la edad de pensión completa se retrasará de los 65 a los 67 para el 2019. En los EE. UU. solía estar en 65 años, ahora se encuentra en los 66 y probablemente pasará a estar pronto en los 67 años. En vez de asumir que todo el mundo recibe una pensión completa a los 65 años, que es lo que la tasa de dependencia implica, hemos calculado una tasa más realista llamada la tasa de dependencia del coste de las pensiones que incorpora la relación general entre las mejoras en la esperanza de vida y la edad de jubilación. La tasa de dependencia del coste de las pensiones muestra a qué velocidad es probable que crezca el coste de las pensiones públicas.

EN PAISES COMO SUECIA, NORUEGA E ITALIA, LOS PAGOS DE LAS PENSIONES ESTÁN DIRECTAMENTE RELACIONADOS CON LA ESPERANZA DE VIDA

En Alemania, por ejemplo, se prevé que la tasa de dependencia aumente en un 49 % de 2013 a 2030, si bien los alemanes de 65 años no tendrán derecho a la pensión completa en 2030. Nuestra tasa de dependencia del coste de las pensiones aumenta en un 26 % durante el mismo periodo de tiempo. En vez de indicar que los jóvenes alemanes van a tener que pagar un 49 % más para contribuir a las pensiones en el 2030 en comparación con lo pagado en el 2013, vemos que el aumento según nuestra tasa es solamente del 26 %.

Los 65 ya no son lo que eran

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Aparte de esta serie de medidas centradas en aspectos particulares del envejecimiento de la población, también es útil tener una medida general sobre el envejecimiento a la que llamamos la tasa de dependencia prospectiva. La gente no pasa a ser dependiente en cuanto cumple 65 años. Desde un punto de vista de la población, tiene más sentido clasificar a las personas como “mayores” cuando se encuentran en los últimos años de sus vidas.

El hecho de no ajustar qué aspectos nos hacen viejos teniendo en cuenta las características de la gente y su longevidad puede hacer que el envejecimiento parezca un proceso más rápido de lo que en realidad es. En nuestra tasa de dependencia prospectiva definimos que una persona es mayor cuando se encuentra en un grupo de edad donde la esperanza de vida restante es de 15 años o menos. A medida que la esperanza de vida es mayor, el umbral también cambia.

En el Reino Unido, por ejemplo, está previsto que la tasa de dependencia convencional aumente hasta un 33 por ciento en 2030. Sin embargo, al utilizar la tasa de dependencia que tiene en cuenta las características y la longevidad de la gente, la tasa resultante aumenta solamente un 13 por ciento.

La población de muchos países está envejeciendo, sin embargo la tasa convencional de dependencia hace que el impacto parezca mucho peor de lo que va a ser en realidad. Por suerte, nuevos indicadores que no exageran los efectos del envejecimiento están a un solo clic de distancia.

Warren Sanderson, Profesor de Económicas en la Universidad de Stony Brook ySergei Scherbov, director adjunto del Programa Mundial del IIASA (International Institute for Applied Systems Analysis)

http://magnet.xataka.com/que-pasa-cuando/estamos-midiendo-el-envejecimiento-del-siglo-xxi-con-con-las-herramientas-del-siglo-xx

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Los envejecientes necesitan, además de brindarles mejor calidad de vida, amor, paciencia y cuidados especiales.

La tercera edad o última década de la vida, donde nos aproximamos a la recta final o edad máxima en la que podemos vivir, es esa etapa donde inicia el declive de todas las facultades que fuimos desarrollando anteriormente.Los 65 años es la edad de referencia para determinar esta etapa, pero no está establecida formalmente porque es sabido que cada quien vive las etapas de manera diferente. Tanto en lo físico como en lo emocional y psicológico.

Sin embargo, la edad biológica marca indefectiblemente algunos cambios que comienzan a manifestarse en todos los órdenes: físicos, emocional, social, de conocimiento…

Todo ello hace que en algunas latitudes se pierdan las oportunidades de trabajo, se disminuyen las actividades sociales o capacidad de socializar, en fin, la vida nos cambia.

Y mientras que en Japón la vejez es un símbolo de estatus, en Estados Unidos se considera poco deseable, no obstante otorgar oportunidades de trabajo sin discriminación a personas de avanzada edad y proveerles todas las facilidades posibles para su desenvolvimiento en la sociedad.

Sin embargo, en cualquier latitud, hay profesiones que prefieren la experiencia, que viene dada con los años, y es en ese rango donde los adultos mayores llevan su gran ventaja.

En nuestro país los adultos mayores gozan de pocos privilegios y facilidades para su desenvolvimiento.

Gracias al trabajo esmerado de los especialistas que abordan el tema geriátrico con mayor tacto, prudencia y respeto, profesionales de la salud que tratan la parte física, la psicológica o emocional, el término anciano por denostar se ha ido relegando para referirnos a este segmento de la población, y en su lugar se opta por el de adultos mayores.

Para ahondar sobre el particular hemos abordado al doctor en Geriatría, Dagoberto Güílamo, quien comparte con los lectores de elCaribe algunos aspectos que pueden servirnos de guía a la hora de tratar a nuestros adultos mayores.

¿A partir de qué edad una persona se considera adulto mayor?
Cronológicamente, a partir de los 65 años de edad, que es la edad de jubilación en la mayoría de los países. No obstante, ya en los Estados Unidos aparecen publicaciones donde incluyen a personas desde los 55 años, probablemente obedeciendo a un enfoque comercial.

¿Cuáles son las características que identifican un adulto mayor?
Su edad, lógicamente, en primer lugar, y desde el punto de vista médico la presencia de múltiples problemas de salud, que lo llevan a consumir muchos fármacos. (Esto desde el punto de vista Médico). Hay adultos mayores que gozan de muy buena salud. Pero la presencia de enfermedades y medicamentos no determina su calidad de vida ni su funcionalidad personal, familiar ni social. Hoy en día cualquier adulto de 80 años o más anda manejando y llevando una vida activa.

¿Cómo lograr que un adulto mayor se pueda mantener activo lo más posible, en lo físico y mental?
Manteniéndose dentro del contexto socio familiar y laboral el mayor tiempo posible. Esto no quiere decir que no puede optar por el Retiro o Jubilación, sino, que debe buscar alternativas ocupacionales que lo mantengan activo.

¿Qué manejo debe dársele a un adulto mayor para que no se sienta marginado?
Lo primero es preguntarnos, nosotros, los cuidadores o familiares más jóvenes, cómo nos gustaría ser tratados en la vejez. Todos queremos ser parte del contexto en el cual vivimos toda nuestra existencia. No queremos que nos segreguen; pues no los segregue. Permítales participar en las decisiones familiares y personales. Asígneles roles que vayan acorde con su capacidad y condición. Si el adulto mayor es autónomo e independiente, busque la forma que esa condición se prolongue en el tiempo. No lo trate como si fuera un niño.
Otra cosa es cuando ya el Adulto Mayor tiene una condición mental que genera incapacidad y dependencia total. Hacerlo parte de la familia, tratarlo como un miembro más con todos los derechos y deberes.

¿Qué políticas desarrolla nuestro país a favor de los adultos mayores?
Existe una Ley, la 352-98 de Protección a la Vejez, que establece una serie de prerrogativas a favor del adulto mayor, siendo el CONAPE, (Consejo Nacional de la Población Envejeciente) el encargado de hacer cumplir lo estatuído en la Ley.
La inclusión por Ley en el Sistema Dominicano de la Seguridad Social, sin que puedan excluirlos por edad o condición física. La nueva Ley de Pensiones que favorecerá a todos los que vayan entrando en el nuevo régimen, antes no existía nada.

El desarrollo de Estancias Diurnas o Centros de Día en todo el territorio Nacional, a cargo del CONAPE y antes del MINSAP, en la persona del doctor Koury (que ahora pasó a depender del CONAPE).

Otros programas asistenciales que ejecuta el CONAPE, como vacunaciones, medicamentos, etc. allá puedes conseguir más información.

¿Existe personal capacitado para el manejo de los adultos mayores?
Hace años que venimos preparando cuidadores, enfermeras, médicos especializados en geriatría, psicólogos y psiquiatras, gerontólogos, todos con formación en Adultos Mayores. Lógico, avanzamos, pero distamos mucho aún de suplir todas las necesidades.

¿Cuándo recomienda remitirlos a un asilo? ¿O debe procurarse mantenerlos siempre en el hogar?
El hogar siempre será el lugar ideal. Los Centros Geriátricos (como se denomina actualmente), quedan relegados para personas con una alta carga de requerimiento asistencial, ya sea por problemas físicos o mentales como el Alzheimer, y que su atención desborda la capacidad familiar para atenderlos.
Afortunadamente cada día son más y mejores los Centros Geriátricos, incluidos los casi 20 que tiene el Estado dominicano, donde los cuidados son cada vez mejores.

¿Considera que un adulto mayor puede realizarse como profesional?
En nuestro medio, después de 35 años edad, es muy difícil, pues tenemos una gran proporción de jóvenes que todavía busca empleo. La edad media de nuestra población es de 25 a 28 años, lo cual no favorece que un adulto mayor se inserte en el mercado laboral. Estamos hablando de mayores de 65 años. Sí pueden, lanzarse en oficios independientes.

¿Qué medidas deben ser adoptadas por una familia que tenga un adulto mayor?
Preparar el ambiente a la situación de salud del adulto mayor, de modo que le facilite la independencia y autonomía.

¿Algún tipo de alimentación?
No hay alimentación ni dieta para los adultos mayores. Siempre debe ser balanceada. Son las distintas enfermedades las que generan una modificación en los hábitos dietéticos. Por ejemplo: si eres intolerante a la lactosa, se te cambiará o suspenderá el consumo de leche y derivados.

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Conviene pensar en el panorama social que nos rodeará en pocos años más al formar parte del creciente ejercicio de adultos mayores, además del círculo familiar y unos cuantos amigos que van quedando. La invisibilización de los ancianos se consolida paulatinamente en un “delito del silencio” con la complicidad de algunas estrellas de micrófono que cuentan con muchas canas y varias décadas de experiencia.
¿Qué escenario te espera cuando llegues a la vejez? Sabemos que las enfermedades nos aguardan. Esperan con paciencia, pero con certeza. Con 60 y “piquitos” se advierten cambios en la digestión, vista, agilidad física, audición, articulaciones y en muchos otros procesos biológicos que sostienen la vida del ser humano. Conviene pensar en el panorama social que nos rodeará en pocos años más al formar parte del creciente ejército de “adultos mayores”, además del círculo familiar y unos cuantos amigos que van quedando. ¿Te parece? ¿O tienes miedo a los escenarios del futuro? Esta invitación nace de la observación y experiencias directas al visitar centros médicos privados y públicos, diálogos con médicos clínicos y especialistas, lecturas sobre la materia y navegación en el mundo de las torrenciales noticias de Internet, casi exclusivo de los jóvenes. En Ecuador, más de un millón de personas con más de 65 años estamos fuera del mercado consumista, apenas distinguidos por algunos periódicos que exhiben suplementos comerciales en fechas especiales para vender algunos productos de consumo exclusivo, que incluyen servicios funerarios. De estos, el 57% corresponde a pobres y alrededor de 40 mil personas, con muchas canas, viven en soledad absoluta. Desde mi atalaya de comunicador profesional considero que el grupo de población de “canas doradas” es (somos) invisible en la prensa, radio y televisión del Ecuador. Sus espacios y tiempo están cerrados en buena medida para este importante grupo poblacional, con excepción de algún hecho escandaloso. La excepción notable es diario EL TELÉGRAFO, que con Palabra Mayor publica cada sábado dos páginas completas al examen de las complejas y múltiples facetas que rodean a la senectud, inclusive con el aporte  de profesionales de otras naciones. La creciente ola globalizadora nos ubica entre la sociedad líquida de Zygmunt Bauman; incorpora entre la que dificulta el derecho de relacionarse físicamente con los demás (alterado sustancialmente con las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación NTIC); impide fortalecer la confianza, los abrazos físicos y los vínculos que permanecen en el tiempo, es decir alejados de las “realidades virtuales” de la modernidad. En resumen, con la profunda internacionalización de negocios, finanzas, flujos de comercio, inversiones y todo lo que compone la economía de la exigente competitividad e innovación se produce el olvido de los ancianos. Con ellos se consolida paulatinamente un “delito de silencio”, con la complicidad de algunos periodistas, incluyendo a estrellas del micrófono que cuentan con muchas canas y varias décadas de experiencia. El pasado año, con 78 años a cuestas, graficó bien la situación el Pontífice Francisco en una de sus visitas a un grupo de población que consta entre sus preferidos, los viejos. En Ostia (Italia), pidió al achacoso auditorio: “Recen por mí, pues estoy un poco viejo y enfermo…, pero no demasiado”. Y provocó risas. El carismático líder religioso incluye entre los “descartados” del consumismo no solo a los pobres del planeta sino, además, a los ancianos. En su visita a Ecuador, durante la misa en el Parque Samanes (Guayaquil) en julio pasado, puntualizó: “…cuántos ancianos se sienten negados en sus familias, sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos”. La prensa comercial dedicó grandes espacios para “cubrir” la visita del alto dignatario religioso, líder de por lo menos 1.400 millones de fieles católicos. Y la televisión y radios se vieron obligados también a reflejar el suceso noticioso, pero sin olvidar las prácticas comerciales. Al contrario, proliferaron pasada la novedad, los derechos humanos y cristianos volvieron al olvido. En el espectáculo de masas el condumio de sus intervenciones, principalmente lo relacionado con los aspectos esenciales de su Encíclica Laudato Si’ : “…íntima relación entre los pobres y la vida del planeta, crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura… y propuesta de un nuevo estilo de vida” fueron puestos de lado por quienes hacen la política informativa mercantil, relacionando convenientemente la presencia papal con temas de política interna. El discrimen que sufren las personas de canas doradas (perdón por el torpe eufemismo) en la estructura mediática del Ecuador se refleja con frecuencia en las familias, en el andamiaje social y en todas las actividades que se realizan. Así, se consuman exitosamente las prácticas selectivas que adoptan cotidianamente la variada institucionalidad en muchos países, negando al grupo etario sus “derechos” como seres humanos. En este camino se conforman las sociedades descartables con personas desechables, inútiles para el imparable consumo que propugnan las ideologías capitalistas que practican el liberalismo salvaje. Estas inconsistencias se producen en contravía a los afanes de organismos internacionales, como las Naciones Unidas, para consolidar un marco jurídico internacional favorable para las personas de edad. En junio de 2015, la asamblea General de la entidad planetaria aprobó la Convención Interamericana sobre Protección de DD.HH. de Personas Mayores en la que recomienda la necesidad de abordar los asuntos de la vejez y el envejecimiento desde una perspectiva de Derechos Humanos  que reconoce las valiosas contribuciones actuales y potenciales de la persona mayor al bienestar común, a la identidad cultural, a la diversidad de comunidades, al desarrollo humano, social y económico… De todas formas, persiste la preocupación si se sabe que el tema no es reciente. En 1968, Simone de Beauvoir en su obra La Vejez cita las declaraciones del doctor Leach, antropólogo de Cambridge: “En un mundo en mutación, en que las máquinas tienen una carrera muy corta, los hombres no deben servir demasiado tiempo. Todo lo que excede 55 años debe ser arrumbado”. Y pocos años atrás, un Ministro de Finanzas en Japón señaló que para mejorar los aspectos financieros del país los viejos deberían morir. Felizmente corren otras aguas en América Latina al amparo de visiones humanísticas diferentes. Las profundas dimensiones sociales de las políticas que hasta hace poco se siguieron en Argentina, Bolivia y Brasil, por errores de gestión gubernamental no bien informada y consecuentemente nada comprendida, chocan abiertamente con las imposiciones que nacen en, desde y únicamente para el mercado. Es lo que se ve en la actualidad. (O) Diseñar nuevos programas que se ajusten a las realidades presentes En los pasillos de la institucionalidad médica del IESS he encontrado a distinguidos profesionales de la economía, abogados, ingenieros comerciales y más que concurren acuciosa y puntualmente a las citas médicas. La mayor parte pensionistas. En mi caso, observo con rigurosidad las recomendaciones de galenos para mantener la salud. De las conversaciones surgen iniciativas y propuestas que maduran seguramente en las esperas para recibir la atención de los médicos y también para retirar las recetas. Observaciones van, críticas al sistema vienen, pero se concuerda en la necesidad de diseñar programas de medicina preventiva más para los jóvenes y adultos de hoy que para nosotros mismos. El tema original estaría en que estos proyectos y sugerencias nacen de las vivencias ya cotidianas de nosotros, como pacientes y no de la institucionalidad formal de la medicina, pública y privada. Se considera que hay un abismo en la comprensión debida de la sintomatología de cada paciente en cada enfermedad y lo que el médico percibe. La creación de un mejor “puente” de comunicación entre doliente y médico (incorporando a la familia de aquel), resultaría útil para los correspondientes tratamientos en cada caso. Encontré casos especiales en estos amigos y compañeros de trayectoria. Diagnósticos que llevan a pensar en las llamadas enfermedades terminales, preocupación por las dificultades para conseguir citas, demora en los tratamientos, algunos problemas de familia que se agravan por las magras jubilaciones, y con frecuencia la incomprensión de familiares íntimos alrededor de personas que sufren de trastornos severos que se diagnostican como recurrentes. Todos estos se incluyen en el más de millón de personas mayores que se distribuyen en la variopinta geografía nacional y al cual el IESS y Sistema Nacional de Salud Pública destinan por mayores porcentajes de recursos, tiempo y recetarios. La medicina curativa no es suficiente para atender la cada vez mayor cantidad de gente, de todas las edades, que concurre en busca de alivio para sus dolencias. Es preciso, como señaló la ex-ministra de Salud, Carina Vance, poco antes de su renuncia, que el Ecuador avance hacia un sistema de salud preventiva. En todas estas disquisiciones y análisis están ausentes los medios de comunicación y opinadores profesionales. Y todas estas y otras ideas nacen en las a veces tediosas esperas que son necesarias en la Seguridad Social para cumplir un objetivo de vida. Sirven también para constatar, más allá de encuestas sesgadas, la necesidad de proveer servicios de salud a la totalidad del pueblo ecuatoriano, al igual que educación en todos los niveles. Me formo la idea de que la suma de saberes que han moldeado las inteligencias de todas estas personas durante décadas y más, y la predisposición que tienen para encausarlas como aporte personal al beneficio común y de la Patria,  será igual o superior a un think tank (tanque de pensamiento) norteamericano. Parte del desafío es cómo preservarlo y cómo aprovecharlo para el bien común. Por lo pronto, mi contribución como paciente y comunicador es el diseño de un Programa de Comunicación para Adultos Mayores, con enfoque en la medicina preventiva, pero siempre desde la sensibilidad (sin lloriqueos ni politización) del paciente y el concurso de sus familias. Un geriatra del Hospital Carlos Andrade Marín me explicaba que por cada paciente “terminal” la afectación total se refleja en siete personas, comenzando por las personas responsables directamente de los cuidados al enfermo. Así el problema no queda solo en el doliente sino que impacta en su familia cercana y aún más lejana. Los efectos económicos. Familiares y psicológicos son devastadores. La idea primigenia se orienta a una publicación de formato y diseño idóneos para la población-objetivo, en la que los propios pacientes expresen sus vivencias personales sobre prevención de sus enfermedades; las familias sus problemas específicos en la finalidad de introducir más responsabilidad en el propio paciente y sus familias; y una mayor y mejor interrelación entre médico-paciente-institución-familias. Y en forma progresiva, mediante diálogos por los Medios de Comunicación Pública que se integren al Programa, una mayor sensibilidad y atención a problemas del adulto mayor. Es mi forma personal de enfrentar los efectos pequeños, medianos y grandes que causan los síntomas paulatinos de los años en el cuerpo pero no en el alma; al contrario, sirven para vigorizar el espíritu y utilizar la profesión y las experiencias logradas –buenas y de las otras–, poniéndolas al servicio de la comunidad. Estoy seguro de que puedo lograrlo y mejor si  es acompañado de otros profesionales  con igual o mayor entusiasmo. Esto va en línea de esa maravilla de ser humano que fue Stéphane Hessel, franco-alemán que, entre sus ejemplares obras, en  2010 publicó Indignaos como proclama de su posición frente a las variadas injusticias del mundo que se agota en el consumo: “Las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo demasiado complejo […] para verlo, debemos observar bien, buscar […] La peor actitud es la indiferencia”. Todo esto para no recurrir a las fuertes anticipaciones que la prospectiva señala para después de pocos, muy pocos años. Un organismo serio, The American Council for The United Natios University al hablar sobre el Estado del Futuro destaca entre los problemas éticos con alta calificación por su importancia, para 2025, las discusiones sobre “…el derecho al suicidio y a la eutanasia”. Sobre todos estos temas publicaré en todos mis espacios de comunicador profesional. La idea es superar el periodismo inútil que considero se practica, con frecuencia, en varios medios de comunicación social del país.  (O) «Lo importante no son los años que vivas, sino lo que hayas hecho con ellos» En la vejez, la actitud tiene mucho que ver en la realidad de la persona, más allá de las décadas vividas. El carácter de combate con la mirada puesta en objetivos superiores, dentro de cada profesión y actividad, permite añadir vida a los años, sin importar cuántos sean. Es como dijo Ian Fleming, el británico creador del personaje de James Bond: “Lo importante no son los años que vivas, sino lo que hayas hecho con ellos”. No se trata de competir con “la tuitera más atrevida” del planeta, Baddie Winkle, de Estados Unidos, que con 88 años acumuló alrededor de 300 mil seguidores en todo el mundo. Fue célebre por sus atrevidas fotos y provocativos textos. Podemos ser más cercanos a la bloguera con más años del mundo, Amelia López (España) que con 95 años y por influencia de su nieto se convirtió no en la estúpida celebridad que busca sus “15 minutos de fama” sino en una persona capaz de emitir comentarios lúcidos a partir de sus vivencias, formación y capacidad de recordar los mejores pasajes de su existencia. Pero son las excepciones. Aunque experimentamos más trabajo para entrar en las inmensidades del mundo digital, reservado en mayor grado para los cada vez más jóvenes en edad, por los vertiginosos avances de la tecnología y también por la incompatibilidad de la desgastada fisiología humana con las vertiginosas exigencias de los cambios en los dispositivos para la comunicación virtual, los adultos mayores debemos saber que existe el fenómeno de la “neuroplasticidad”, por el cual las neuronas –células cerebrales–  tiene capacidad de regenerarse. Con la explosión de las NTIC, el país registra aproximadamente cinco millones de internautas con las mayores cifras para adolescentes, jóvenes y adultos, que en conjunto bordean los cuatro millones. Las personas mayores en edad apenas llegan a la treintena de miles. Pero no se puede perder la guerra antes de combatir en las batallas que se presenten. Hay datos realmente positivos. Antes, la misma ciencia consideraba que las neuronas del cerebro eran incapaces de modificarse positivamente, degenerando progresivamente hasta llegar a las casi inevitables enfermedades mentales. ¡No es así! La ciencia ha demostrado lo contrario, todos con prácticas debidas y alimentación adecuada podemos ser tan y más lúcidos como el mejor. Pero con ejercicio apropiado para cada persona.  Así, los viejos tenemos un factor positivo: experiencia acumulada, vivencias y también historias plenas de vitalidad que han dejado huella en las redes neuronales; tenemos paciencia y recursos para otear el horizonte y descubrir posibilidades y vericuetos que son invisibles a los jóvenes. Esta es nuestra enorme  “Ventaja Competitiva”, así, escrita con mayúsculas. La condición sine qua non es que a la mente hay que cultivarla con educación permanente, como lo aplican los japoneses en el mundo empresarial desde los años sesenta: Kaizen, es decir “mejoramiento continuo”. Como tú y todos los seres humanos debo dedicar horas para atender los problemas de salud, entre los de la rutinaria existencia (¿no tenemos todos que envejecer, enfermar y morir?) Y en el marco jurídico-administrativo vigente, debo entender la realidad socio-económica del país para demandar la atención pertinente a la institucionalidad responsable, el IESS. Mi trayectoria como periodista/comunicador de temas económicos me posibilita analizar los enormes esfuerzos del IESS para responder con eficacia (saber lo que hay que hacer) y eficiencia (hacerlo muy bien) con la creciente población/cliente de sus importantes servicios. El análisis objetivo desde la necesaria dimensión ética debe tomar en cuenta la situación económica nacional que enfrenta el Gobierno de la Revolución Ciudadana para llevar a la práctica, como nunca nadie antes, su visión del Buen Vivir centrada en múltiples políticas sociales. Como ciudadano, decidí ser parte de la solución y no parte de un problema social que aumentará progresivamente, independientemente de la situación económica del país. Las características de nuestra sociedad y de nosotros, como individuos (malos e indisciplinados pacientes); la condición económica de personas y familias para procurar un mejor “estilo de vida” que privilegie los cuidados de todo orden para reducir los riesgos de costosas enfermedades, y la necesidad de materializar en la práctica el “Buen Vivir” generalizado, me conduce a sugerir proyectos que pueden ser de utilidad para quienes navegamos en las torrentosas aguas de la vida. Pienso que en los distintos gremios de profesionales existe un elevado número de especialistas que habiéndose acogido a la jubilación mantienen su facultades intactas y deben/pueden contribuir al progreso del Ecuador y al bienestar de la sociedad. Además, continuarían siendo parte de los “activos intelectuales” de la Patria, más que antes, solo que cargados de experiencias adquiridas en el cumplimiento –con éxitos y equivocaciones– de sus tareas. Médicos, economistas, abogados, sociólogos, ingenieros, etc., aún pueden ofrecer su concurso intelectual, más valiosos en la coyuntura económica-política nacional. (O)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/palabra-mayor/17/y-tu-como-piensas-llegar-a-la-vejez
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No es extraño encontrarnos con situaciones en las que se presenta la vejez como una etapa en la que predominan la tristeza, la melancolía, y la sensación de vacío. Sin embargo, es importante conocer que estas emociones no son naturales en el envejecimiento y que la estabilidad de estados emocionales negativos puede ser signo de depresión.

La depresión es una condición médica tratable. No es normal en el anciano, de hecho, se recomienda ante estos signos que se acuda rápidamente a un especialista. La depresión es el trastorno afectivo más frecuente en personas mayores de 60 años, principalmente en mujeres. Se manifiesta como tristeza, llanto fácil, aislamiento, falta de concentración, trastornos del sueño, cambios en el estado de ánimo, y lo más grave:  pensamientos suicidas.

Teresa no quiere comer doctor, pasa horas llorando y luego puedes verla riendo, es muy raro porque siempre se queja, dice que se siente triste y que no sabe de donde sale esa tristeza,  nada para ella tiene sentido, siempre anda diciendo que quisiera dormir y no despertar jamás” .

De esta forma refieren los familiares que acuden por ayuda, la conducta de un adulto mayor que está atravesando por un proceso depresivo. Te invito a que continúes leyendo, es útil conocer qué es la depresión y como enfrentarla cuando se presenta.

¿CÓMO SABER SI ES DEPRESIÓN?

depresión en el adulto mayor

Si eres un adulto mayor o estás cercano a uno de ellos,  presta atención a estos síntomas, pues son los que caracterizan a la depresión.

  • Los sentimientos de desesperanza y / o pesimismo.
  • Los sentimientos de culpa, inutilidad y / o impotencia.
  • Irritabilidad, inquietud.
  • Pérdida de interés en actividades o pasatiempos que antes eran placenteras.
  • Fatiga y disminución de la energía.
  • Dificultad para concentrarse, recordar detalles o tomar decisiones.
  • Insomnio, vigilia de madrugada, o exceso de sueño.
  • Comer en exceso o pérdida del apetito.
  • Pensamientos suicidas, intentos de suicidio.
  • Dolores persistentes de cabeza, calambres o problemas digestivos que no mejoran, incluso con tratamiento.

 DEPRESIÓN EN EL ADULTO MAYOR.

En la vejez hay mayor riesgo de padecer esta enfermedad. Se sabe que el 80% de los adultos mayores tienen al menos una enfermedad crónica, y el 50% dos o más. La depresión se hace más común en personas que tienen una enfermedad crónica o algún otro tipo de limitación. También se reporta que muchos especialistas no le dan importancia a estos estados emocionales porque piensan que son parte del ciclo vital. Los adultos mayores a menudo comparten esta creencia y piensan que es normal sentirse tristes y presentar este cuadro clínico.

Durante el envejecimiento resulta de especial relevancia considerar la depresión como un factor de riesgo de demencia. Un tema en el que profundizaremos en otro artículo, pero que ya queda mencionado: es impensable hablar de depresión en los adultos mayores sin mencionar su vínculo con la demencia, en especial con la causa más común de demencia, la enfermedad de Alzheimer.

TRATAMIENTO: QUÉ DICE LA CIENCIA.

Lo que tú puedes hacer para enfrentar la depresión

Existen varias formas para tratar la depresión según se gravedad: las medidas generales, la medicación antidepresiva, la medicación ansiolítica e hipnótica, el uso de antipsicóticos, y la psicoterapia. De forma general se considera que hay que priorizar los cambios conductuales y sociales en el manejo de la depresión antes que acudir a la medicación. Ahora te explicamos con detalle las principales líneas de tratamiento:

Medidas generales: se debe tener en cuenta el lugar donde vive la persona, con quién se relaciona, quién lo apoya en su cuidado, quiénes forman parte de su red de apoyo social. Se toma en consideración también el nivel de autonomía del paciente, los recursos económicos con los que cuenta para cumplir con el tratamiento. También deben declararse las enfermedades que acompañan esta patología como te explicáramos anteriormente. Si las ideaciones suicidas son recurrentes, se debe pensar en la hospitalización del paciente para el tratamiento adecuado.

La medicación antidepresiva: se utilizan los antidepresivos en todas sus variantes, pero dada las particularidades de la edad se recomiendan dosis menores y con muchas precauciones. Por supuesto, con previa recomendación del especialista.

La medicación ansiolítica e hipnótica: Ansiedad y depresión habitualmente van de la mano, de ahí que un tratamiento farmacológico para la depresión habitualmente incluya ansiolíticos.

Uso de antipsicóticos: En los adultos mayores el uso de antipsicóticos se ha vinculado a mayor deterioro de funciones como la memoria, de ahí que haya que tener especial cuidado con su uso. Sin embargo, hay casos en que son necesarios, por ejemplo, cuando la depresión se presenta con síntomas psicóticos.

Psicoterapia: Las herramientas psicoterapéuticas deben ser consideradas en el manejo de duelos, aceptación de los cambios de roles que esta etapa trae consigo y el manejo de la desesperanza como elemento perpetuador de los cuadros depresivos del anciano. La consideración del sistema en que el paciente se desenvuelve, habitualmente la familia, debe siempre tenerse en cuenta como marco de explicación de las alteraciones afectivas, pero también como instrumento para tener una influencia terapéutica sobre el mayor.

La depresión es una enfermedad que precisa de cuidado si queremos garantizar al anciano calidad de vida, salud mental y física.  La buena noticia es que ocurre menos de lo que pensamos, de hecho, entre los mayores de 65 años no institucionalizados la prevalencia de depresión es menor que entre otros grupos de edad.

Depresión en el adulto mayor: es una enfermedad, no un estado natural.

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Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar felicidad, un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. Incluso es materia de estudio en la prestigiosa Universidad de Harvard.

Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.

Aceptar la vida tal y como es te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas

TAL BEN-SHAHAR, PROFESOR DE HARVARD

Con su superventas Being Happy y sus clases magistrales, los principios extraídos de los estudios de Tal Ben Shahar han dado la vuelta al mundo bajo el lema de “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.

Aunque por su clase de Psicología del Liderazgo (Psychology on Leadership) han pasado más de 1.400 alumnos, aún así cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Alguna vez se tiene suficiente felicidad? «Es precisamente la expectativa de ser perfectamente felices lo que nos hace serlo menos”, explica.

Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:

1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad. Ya en el año 1992, Mauger y sus colaboradores estudiaron los efectos del perdón, encontrando que los bajos niveles de este hacia uno mismo se relacionaban con la presencia de trastornos como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. «Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista».

3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave comocaminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer, según detalla el entrenador de easyrunningy experto corredor Luis Javier González.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.

5. Aprenda a meditar. Este sencillo hábito combate el estrés. Miriam Subirana, doctora por la Universidad de Barcelona, escritora y profesora de meditación ymindfulness, asegura que “a largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxito, sí le aportará un grato momento de paz.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o ‘lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos’, un término descubierto y definido por el psicólogo Julian Rotter a mediados del siglo XX y muy investigado en torno al carácter de las personas: los pacientes depresivos atribuyen los fracasos a sí mismos, y el éxito, a situaciones externas a su persona; mientras que la gente positiva tiende a colgarse las medallas, y los problemas, “casi mejor que se los quede otro”. Sin embargo, así perdemos la percepción del fracaso como ‘oportunidad’, que tiene mucho que ver con la resiliencia, un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, y que viene prestado originariamente de la Física y de la Ingeniería, con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. «En las personas, la resiliencia trata de expresar la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones potencialmente traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos”, afirma el médico psiquiatra Roberto Pereira, director de laEscuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar.

http://elpais.com/elpais/2015/06/16/buenavida/1434480172_001091.html?id_externo_rsoc=TW_CM

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Los españoles vivimos de media hasta los 82 años. Pero, si queremos vivir más, es posible que la clave esté en la comida.“La restricción calórica es el elemento que, a día de hoy, consigue incrementar la supervivencia en un porcentaje significativo en el mayor número de especies”, comenta el dr. Vicente Mera, jefe de medicina interna y antienvejecimiento de SHA Wellness Clinic.

De hecho, existe una serie de enfermedades crónicas que ganan probabilidades a medida que pasa el tiempo. “Las cardiovasculares, cánceres como el de pulmón, próstata o mama, o degenerativas son algunas de ellas. Sabemos que podemos reducir las probabilidades de padecerlas”, comenta Jorge Planas, director médico de la clínica Planas. Es exactamente de lo que tratan las terapias antiedad y una de sus vías fundamentales es la nutrición.

En ella encajan los resultados que arroja una estudio con monos de la Universidad de Wisconsin que comenzó hace 27 años. “Analizamos la restricción calórica porque tiene un efecto robusto en el envejecimiento y en la incidencia de las enfermedades relacionadas con la edad”, comenta Rozalyn Anderson, una de sus autoras. Asimismo los investigadores de la Facultad de Medici na Monte Sinaí de Nueva York han descubierto que los monos ardilla sometidos a este método tienen menos probabilidades de desarrollar cambios parecidos al Alzheimer.

Parece que los beneficios de este sistema están relacionados con la metabolización de la energía. “Afecta a cómo se utiliza. Básicamente, la restricción calórica reprograma el metabolismo”, argumenta Anderson. Otro de los procesos que se desencadena en la secreción de una enzima básica para la producción de un aliado antiedad: el resveratrol. “Cuando se sigue una dieta hipocalórica se activa el gen de la sirtuina que estimula esta sustancia”.

La enzima de la juventud

La longitud de los telómeros determina la esperanza de vida de las personas
La longitud de los telómeros determina la esperanza de vida de las personas (Dimitri Otis – Getty)

A comienzos de año, la Universidad de Duke publicaba un estudio que demostraba un hecho: algunos humanos envejecen más rápido que otros. Basta fijar la mirada en la pantalla o en el propio entorno. Los 58 años de Sharon Stone no son iguales que los 53 de Carmen Machi. Los investigadores midieron la edad biológica de un grupo de 1000 participantes durante 12 años, comenzando a los 26. El resultado fue que a los 38, algunos tenían una organismo de 28 y otros de 60.

Cuanto más cortos sean lso telómeros, menor será la esperanza de vida”

VICENTE MERA

Jefe de medicina interna y antienvejecimiento de SHA Wellness Clinic

La responsabilidad de estas diferencias la tienen, en gran parte, los telómeros (extremos de los cromosomas). En concreto su longitud. “Hay una relación directa entre ellos y esperanza de vida. Cuanto más cortos sean, menor será”, asegura el dr. Mara.

Es posible actuar sobre ellos de forma natural a través de los hábitos saludables”

La telomerasa, es la enzima responsable de mantener la juventud de la célula. “El 50% de la producción de esta enzima depende de la genética, pero el otro 50% depende del estilo de vida”, continúa el doctor que indica que es posible actuar sobre ellos de forma natural a través de los hábitos saludables. “Si se miden los telómeros de las mismas personas a través del tiempo, los que han tomado la vía sana los tienen mucho más largos”, desvela.

Vivir más depende de la grasa

Lo recomendable es mantener la masa corporal en un índice en torno al 20 y 25
Lo recomendable es mantener la masa corporal en un índice en torno al 20 y 25 (STEVE GSCHMEISSNER/SPL – Getty)

Y en este punto entra de nuevo la restricción calórica, que se trabaja a partir del nivel de masa corporal que habría que mantener en torno a un índice entre 20 y 25. “Una persona que se sitúe entre los 25 y 30 reduce al 50% su esperanza de vida. Por ejemplo, si tiene 50 años y, según la estadística, le quedan 30 por vivir, el sobrepeso los disminuirá en 10 o 15”, añade el experto en medicina antiedad.

Se trata de reducir las calorías consumidas en occidente en un 25-30%. “Si una mujer ingiere unas 2000 calorías, habría que reducirlas a 1750 aproximadamente, porque también entra en juego el ejercicio que desarrolle la persona. Y siempre suplementarlas con las vitaminas necesarias”, añade el especialista.

Incluso los pacientes de 65 años pueden prolongar la vida en una década “

VICENTE MERA

Jefe de medicina interna y antienvejecimiento de SHA Wellness Clinic

La buena noticia es que este método funciona incluso en edades adultas. “Incluso los pacientes de 65 años pueden prolongar la vida en una década manteniendo sus niveles óptimos”, indica el dr. Mera respecto a la media.

Además de trabajar el menú, la disminución del tejido adiposo ha comenzado a tratarse con frío. “Este factor aumenta la supervivencia a través del peso”, dice el médico. Contamos con dos tipos de grasa: la amarilla que no se quema y la parda que sí. “Hay experimentos que demuestran que mantener una temperatura de 18º consiguen efectos positivos en esta transformación”, apunta.

Fuera de carta

Los expertos recomiendan restringir la ingesta de huevos a dos por semana
Los expertos recomiendan restringir la ingesta de huevos a dos por semana (Yuji Kotani – Getty)

Pero, ¿cuál es la dieta saludable que ayuda a vivir más?

Lógicamente productos sin procesar, naturales y de preferencia ecológicos. Sin embargo, existen algunos alimentos arraigados en nuestra cultura culinaria que mejor restringir en cuestiones de longevidad. Uno de ellos son los huevos. “Sobre todo su yema. Tiene mucha energía y sustancias positivas pero con mucha moderación. Su justa medida seríandos huevos como máximo a la semana. Más allá pueden generar problemas”, indica el doctor que también alude al queso, sobre todo el curado, como otro producto que debería estar restringido.

Mirada al futuro

Un grupo de científicos ha identificado unas proteínas que se acumulan en las células que envejecen y dejan de funcionar
Un grupo de científicos ha identificado unas proteínas que se acumulan en las células que envejecen y dejan de funcionar (Thomas Barwick – Getty)

Otras vertientes en las que trabaja la medicina antiedad es limpiar el organismo de lo que ya no sirve. En concreto el sistema celular. En esta línea, los investigadores de la clínica Mayo en Minnesota han identificado una serie de proteínas que se acumulan en las células senescentes (aquellas que envejecen y dejan de funcionar) y que pueden dar lugar a supervivencia si se eliminan. Sin embargo, todavía se trata en un tratamiento en pruebas en laboratorio.

http://www.lavanguardia.com/vivo/salud/20160321/40597944902/como-retrasar-el-envejecimiento.html

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Si hacerse viejo no es algo divertido, ¿por qué en las encuestas sobre bienestar sale que las personas mayores son más felices que los jóvenes? Las últimas investigaciones acerca de la felicidad, preguntándole a la gente sobre sus vidas en su totalidad, sus trabajos, familia, actividades sociales y otros aspectos, han empezado a mostrar algunos patrones interesantes.

Los nuevos datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística británica (ONS) muestran que la gente mayor tiene a ser más feliz que los jóvenes. Pero si nos fijamos en los datos de la ONS más detenidamente, podemos observar patrones aún más interesantes.

Entre los 20 y los 40/50 años, la gente obtiene una puntuación inferior en los baremos para medir la felicidad en su conjunto. Sin embargo, una vez pasado el ecuador, se invierte la tendencia y la felicidad media va en aumento hasta que vuelve a descender una vez pasados los 70.

Este patrón de edad en el Reino Unido es similar a los obtenidos en otros países que gozan de un nivel de renta elevado, si bien en otras regiones la curva no se manifiesta de la misma manera. En los países ricos es visible en evaluaciones generales sobre el nivel de satisfacción en la vida y (en aumento durante la mediana edad) mediante informes sobre preocupaciones recientes o estrés.

También existe dentro de algunos ámbitos de la vida concretos: el nivel de satisfacción y la presión en el trabajo, son, respectivamente, los niveles más bajos y más altos durante el ecuador de nuestra vida. Esta curva en forma de U es muy parecida en hombres y en mujeres, aunque el diagrama muestra que las mujeres tienden a tener más preocupaciones que los hombres.

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Proporción de encuestados que contestó que habían experimentado un nivel alto de preocupación durante el día anterior, basado en datos de la encuesta de Gallup-Healthways Wellbeing Steptoe, Deaton and Stone, The Lancet

Las encuestas de este tipo nos dan resultados medios a partir de diferentes personas, por lo que no podemos generalizar y pensar que es algo común a todo el mundo. Los estudios longitudinales sobre la felicidad a lo largo de toda la vida todavía no se han podido llevar a cabo y las investigaciones no han podido determinar que una variable, la edad, tenga una relación causal con la otra, la felicidad.

Parece probable que la edad contribuya de alguna manera en los sentimientos positivos o negativos, pero el número de años desde el nacimiento no puede ser una influencia directa. De ahí que tengamos que buscar otros factores, posiblemente causales, que puedan cambiar con la edad.

Felicidad y el entorno

Es obvio que la felicidad se ve muy influenciada por factores externos y son muchos los estudios que han identificado varios factores que pueden contribuir a la relación entre felicidad y edad. Cuando los adultos llegan a la mediana edad, muchas veces se hacen con un trabajo extra y las responsabilidades familiares pueden verse afectadas por la inseguridad laboral y la incertidumbre sobre el futuro, así como el cuidado de los niños y los compromisos con los familiares mayores. Los conflictos entre los papeles asignados pueden llegar a ser demasiado y los ingresos pueden ser cada vez más ajustados para cubrir todas las necesidades.

Los estudios han encontrado que la gente necesita tener cierta influencia en lo que les ocurre y en lo que hacen para evitar la angustia. Son infelices cuando solo son una marioneta a manos de otras personas y de otras circunstancias mientras quieren tener la posibilidad de tomar las riendas para reducir la presión y mejorar su forma de disfrutar la vida. Pero la capacidad de poder influenciar tu entorno se puede ver afectada a la mitad de la vida por conflictos de intereses con otras personas y por los papeles que tenemos asignados cada uno. Puedes sentirte atrapado en tu situación.

LAS INVESTIGACIONES NO HAN PODIDO DETERMINAR QUE UNA VARIABLE, LA EDAD, TENGA UNA RELACIÓN CAUSAL CON LA OTRA, LA FELICIDAD.

Esto es lo que, junto con otros aspectos del entorno de una persona, puede abatir la felicidad durante la edad mediana. Entonces ¿qué es lo que la mejora después? En parte se debe a que la gente pasa a otras etapas de la vida donde la necesidad de tiempo y de dinero, la incertidumbre y otros aspectos negativos empiezan a ser menos. Cuando los niños ya han crecido, el trabajo y otras actividades se estabilizan y las personas que requieren de nuestros cuidados han fallecido, la felicidad media de las personas aumenta.

Influencias personales en la felicidad

FILTROS QUE PUEDEN AFECTAR A LA FELICIDAD
1 La comparación de la situación frente a la de otras personas
2 La comparación de la situación frente a lo que se esperaba
3 La comparación de la situación frente a lo que podría haber sido
4 Evaluar la tendencia hasta el momento
5 Predecir cómo puede evolucionar la situación
6 Evaluar la eficacia personal antes y después de esta situación
7 Reconocer lo novedoso o lo familiar de la situación
8 Valorar el atractivo del rol en el que estamos
9 Valorar el atractivo de nuestro entorno
10 Valorar el atractivo de nuestras tareas diarias

Fuente: Peter Warr: Happiness, and Unhappiness, 2007

Sin embargo los sentimientos no se ven solo influenciados por lo que te pase a ti:también dependen de tu manera de interpretar el mundo. La gente responde de forma diferente a muchos aspectos de su entorno, en parte debido a filtros mentales como los representados a continuación.

En relación a la frase número tres de la tabla, las comparaciones «hacia arriba» (en contra de alternativas que se suponen son mejores que tu situación) alimentan la infelicidad. Si bien es cierto que a veces pensar cómo las cosas podrían ser peor (haciendo comparaciones «hacia abajo») puede llevar a pensamientos más positivos.

Las comparaciones mentales normalmente incluyen otras personas, como en el ejemplo número uno de la tabla. Durante la veintena las comparaciones con otras personas «hacia arriba» son normales: compararse con el vecino o con los cuerpos de los famosos. Sin embargo, a mayor edad una menor necesidad de esfuerzo lleva a más comparaciones «hacia abajo». A medida que la gente pasa a la edad mediana, empiezan a mirar hacia atrás y a hacer comparaciones «hacia abajo» que pueden mejorar su felicidad.

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Los procesos de adaptación mental son particularmente importantes para entender por qué la felicidad incrementa en los años posteriores. Estudios biológicos y psicológicos han demostrado cómo las respuestas a un estímulo son menores tras varias repeticiones. Esto significa que las condiciones desfavorables pasan a ser vistas con mayor optimismo con el paso del tiempo.

Para aquellos estímulos que son nuevos, la cognición (lo que piensas) y el afecto (cómo te sientes) tienden a estar estrechamente relacionados. Pero tras un periodo de adaptación pueden volver a separarse: puede que estés al tanto de lo que ocurre, pero tus sentimientos pasan a neutralizarse.

A medida que ciertas características y eventos en tu vida pasan a ser cada vez más familiares, tienden a generar emociones menos intensas, lo que puede que contribuya a un aumento gradual de la felicidad con los años. La combinación de estos tipos de factores, los cambios en lo que la vida nos trae y los cambios en la forma de interpretar dichos eventos, pueden darnos una explicación sobre el patrón en forma de U sobre la felicidad en relación con la edad.

The Conversation Peter Warr, Universidad de Sheffield
Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

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«Para envejecer bien no es importante lo que comes o el ejercicio que haces, sino lo que piensas». Esta es una de las enseñanzas que intenta transmitir en sus charlas el investigador en gerontología Francisco Javier González, que durante los días 23 y 25 de febrero dará sendas conferencias con el título Rediseñar el envejecimiento. El fin de los mitos de la vejez. Las charlas serán en el Aula Permanente de Formación Abierta (Antigua Escuela de Enfermería) y en la sede de Ofecum, en la calle Pavaneras 4).

-¿Envejecer es bueno para la salud?

-Aunque suene a contradicción, todos queremos cumplir muchos años con salud, especialmente si la alternativa es morir prematuramente. A partir de ahí, veo que todas las personas que queremos llegar a centenarios con salud hacemos prevención, nos interesamos más por la alimentación saludable, recordamos que el sedentarismo nos acorta la vida en siete años, tenemos una actitud optimista y en general cuidamos mucho más nuestra salud. En definitiva el proceso de envejecer, si lo enfocamos así, mejora nuestra salud.

-¿Hay un secreto para la longevidad?

-Sí, pero ya no es un secreto. Es un conjunto de medidas sobre nuestros hábitos. Lo curioso es que, contrariamente a lo que muchos piensan, son cambios que debemos hacer mayormente en nuestras actitudes y convicciones (un 75%) y tan solo un 25% en los hábitos de alimentación y ejercicio, según afirma la gerontología. Por tanto lo más importante no es tanto lo que comes o lo que te mueves, que también, sino sobre todo lo que piensas y lo que crees.

-¿Por qué la mujer vive más que el hombre?

-La mujer en España vive de promedio 84 años, es decir 5 más que el hombre y más o menos esa misma diferencia se da en todo el mundo, incluso en los lugares de longevidad extraordinaria como son Okinawa en Japón, Nicoya en Costa Rica y las islas mediterráneas Cerdeña e Ikaria. Parece que la mujer gestiona mejor su proceso de envejecimiento, evita ciertos excesos e imprudencias, hace más prevención personal de su salud, es más sociable y dedica más tiempo a ser útil a los demás incluso a edades avanzadas. Todos estos son factores que alargan la vida. Tampoco hay que desdeñar dos realidades físicas, el corazón de la mujer es más fuerte y su sangre se renueva con frecuencia. Esta diferencia está generalizada hasta el punto de que el 85% de las personas centenarias son mujeres.

-¿Hay unas comidas que aceleran el envejecimiento y otras que no?

-Ciertamente, pero para ser exactos hay que aclarar que en los supermercados el setenta por ciento de los alimentos que se venden parecen comida, pero no lo son. Son comestibles pero no son nutritivos, llenan el estómago pero no aportan nutrientes, aunque sí aportan toxinas y tres de los principales enemigos de nuestro cuerpo: azúcares, harinas y grasas saturadas. Esa pseudo comida acelera el envejecimiento.

-¿Cuáles son los enemigos de la vejez?

-Hay varios, como el estrés, la excesiva medicalización, el sedentarismo, la soledad, el sentirse inútil o innecesario, pero yo destacaría, como principal enemigo, la creencia generalizada de que vejez y enfermedad son sinónimos.

-Dicen que cada día habrá más viejos y que llegará el día en que la sociedad esté totalmente envejecida.

-El hecho de que en el último siglo se haya duplicado la expectativa de vida de un promedio de 40 años a los actuales 80 no es un fracaso, antes bien, es un triunfo de la civilización. Solo tenemos que quitarle a la palabra «envejecida» la connotación peyorativa y eso no es difícil si observamos que los principales logros humanos los vienen consiguiendo personas con un promedio de 60 años, Pau Casals estaba en plena actividad creadora a los 96, Picasso a los 91, Rubinstein a los 90, Victor Hugo y Goethe a los 83, Kant y Verdi a los 80 y la lista continúa. Igualmente, la lista de Premios Nobel son personas de más de 60 años en su gran mayoría. La sabiduría acumulada y la experiencia de los mayores es lo que hace mover al mundo.

-¿Hay algunas normas o pautas para mantener el cerebro saludable?

-Con toda claridad, mantenerlo activo. El cerebro mejora, se desarrolla y aumenta sus capacidades con la edad. La pérdida global de la memoria, por ejemplo, no es mucho mayor que a otras edades y la inteligencia no solo no disminuye, sino que puede aumentar. El auténtico objetivo es la intemporalidad para evitar la tiranía del DNI. Por cierto, el bailar en pareja disminuye en un 76% el riesgo de padecer demencia.

http://www.granadahoy.com/article/granada/2225667/la/edad/la/marca/cerebro/no/los/anos.html

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