Home Noticias gerontológicas ¿PODRÁ CONTROLARSE EL ENVEJECIMIENTO?

El 15 de septiembre del año 2000 el biólogo Steven Austand y el demógrafo S. Jay Olshansky hicieron una apuesta que ha cobrado cierta fama entre los científicos. Cada uno de ellos apostó 150 dólares, que depositaron en un fondo de inversiones, acerca de si en el año 2150 seguiría viva alguna persona que hubiera nacido ese año en el que estaban. Austand creía que sí, y de hecho todo había surgido a raíz de un artículo en el que afirmaba que la primera persona que viviría 150 años probablemente había nacido ya. Olshansky, en cambio, pensaba que el límite de la longevidad humana estaba en los 130 años. Ellos no esperaban que el ganador pudiera cobrar su recompensa, pero sus herederos sí podrán hacerlo, y se calcula que para entonces el valor de la inversión de la cantidad inicial sea de varios millones de dólares.

La publicación hace unos meses en la revista ‘Nature’ de un estudio demográfico que situaba el límite de la longevidad humana en torno a los 115 años parecería darle la razón a Olshansky y minar por tanto las esperanzas de los herederos de Austand. Sin embargo, no conviene sacar conclusiones precipitadas de ese estudio, como hizo buena parte de la prensa durante los días siguientes a su publicación. Los autores del mismo, los genetistas Xiao Dong, Brandon Milholland y Jan Vijg, no afirman en ningún momento que ese límite sea absolutamente infranqueable (de hecho, ya ha sido superado en algunos casos), sino que sugieren que es el límite natural que cabe establecer dado el estado actual de la biotecnología. En un pasaje al final del artículo reconocen que ese límite podría ser traspasado en el futuro, aunque ello requeriría intervenciones radicales que serían muy difíciles de realizar con éxito dada la «miríada de variantes genéticas que determinan conjuntamente la duración de vida específica de una especie». En el mismo número de ‘Nature’ en el que se publica el citado estudio, Olshansky escribe un comentario, y subraya precisamente que el punto crucial es dilucidar en qué medida nuevos avances tecnocientíficos podrán conseguir extender más aún la duración de la vida humana. Él mantiene su pesimismo. Considera que si bien no hay límites impuestos por un programa genético que determine directamente el envejecimiento y la duración de la vida, sí que hay límites a esa duración debidos a otros programas genéticos que marcan la estrategia vital de nuestra especie (programas de desarrollo embrionario, crecimiento, maduración sexual, etc.). La dificultad principal para conseguir una extensión radical de la vida humana estaría en la necesidad de modificar algunos de estos programas. Austand, por su parte, también se ha reafirmado en su posición inicial. Está convencido de que esas dificultades podrán ser vencidas por la investigación futura y que ya se están realizando progresos significativos en ese camino.

Pero las noticias se suceden con sorprendente rapidez en este campo, que no en vano se ha convertido en uno de los más atención han despertado en los últimos años, ahora que la posibilidad de controlar el envejecimiento comienza a asentarse en bases científicas. A mediados del pasado diciembre, el equipo dirigido por Juan Carlos Izpisúa, investigador en el Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk de Estudios Biológicos de California, publicó en la revista ‘Cell’ un artículo en el que se detalla cómo consiguieron rejuvenecer las células de la piel de unos ratones que padecían de envejecimiento prematuro (progeria). Lo hicieron mediante modificaciones epigenéticas que alteraron la expresión de cuatro genes. La reversión del envejecimiento mediante este procedimiento ya se había conseguido en células cultivadas en laboratorio. El equipo de Izpisúa lo logró en animales vivos y manteniendo además la identidad de las células, esto es, sin revertirlas al estado de células embrionarias.

No hay por el momento una explicación acabada de por qué envejecemos, aunque la tapa de esta caja negra parece empezar a ceder. España cuenta con excelentes investigadores en este ámbito, como Carlos López-Otín y María Blasco, por lo que se encuentra bien situada para contribuir a estos avances. Resulta cada vez más evidente que las causas del envejecimiento son diversas y complejas. Pero si éste obedece a mecanismos biológicos contingentes y flexibles, por variados que sean, su control es posible en principio, y con él, la prolongación sustancial de la vida. Así lo creen, desde luego, los de Google cuando han financiado la creación en 2013, con el posterior apoyo del MIT y de la Universidad de Harvard, de la empresa Calico, dedicada a la investigación acerca del envejecimiento y de las enfermedades asociadas, con el objetivo explícito de conseguir la prolongación de la vida. Hay un enorme potencial de negocio si los éxitos previstos se confirman. Quizás no todos estemos dispuestos a llegar al extremo de desear la inmortalidad, caso de que fuera posible, pero pocos rechazarían un buen puñado más de años de vida disfrutados con salud.

Son enormes los problemas sociales, políticos, económicos y filosóficos que suscitaría una extensión radical de la vida. ¿Quiénes tendrán acceso a estas tecnologías? ¿Qué repercusiones tendría sobre el mercado laboral, el sistema de pensiones, la creatividad cultural, la superpoblación del planeta, el agotamiento de sus recursos? ¿Cómo cambiarían las relaciones familiares y de pareja? ¿Desearíamos mantener la misma profesión, los mismos hobbies, los mismos objetivos vitales o los mismos amigos todo el tiempo, durante dos centenares de años o más? Y si no lo hacemos, ¿cómo se resentiría la identidad personal a través de cambios tan profundos? Nada sabemos con seguridad de todo esto, pero no debe extrañar que haya quienes, tanto en la filosofía como en la ciencia, se hayan puesto ya a pensar sobre ello. Será sin duda un tema de importante discusión en las próximas décadas.

http://www.diariosur.es/opinion/201701/14/podra-controlarse-envejecimiento-20170114002333-v.html

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