Home Noticias gerontológicas Charles Aznavour: “Prefiero reírme a añorar la juventud perdida

El cantante en activo más veterano del mundo amplía su récord con cada concierto que da, como el de este martes en Madrid.

Defiende su permanencia en los escenarios a los 92 años: “De los mayores es de quienes más se aprende”.

Le saca dos años a Tony Bennett, que ya tenía números 1 antes de la llegada del rock ‘n’ roll, y otros tantos a Chuck Berry, que fue el que más o menos lo inventó. Charles Aznavour (1924) es el cantante en activo más longevo del mundo y, a sus 92 años, cada concierto que da supone un nuevo récord. El próximo hito será en Madrid este martes, dos años años después de su última visita y en el mismo escenario, el ahora llamado Wizink Center.

El autor de La Bohème y Venecia sin ti es un hombre enjuto y jovial que tampoco le da demasiada importancia a nada. Empezando por su longevidad. “No lloro por mi juventud perdida”, afirma encogiéndose de hombros. “Prefiero reírme a añorar la juventud”.

Por eso tampoco quiere ponerse una fecha de retirada. “No tengo un límite, así que ya veremos. Todo es posible. Si no puedo andar, me subo en un carrito de esos para movilidad reducida. Si no me acuerdo de la letra, me siento con una mesa y un cuaderno. No voy a ser el primero en ponerlo en práctica: Vinícius de Moraes lo hacía, y muy bien, además”.

Tampoco quiere hablar de secretos ni de fórmulas para la longevidad. “Siempre estoy de buen humor. Acepto la vida tal y como sucede. Y vivo el día a día con facilidad, sin plantearme nada con el futuro. No me quejo de la edad que tengo y me entiendo bien con todas las generaciones”, formula como si fuesen proverbios aprendidos de sus ancestros armenios.

Lo de convocar a públicos de diferentes edades es algo que lleva con especial orgullo.”Debería gustarle a todos los artistas y estos deberían ser capaces de lograrlo. Es un error monumental enfocarse sólo a un público de la misma edad que uno. De los ancianos es de quienes más se aprende. Por eso los jóvenes tienen que estar ahí: hay que aprender a dejar cosas de lado, pero no todo”. Y también presume de pertenecer a una cultura que respeta a la gente mayor: “En Europa hay una línea que separa a los países que dejan de lado a los ancianos de los otros que los integran, los respetan y las jóvenes generaciones cuidan de ellos”.

Cuando se le preguntan por los males del mundo, responde rápido. “Me inquieta la falta de humanidad que veo en la gente“, dice desplomando las cejas. “No tiene ningún sentido que todos estemos en el mismo planeta y la gente se mate por historias de dioses que, en el fondo, son el mismo. Antes la gente se peleaba por un trozo de tierra y ahora… por cualquier cosa”. Él, francés de origen armenio con conexiones turcas, georgianas y rusas, lo tiene claro: “El problema es que se ignora a las otras culturas, aunque siempre se ha aprendido tantísimo de las culturas diferentes. Hay que felicitarse por estos contactos, no ignorarlos”.

Él, que ha escrito sobre el genocidio armenio, el Holocausto y hasta los accidentes de tráfico -“también he escrito sobre muchas tonterías”, puntualiza-, ¿podría mezclar los dos grandes temas de la Historia de la música, el romance y lo social? “No tengo el talento para ello. No se debe mezclar la política con el amor“, responde. Pero hay cosas que suceden, como el ascenso del Frente Nacional en Francia o la crisis de los refugiados, que le invitan a escribir. “Podrían inspirarme una canción. Sería una manera de poner el foco sobre algo importante para que no se olvide eso que es importante. Yo escribo sobre todos los temas y no tengo tabús”, asiente. Aunque, claro, lo prioritario en su repertorio es el amor, aunque él no esté del todo de acuerdo: “Yo creo que sólo un 12% de mis canciones son de amor-amor. Aunque en un porcentaje elevadísimo de ellas el amor esté de algún u otro modo”.

“Hay autores de canciones”, explica, “que van siempre por el camino trillado. Ellos no son los que hacen que las cosas avancen. Y me da igual que se trate de rock o clásica. Porque sólo hay dos tipos de música: la buena y la mala”.

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