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Tanto el “entrenamiento mental” como la práctica física contribuyen a prevenir enfermedades mentales y la pérdida de la memoria en personas mayores de 60 años.

 El cerebro realiza varias funciones como la de procesar información, de las cuales, muchas quedan grabadas en la memoria. Sin embargo, esta capacidad de recordar puede verse afectada durante la etapa del envejecimiento o por alguna enfermedad como el Alzheimer.

Aunque hay personas que no les gusta ir a consulta deben de saber que el cerebro se puede estimular a cualquier edad para desarrollar el pensamiento cognitivo, la memoria y la creatividad.

Para la psicóloga Aby Morel la estimulación cognitiva permite incrementar las capacidades mentales de una persona mayor de 60 años. Además, mejora sus niveles de plasticidad neuronal, incrementa sus funciones cerebrales, su potencial cognitivo, incluso, previene enfermedades mentales.

Así como el ejercicio físico tiene su función, la estimulación cognitiva puede prevenir la pérdida de la memoria que ocurre, mayormente en la edad avanzada, comenta Morel.

Actualmente, hay datos que sugieren que las personas mayores pueden preservar su agudeza mental ejercitando el cerebro.

Hoy en día, la etapa del envejecimiento y su relación con la pérdida de memoria, han sido casos ampliamente estudiados a través de los años, lo que ha permitido buscar estrategias y métodos para mejorar la calidad de vida de los adultos, por lo que especialistas en Psicología y Psiquiatría coinciden en que la memoria es “entrenable”, al igual que cualquier otro órgano.

“Es necesario destacar que a través de la estimulación se logra entrenar distintas funciones del cerebro como: atención, memoria, percepción, retención de información, así como codificación y almacenamiento de la misma”, explica Morel.

Además, señala que algunos de las prácticas que se pueden realizar en la tercera edad para impulsar las habilidades cognitivas son: leer, tratar de memorizar refranes o décimas, hacer ejercicios de cálculo mental, ordenar frases, identificar palabras en sopa de letras, jugar ajedrez o dominó, clasificar objetos según su función, identificar mapas geográficos, dibujar, compartir con la familia, completar rompecabezas, así como realizar aeróbicos, saltar, caminar en grupo, entre otros. En sentido general, estas actividades ayudan a mejorar la calidad de vida en personas más adultas, puntualiza la psicóloga.

Ejercicios físicos
El médico geriatra, Dagoberto Güílamo, explica que los adultos mayores es el grupo de la población de más rápido crecimiento a nivel mundial. Esto impacta seriamente el gasto en salud de las nacionesdesarrolladas o en vías de desarrollo.

La esperanza de vida en el país es de 72 años para la mujer y 68 años para el hombre. La edad adulta representa el 6.9 por ciento de la población total, es decir, 690,000 personas mayores de 65 años. Para el año 2020 se incrementará a un millón de personas.

“Las causas de muerte más frecuentes en este grupo poblacional, son los surgidos por enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, cáncer y neumonía, seguidas de cerca por las caídas”, indica Güílamo.

Asimismo, expresa que sin importar los años, siempre se debe realizar actividades físicas. “El objetivo es reducir la pérdida de masa ósea (hueso) y músculo que se produce a partir de los 25 a 30 años de edad. Esto conlleva a debilidad muscular y la consecuente inestabilidad para caminar y mayor propensión a caídas y fracturas de cadera”.

A partir de los 60 años es recomendable hacer ejercicios aeróbicos, que van a mejorar la funcionalidad del aparato cardiovascular (corazón y circulación, también el cerebro), resalta el especialista.

Güílamo recomienda que todos los mayores de 50 años deben incluir ejercicios de resistencia en su vida cotidiana. Una buena forma de comenzar con una rutina de resistencia, es usar la propia masa corporal como peso para los ejercicios; por ejemplo ponerse en cuclillas, levantamiento de caderas, ‘tai-chi’, yoga o pilates. l

Ejercitación
Los especialistas recomiendan que para que el adulto mayor pueda preservar su agudeza mental debe ejercitar su cerebro ya sea leyendo y/o participando en juegos de mesa como ajedrez y dominó.

Pasos que debe tomar en cuenta cuando se ejercite

El geriatra Dagoberto Güílamo aconseja que antes de iniciar cualquier rutina de ejercicios es importante que el paciente se comunique con su médico de cabecera, quien luego de una valoración exhaustiva le recomendará el tipo de deporte y la magnitud de los mismos, acorde con su estado de salud.

Entre los beneficios físicos que aporta la destreza física, Güílamo menciona: mejoría en el equilibrio y la marcha, mejor salud para el corazón y el cerebro. Los que se ejercitan duran cuatro años más que aquellos que no lo hacen, y mentalmente les brinda seguridad, libertad para desplazarse, sentido de autonomía e independencia, mejora su integración social y familiar.

Además, señala que la nutrición es vital, sobre todo, el aporte de proteínas para ayudar a aumentar la masa muscular (lo cual solo se logra si al mismo tiempo de tomar proteínas se realizan ejercicios de resistencia).

“No tomar rutinariamente medicamentos innecesarios: multivitaminas, proteínas, hierro, calcio. Estos aportan beneficios solo cuando su médico detecta una deficiencia en el sistema inmunológico”, dice Güílamo.

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El lugar en el que vas a vivir cuando seas mayor es un aspecto que tienes que considerar cuando pienses en tu retiro.

Si eres joven, seguramente esta pregunta te suena muy lejana, y sientes que ese momento nunca va a llegar. Seguro es más importante estudiar, trabajar, casarse o salir con amigos. Por el contrario, si eres mayor, esta pregunta seguramente te hace más sentido y te pone a pensar porque ese momento está cada vez más cerca. Para ambos, es hora de tomar conciencia.

Ese instante va a llegar tarde o temprano para uno y para otro, y ambos casos confluyen en algo: Todos tienen una expectativa en el mayor de los casos mucho más elevada que la que va a ser su realidad si se preparan a tiempo.

Esto lo demostró una encuesta realizada por Inmuebles24.com, la cual encontró que 72% de las personas encuestadas desea comprar una casa especial para su etapa de retiro, ya sea para habitarla de manera permanente o sólo como una casa de descanso para ciertos días del año.

«Esto significa que la vivienda actual no es donde quieren pasar su vida una vez retirados», explica Roberto Esses, director ejecutivo de Inmuebles24.com.

Sin embargo, no todos ahorran para lograrlo. Sólo 53% de los que dijeron querer tener una casa para retirarse están realmente ahorrando de manera específica a este cambio de vivienda dentro de unos años.

A esto se suma que, por desgracia, que los que están juntando no es seguro que lo logren, porque no se sabe si esta cantidad que están guardando realmente les va a alcanzar o no o en la realidad va a ser destinada al final para este objetivo.

Al pensar bien la respuesta a la pregunta de dónde se va a vivir en la etapa del retiro, seguramente a todos nos viene a la mente una casa de campo, luminosa, con espacios amplios y con vistas a un jardín y a una alberca.

Sin embargo, un dato para entender que una cosa es desear y otra lo que sucede en la realidad: De los encuestados por Inmuebles24.com, sólo 39% aseguró que el hogar donde vive pertenece a un adulto mayor (o sea, son pocos los que hoy tienen una propiedad).

«Lo anterior se debe al gran error que muchos mexicanos suelen cometer: Gastar ahora y sólo pensar en la satisfacción a corto plazo, mientras se deja de lado las necesidades que tendrán a largo plazo», señala este estudio.

El tema no es menor porque más allá de que se piense en una casa de descanso o de retiro para vivir fuera de la ciudad de esta manera tan soñada, es necesario que las personas tengan un lugar seguro en el cual vivir cuando llegue la vejez, debido a que trabajar a esta edad cada vez se hace más difícil.

«Las personas deben pensar en la importancia de contar con un techo propio que los albergue cuando sean adultos mayores, sobre todo porque en esta etapa de la vida resulta difícil trabajar para pagar una renta o una hipoteca», asegura el especialista.

Tener este lugar te dará tranquilidad y estabilidad patrimonial para que puedas disfrutar de estos últimos años sin preocupaciones.

 AHORRAR YA

Es necesario, se tenga la edad que se tenga, empezar a pensar en cuando llegue esta etapa. Si bien para los jóvenes suena muy lejano, al menos si no para una casa, es recomendable que empiecen a destinar una parte de sus ingresos para el retiro. Ellos son los que se encuentran más desprotegidos para cuando llegue este momento debido a que sólo tendrán lo que estén ahorrando en su Afore -en el caso de que lo estén haciendo- para cuando sean viejos. Y ese apenas 6.5%, por desgracia no les va a alcanzar. Quien decida quedarse sólo con eso, estará recibiendo cerca de 30% de su último sueldo.

Es importante que las personas tomen conciencia de la importancia de la vejez porque la pirámide poblacional mexicana está orientándose en ese sentido. Se espera que la población de adultos mayores aumente más de 20% para 2050, de acuerdo con un estudio del Consejo Nacional de Población (Conapo).

Además, el promedio de vida de los mexicanos -si bien es muy bajo en comparación con el promedio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico- está en aumento. Para 2014, ellas vivían en promedio 77.5 años mientras que ellos lo hacían 72.1.

 PARA LOS QUE SÍ PLANEAN

Para aquellos que están ahorrando para esta etapa y que piensan en una casa de retiro como una buena opción para gastar su pensión, es importante que comiencen a planear.

Primero, la mayoría de instituciones bancarias no otorgan créditos a más allá de los 65 años o al menos el trámite se vuelve más complicado, por lo cual es muy recomendable, si es que se requerirá de uno, empezar a tramitarlo con tiempo.

Piensa en el rango de precio que es accesible para ti. La recomendación es que entre el pago inicial, los costos para cerrar la transacción y el amueblar represente 33% de la compra, recomienda el sitio de asesoría financiera Money Crashers.

Ésta es la proporción, pero quizá porque llevas ahorrando para esta propiedad prácticamente una gran parte de tu vida, puedas desembolsar una cantidad grande de una sola vez.

Ya más entrados en detalles. ¿Dónde te gustaría comprar? La mayoría optará por vivir en su ciudad de origen (59%) pero hay otros que quieren salir de su estado (36%). Hay zonas como Chapala o San Miguel de Allende las cuales se han convertido en lugares en los que se concentra una gran comunidad de adultos mayores en retiro, por ejemplo.

 LEJOS O AHÍ MISMO DONDE VIVES

Antes de emocionarte y empezar a buscar una casa de retiro lejos de tu lugar de origen, ¿Estás dispuesto a dejar de ver a tu familia tan seguido? Si lo estás, entonces comienza a buscar. Contempla que tu familia seguramente irá a visitarte. Si tienes nietos, entonces busca una propiedad que tenga jardín o que tenga espacios para que ellos se desarrollen.

Esta casa va a tener que ser o de una planta o con facilidades como un elevador si es que tiene varias. Cuando seas mayor no vas a tener la misma movilidad y seguramente se te dificultará el ingreso.

«No es lo mismo comprar una casa cuando se es joven que cuando se va a retirar, las necesidades son muy distintas», apunta el especialista. Rampas, elevadores, barandales y que la propiedad esté cerca de clínicas y consultorios médicos son necesidades que tendrás cuando llegue esta etapa, pero en las cuales necesitas comenzar a pensar desde ahora.

Analiza cuáles son los servicios y lugares que te gustaría y que vas a necesitar usar, tales como supermercados, cines, plazas comerciales y restaurantes y escoge una ubicación cercana a éstos. El clima también es una condición muy importante, sobre todo cuando se llega a edades avanzadas. Por ejemplo, para una persona artrítica un clima muy húmedo le será dañino debido a que esto favorece que se le entuman las articulaciones, así que estás personas deberán alejarse de lugares lluviosos. Por supuesto, esto depende de tu historial médico, pero es necesario contemplar estos aspectos desde el momento de la compra.

Como en todas las decisiones financieras, una de las recomendaciones más importantes es la de comparar entre varias opciones y analizar todas estas variables.

No sólo hay que anticiparte en el caso de que quieras comprar, sino también si piensas quedarte donde estás viviendo ahora. Es necesario que empieces a considerar que seguramente tendrás que hacerle adecuaciones para cuando seas mayor, pues estas adaptaciones tengan un gasto significativo. Según este ejercicio 37% ha tenido que desembolsar entre 20 mil y 50 mil pesos para realizar estos cambios.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1307429.ya-penso-en-su-retiro.html

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Pérdida de sueño, falta de energía y libido lenta. Estos se encuentran entre los problemas de salud que a menudo consideramos un hecho a medida que envejecemos. Pero una nueva investigación demuestra que no siempre tienen que ser una parte importante del proceso de envejecimiento.

“Las personas a menudo culpan al envejecimiento por lo que les sucede, cuando en realidad se debe, digamos, a un problema médico subyacente que se puede tratar, o a un efecto secundario debido a un medicamento que estén tomando”, dice Sharon Brangman, M.D. jefe de la división de geriatría en Upstate Medical University en Syracuse, New York y expresidenta de la Sociedad Estadounidense de Geriatría.

Y tu actitud podría tener un impacto. Los estudios sugieren que los adultos mayores que piensan que ciertos problemas de salud son inevitables, sufren más, incluso de mala memoria y de una recuperación más larga de una enfermedad. Tal vez sea porque están menos interesados en tener una conducta saludable que pueda protegerlos de enfermedades.

Muchos médicos también hacen suposiciones anticuadas acerca de los pacientes mayores, las que pueden afectar negativamente su atención médica. “La mayoría de los médicos se graduaron de la escuela de medicina cuando no se hacía énfasis en la geriatría”, dice Brangman, “así que es posible que no sepan cómo responder mejor a una situación y en cambio, simplemente elijan darle otra pastilla al paciente”.

Ponemos en evidencia 5 mitos comunes acerca de los problemas de salud que podrían afectarte a medida que envejeces, y te damos los pasos a seguir para evitarlos o superarlos.

Mito: dormirás mal

Realidad: Los patrones de sueño cambian a medida que envejecemos. “Toma más tiempo conciliar el sueño y uno tiende a despertarse más frecuentemente que las personas más jóvenes”, dice Raj Dasgupta, M.D., un especialista en sueño en University of Southern California en Los Angeles. También logras menos sueño de ondas Delta o de sueño profundo.Esa etapa de sueño te ayuda a consolidar la memoria. Y sin suficiente sueño te sientes más cansado, irritable y olvidadizo durante el día.

Pero muchos problemas de sueño comunes entre las personas mayores se derivan de otras causas, en especial de medicamentos que se usan para tratar afecciones de salud no relacionadas. Por ejemplo, los diuréticos que se toman para reducir la presión arterial alta o para tratar la insuficiencia cardíaca pueden causar que te despiertes con más frecuencia para ir al baño durante la noche.

Lo que debes hacer: Primero, pregúntate si te sientes molesto por el cambio en tu patrón de sueño. “Si no está afectando tu calidad de vida, no es un problema que deba resolverse”, dice Dasgupta.

Si no estás contento con ello, pregúntale a tu médico si alguno de los medicamentos que tomas (consulta la sección “Ten cuidado con lo siguiente”, más adelante) o un problema de salud subyacente podrían estar afectando tu sueño. Si se descartan esas posibilidades, considera la terapia conductual cognitiva.

Esta terapia es mejor que el medicamento para los problemas de sueño, según ha descubierto la investigación. Un psicólogo puede ayudarte a practicar buenos hábitos de sueño, como por ejemplo, levantarte y acostarte a la misma hora todos los días. Ese tipo de consejería de corto plazo a menudo requiere varias sesiones de una hora. “Al principio puede ser difícil seguir con este hábito”, indica Dasgupta, “pero si lo haces, en realidad podrás ver los beneficios”.

Ten cuidado con lo siguiente: Píldoras para dormir. A casi un tercio de los adultos mayores les recetan este tipo de medicamentos, pero estos ayudan a que las personas se mantengan dormidas solamente unos cuantos minutos más por noche, según sugiere la investigación de Consumer Reports Best Buy Drugs.

Y estos medicamentos pueden plantear riesgos como aturdimiento al día siguiente, confusión y problemas de memoria, especialmente en adultos mayores, que son más sensibles que las personas más jóvenes a los efectos secundarios que estos medicamentos provocan.

Mito: te pondrás débil y estarás propenso a caídas

Realidad: Aproximadamente un tercio de las personas mayores de 65 años de edad se caen cada año, según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades. Eso se debe en parte a una reducción natural en el flujo sanguíneo hacia el cerebelo (el centro de equilibrio del cerebro), así como cambios en la visión y en el oído interno, que hacen que sea más difícil orientarse, dice Mary Tinetti, M.D., jefe de geriatría en Yale School of Medicine en New Haven. Ese deterioro se ve exacerbado muchas veces por afecciones como la artritis y deficiencias nutricionales que pueden provocar daño a los nervios de los pies.

Lo que debes hacer: Verifica tu equilibrio y fuerza. “Les insisto a todos mis pacientes que incluso a los 75 años de edad deberían poder levantarse de la silla sin usar los brazos, caminar por la habitación, voltear rápidamente y sentarse sin perder el equilibrio”, dice Tinetti.

Si no lo puedes hacer, consulta con tu médico, quien podrá verificar si hay afecciones subyacentes que puedan afectar el equilibrio (una deficiencia de vitamina B12, un ritmo cardíaco lento o cataratas, por ejemplo). También puede referirte con un fisioterapeuta que puede enseñarte ejercicios que fortalezcan los músculos y mejoren el equilibrio.

Ten cuidado con lo siguiente: Medicamentos para la presión arterial. Algunas veces estos disminuyen demasiado tu presión arterial, causando mareos cuando te pones de pie y aumentando el riesgo de caídas, especialmente cuando comienzas a tomarlos o aumentas la dosis. En mayo de 2016, un estudio realizado a 90,127 adultos mayores, descubrió un aumento del 36% en caídas graves durante los primeros 15 días después de comenzar con un medicamento para la presión arterial.

Si piensas que tu medicamento podría tener ese efecto sobre ti, pídele a tu médico que revise tu presión arterial ortostática, lo cual significa comparar tu presión cuando estás recostado con la que tienes cuando estás de pie. Si esa prueba detecta un problema, habla con tu médico acerca de reducir tu dosis o posiblemente eliminar el medicamento por completo.

Mito: no tendrás ningún interés en el sexo

Realidad: Para las mujeres, los niveles de estrógeno y testosterona han bajado por la menopausia, lo que puede reducir el deseo sexual y hacer que el sexo sea físicamente incómodo. Muchos hombres mayores aún tienen un fuerte deseo sexual, pero es posible que tengan problemas de erección debido al bajo flujo sanguíneo hacia el pene como resultado de arterias obstruidas, lo cual se deriva de afecciones tales como altos niveles de colesterol y de presión arterial.

A pesar de esos cambios, “debido a que las personas viven vidas más largas y más saludables, todos tienen las mismas expectativas que tenían cuando eran más jóvenes, lo cual incluye la sexualidad”, dice Marc Agronin, M.D., director médico de salud mental e investigación clínica en Miami Jewish Health Systems.

Lo que debes hacer: Si no estás contento con tu vida sexual (y no todas las personas con menor interés sexual lo están), habla con tu médico, que debería verificar si no tienes alguna afección como diabetes, por ejemplo, que pueda afectar la excitación. También te deben evaluar para detectar trastornos en el estado de ánimo, ya que hasta un 90% de las personas con depresión sin tratar experimentan un nivel bajo de la libido.

Ten cuidado con lo siguiente: Un salto al medicamento. “Incluso entre personas mayores, los problemas psicológicos como una mala relación, son a menudo la base de sus problemas sexuales y ningún medicamento puede resolver eso”, dice Agronin. A más hombres e incluso a algunas mujeres se les está recetando testosterona, pero tomar dosis complementarias de la misma no representa una cura mágica. Esto ha sido relacionado con un mayor riesgo de enfermedades del corazón en hombres, por ejemplo, y posiblemente a cáncer de seno en las mujeres.

Los medicamentos de venta con receta para tratar la disfunción eréctil, incluyendo sildenafil (Viagra) y tadalafil (Cialis), pueden ayudar a algunos hombres. Pero también pueden causar efectos secundarios como mareos, dolores de cabeza y visión borrosa, así que ten cuidado con estos. En el 2015, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó un medicamento llamado flibanserina (Addyi) para aumentar la libido en las mujeres, pero la investigación sugiere que no es muy eficaz.

Mito: la confusión y la pérdida de memoria son inevitables

Realidad: “Como parte del conocido proceso ‘normal’ de envejecimiento, tu mente sí se desacelera un poco”, indica Ronald Petersen, M.D., un neurólogo en Mayo Clinic en Rochester, Minn. Los neuroquímicos del cerebro cambian con el tiempo, afirma, lo cual explica las pequeñas fallas, como olvidar en dónde pusiste las llaves o el nombre de un amigo en una fiesta.

Pero únicamente hasta un 20% de las personas experimentan problemas más graves con el pensamiento o la memoria, sugieren los estudios. E incluso eso puede ser más lento algunas veces. “El envejecimiento del cerebro no es pasivo, hay muchas cosas que puedes hacer para desacelerar el proceso”, dice Gary Small, M.D., director del Centro de Longevidad (Longevity Center) de UCLA.

Lo que debes hacer: Asegúrate de que tu médico te evalúe para ver si tienes presión arterial alta, colesterol alto, diabetes, obesidad, apnea del sueño y depresión, ya que todas estas condiciones si no se tratan, pueden ocasionar cambios cognitivos. También deberá evaluarte para ver si tienes pérdida auditiva o de la visión. Si te estás esforzando para oír o ver, tu cerebro no puede enfocarse en codificar las memorias, afirma Small.

Ten cuidado con lo siguiente: Antihistamínicos tales como la difenhidramina (Benadryl Allergy, Nytol, Sominex y los genéricos), medicamentos para la ansiedad como diazepam (Valium y los genéricos) y los antidepresivos como la amitriptilina. Se les ha relacionado con impedimentos cognitivos y demencia.

Mito: te sentirás solo y deprimido

Realidad: Las personas mayores no tienen más probabilidad de sentirse deprimidas que las personas más jóvenes, afirma Robert Roca, M.D., presidente del Consejo sobre Psiquiatría Geriátrica de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Pero cuando se deprimen, “normalmente se deriva de una pérdida relacionada con envejecer”, explica Roca. “Pierden seres queridos o amigos, pierden su identidad porque se jubilan, su vigor físico va menguando y no pueden realizar tantas actividades como podían hacerlo antes”.

Lo que debes hacer: Pídele a tu médico que te haga una evaluación de depresión. Puede hacerlo con un sencillo examen que abarca temas como la pérdida de apetito y dificultades para dormir. Si te sientes levemente deprimido, aumentar tus actividades físicas y sociales puede ayudar, afirma Roca. El próximo paso podría ser terapia, ya sea terapia conductual cognitiva o psicoterapia interpersonal, o bien, si la depresión no disminuye, tomar medicamentos.

Ten cuidado con lo siguiente: Medicamentos contra la ansiedad. Algunos médicos los recetan para tratar la depresión, pero esta clase de medicamentos, conocidos como benzodiazepinas, no son apropiados para ese propósito. Esos medicamentos también conllevan los mismos riesgos que las pastillas para dormir para adultos mayores, y pueden ser adictivas.

Las enfermedades del envejecimiento, ¿son sólo un mito?

Tener una edad ya no es lo que era. Unas etapas -juventud, edad adulta y vejez- se han estirado marcadas por el trabajo, el acceso a la educación y la mejora de la alimentación, mientras otras -infancia, preadolescencia y adolescencia- se han comprimido. Las búsquedas en Google de joven de 34 años, 35, 36, 37 e incluso 38 demuestran que es un término de uso corriente aunque a muchos nos suene impropio. A la vez la pubertad se adelanta cada vez más y nadie -o al menos nadie de más de 30 años- se atrevería a llamar «anciano» a una persona de 70, aunque lleve años jubilada.

Los grupos de edades han cambiado tanto en el último siglo que los que ahora tienen 80, pero también los de 30, son unos pioneros. «Están explorando territorio desconocido, no tienen elementos de la tradición en los que apoyarse», dice a Verne Pau Miret, investigador del Centre d’Estudis Demogràfics de Barcelona (CED).

Estos cambios en las etapas de la vida no han ocurrido de repente aunque la sociedad tarde en asimilarlos. La esperanza de vida al nacer en 1900 en España era de 34 años (la alta mortalidad infantil influía en que fuese tan corta). Los últimos datos del INE, de 2014, la situan ya en 80,1 años para los hombres y 85,6 en las mujeres.

Las nuevas tecnologías aceleran el fin de la infancia

Los niños antes recibían los conocimientos de forma vertical, a través de los adultos, de quienes dependían emocionalmente. Ahora su acceso a la información es horizontal de la manos de las nuevas tecnologías -televisión, tabletas y móviles-, y su conocimiento del mundo es mayor. Esto se traduce en que su periodo de dependencia emocional y de inocencia se acorta, como explica a Verne Almudena Moreno, socióloga de la Universidad de Valladolid y coautora del Informe de la Juventud en España 2012.

Los avances en alimentación y medicina conllevan cambios biológicos como que la pubertad llegue de media un año antes. De la misma forma, «las nuevas tecnologías están cambiando elementos cognitivos que modifican el cerebro», según la experta. Es difícil señalar una edad precisa en la que el niño pasa a ser preadolescente, pero Moreno maneja una encuesta sobre bienestar infantil que hoy en día sitúa la línea en los ocho años.

«En el aspecto inmaterial, los rituales de paso de la preadolescencia a la adolescencia y de la adolescencia a la vida adulta se van comprimiendo; otra cosa es que les interese mantener ese estatus de adolescente [equivalente a ausencia de responsabilidades] durante más tiempo», explica la socióloga. El inicio de las relaciones sexuales podría ser un indicador que marque el fin de esa época y estas también se han adelantado dos años de media.

Becas para ‘jóvenes menores de 40’

Cuando se deja atrás la adolescencia, en esto de las edades «todo está muy relacionado con la evolución del mercado de trabajo, con cuándo se inserta y sale uno», explica Miret. Hay tres transiciones que marcan el fin de la juventud y el inicio de la edad adulta, prosigue: la económica (valerse por sí mismo), la residencial (dejar la vivienda de los padres) y la familiar (tener pareja y/o hijos). «Las tres se están retrasando y y se siguen retrasando todos los años», explica.

Ya no es extraño encontrar, por ejemplo, convocatorias de becas o concursos para jóvenes investigadores o artistas menores de 40 años. Las encuestas oficiales de juventud hasta 1982 estudiaban a los menores de 20 años. En 1985 el Injuve (Instituto de la Juventud) aumentó la horquilla hasta los 30, pero ahora algunos organismos llegan hasta los 35.

«También hay hitos muy importantes, por ejemplo -apunta Julio Pérez- que tus padres sigan vivos». Si a principios de siglo una persona de 40 años estaba en el final de su vida, hoy no solo es muy fácil que vivan sus padres, sino en algunos casos, hasta sus abuelos. Este demógrafo y sociólogo del CSIC recuerda un ejemplo muy gráfico: cuando fue a visitar a un hombre de 102 años en Menorca le recibió su hija de 82, alegre, con un vestido de lunares y los labios pintados. «La chica de la casa».

El periodo de juventud también dura más ahora porque los padres de esos jóvenes se lo pueden permitir y no se ven obligados a trabajar antes, según Pérez. La prolongación de los años de formación influye también este alargamiento. A lo largo del siglo XX se ha visto cómo aparecía y se extendía la educación obligatoria. Ahora ya no solo es habitual hacer una carrera universitaria, sino que es más frecuente hacer también un máster o un doctorado.

Los mayores de hoy no son los ancianos de antes

«Casi todos los cambios en demografía tienen que ver con la buena alimentación», afirma Julio Pérez. Los adultos de hoy cuando llegan a la tercera edad no son como los de antes. No porque ahora se les cuide más o tengan más protección del Estado, sino porque ha cambiado su vida anterior, antes de llegar a la vejez y entran en esta etapa en mejores condiciones económicas y de salud, según el experto.

De todas formas, aclara el demógrafo, «en el saco de los mayores se mete a gente con historias muy distintas: los que trabajaron como torneros no llegan igual que los que trabajaron en el sector servicios».

Y luego está «el gran cambio, el de verdad», que es el que se ha dado en las mujeres, que empezaron a ir a la universidad en los 60 y 70. «Han sido innovadoras, revolucionarias» y de su mano llegarán las transformaciones demográficas más radicales en el futuro.

Pero volviendo al presente, ¿se puede llamar «anciana» o «vieja» a una persona de 75 años? «Se considera que una persona entra en la vejez cuando ha dejado de trabajar. Le damos el carnet de la tercera edad y otras prebendas por el hecho de ser ‘persona mayor’, que no es más que un eufemismo», explica contrariado Miret. «Deberíamos encontrar palabras distintas a ancianos«.

Recuerda que cuando en 1967 se universalizaron los 65 años como la edad de la jubilación a una persona le quedaban solo seis o siete años de vida autónoma por delante. Hoy puede tener dos décadas más, 10 años con autonomía y otros 10 con alguna dificultad pero no impedida. En las estadísticas del INE, los indicadores de mortalidad en 1975 agrupaban las franjas de edad «hasta 85 años y más», mientras a partir de 1991 se ampliaron algunas tablas «hasta 100 años y más».

«Tendría que haber cambiado nuestra concepción de las personas mayores, pero socialmente no ha cambiado tanto. Lo vemos en profesionales prejubilados a partir de los 50 años», dice Miret.

Las nuevas edades del hombre

Pérez insiste en que hacer una foto fija en demografía es muy complicado y que hablar de edades es «tramposo», porque los 50 años de hoy no serán los mismos que los 50 años de los niños que nazcan hoy.

Tanto él como Miret observan con atención el envejecimiento de la pirámide de población y los cambios que se están produciendo, pero no como algo negativo.

La edad adulta -apróximadamente, de los 40 a los 65- tendrá que cambiar y aumentar también, opina Miret. A los 40 años hace un siglo se era viejo y ahora se es joven. «Reciben mucha presión laboral, social y familiar, y el apremio sobre la fecundidad ha aumentado también de una manera terrible. Habrá que disminuir la carga sobre esta población y alargarla para después», dice Miret. Mientras el Estado provee el sistema educativo para la juventud y el de sanidad y las pensiones para los mayores, a los adultos «les ha dejado solos» y están, en opinión de este experto, «sometidos a un estrés brutal».

Antes de despedirse -sin ánimo de complicar más las cosas, asegura él-, Pérez desliza que no solo han cambiado las edades, sino que ya ni se puede hablar de etapas de la vida. «Empieza a haber sociólogos que dicen que todo ha estallado, que todo esto de pensar en los ciclos de vida es cosa del pasado. Puedes vivir con tus padres y tener pareja, o tener pareja pero vivir independientemente».

«¡Que ya tienes una edad!», reñía un padre cada vez que consideraba que su hijo veinteañero no estaba siendo lo suficientemente adulto. «¡Pues claro que tengo una edad, todo el mundo tiene una edad!», respondía él irónico porque, hablando en plata, tener una edad ya casi no significa nada.

http://verne.elpais.com/verne/2016/10/10/articulo/1476113258_806913.html

Dentro de poco, habrá más personas de 60 años que menores de 15 por primera vez en la historia de la humanidad. Es irreversible, así como los cambios sociales que acompañarán a este fenómeno. Esto demandará una reformulación de los actuales conceptos de trabajo, jubilación y otros. Argentina hoy cuenta con cerca del 15% de su población mayor de 60 años. El futuro llegó y la economía gris o plateada, como se la llama en el mundo, también.

La mayoría de las instituciones internacionales ya piensan y trabajan sobre cómo gestionar y sacar ventaja de este gran fenómeno demográfico llamado nueva longevidad. La Organización Mundial de la Salud, el G20, la Organización Internacional del Trabajo y el Fondo para la Población de las Naciones Unidas son algunas de ellas. La población de personas mayores crea nuevas demandas y hoy las necesidades están insatisfechas. Según la Unidad de Inteligencia del Economista, apenas el 30% de las grandes empresas y corporaciones del mundo han pensado o están implementando estrategias orientas a este sector de población.

Argentina, por si acaso, no es la excepción. Sirva como ejemplo que en nuestro país más del 90% de las personas en edad de retiro recibe una pensión. Esto significa que están bancarizadas. Sin embargo, apenas algo más del 30% utiliza el cajero automático, 20% no cuenta con tarjeta de débito y el 40% ubica en los bancos y las oficinas públicas el lugar más común de maltrato. La señora Betty Galer, cuando dialogamos para mi libro De vuelta: Diálogos con personas que vivieron mucho y lo cuentan bien, me decía: «Ayer fui al banco a pagar una cuenta de ahorro y le pedí al chico que atendía al público que me ayudara porque para mí es un incordio el aparatito ese. Me trató tan mal, me trató como a una viejita. Me dejó esperando. Terminamos peleados, por supuesto. Me impresionó porque él no tenía nada contra mí, así trata él a las personas que salieron de la vida, ¿comprende? Es simple como eso».

El sector bancario internacional ya tomó nota de esto. En 2015, en Estados Unidos se publicó un muy interesante reporte titulado «¿Qué podemos hacer para ayudar? Hacia un banca más amigable para mejorar el estado financiero del adulto mayor». Su objetivo es la reorientación de productos y servicios. Evitar el abuso financiero, los servicios a bajo costo y productos personalizados son algunos de los beneficios a ofrecer. La realidad es que, tanto en Argentina como en casi todo el mundo, una población con cada día mayor cantidad de personas mayores ofrece oportunidades como pocas veces se ha visto.

¿Nuevos mercados?

Las nuevas generaciones que están arribando al momento de la jubilación o el retiro tienen dos características que las previas no han tenido: son las más educadas y las más ricas. Además, han sido combativas por sus derechos durante la vida. No esperemos que pasen sus últimas décadas de manera silente. Mercados como la moda y el diseño, el entretenimiento, los servicios financieros y de salud se espera que tengan mayor demanda. La industria del cine ya ha tomado nota y en los últimos tiempos hemos visto una creciente cantidad de películas que tratan la vejez y el paso del tiempo.Amor, Juventud, Siempre Alice y el Exótico hotel Marigold son sólo algunas de las películas que abordan el tema.

La posibilidad de longevidad y calidad de vida pone a una gran parte del sector privado en la decisión de crear productos y servicios innovadores. En Argentina, a una persona que hoy llega a los 60 años le quedan estadísticamente por delante casi 22 años de expectativa de vida. En el mundo, la mayor parte del dinero hoy está en manos de personas mayores de 60 años. Las posibilidades que ofrece este sector de mercado parecerían no tener techo. Es una realidad.

Por ello, parece que el tiempo no sólo de un mercado, sino de un mundo con iniciativas más amigables para las personas mayores ha llegado. Pensar un mundo amigable para el mayor responde a una toma de decisión oportuna y efectiva. El sector privado, por su naturaleza, suele responder más rápido que el sector público, que representa a los gobiernos, a la hora de tomar decisiones. Sin embargo, Argentina hoy cuenta con una oportunidad única e histórica. Las tres jurisdicciones políticas están alineadas a la misma ideología que las gobierna, aunque en el tema de adultos mayores las velocidades de marcha parecen ser diferentes. Una velocidad que en el mercado para adultos mayores, con sus necesidades y sus demandas, aumenta día a día conforme aumentan sus integrantes, que en Argentina ya son más de seis millones de personas. Un número nada despreciable para el sector privado, el Gobierno y más.

@Diego__MD

El autor es médico de familia, doctor en Medicina (Universidad de Salamanca, España).

Un 45,5 % de las personas mayores de 65 años cree que no tiene que utilizar preservativo en sus relaciones, según un estudio presentado hoy en el Salón FiraGran que se celebra en Barcelona y que pone de manifiesto un repunte de enfermedades de transmisión sexual en este colectivo de edad.

El estudio, «La sexualidad en la gente mayor», ha sido elaborado por la asociación «Servicios Integrales para el Envejecimiento Activo» (SIENA), con el apoyo del Grupo Mémora.

Según una encuesta realizada a más de quinientas personas mayores de 65 años, el 26,3 % de los entrevistados considera que el uso del preservativo a la hora de practicar sexo en esta edad «no es necesario», porque creen que ya son mayores y son personas sanas a nivel de sexual.

Asimismo, el 19,2 % de los encuestados opina que el uso del preservativo debe adscribirse únicamente a grupos de gente joven para evitar embarazos no deseados, según los autores del informe, presentado hoy en el salón FiraGran 2016 en Barcelona.

No obstante, para Sònia Díaz, socióloga y responsable de SIENA, enfermedades de transmisión sexual como el sífilis o la gonorrea son relativamente comunes entre la gente de la tercera edad y están experimentando una tendencia al alza.

El estudio también muestra que, contrariamente a los que se acostumbra a pensar, la sexualidad no desaparece durante la vejez; así lo afirman un 62,9 % de los entrevistados, siendo los hombres casados los que tienen una actividad sexual más activa.

Según los datos recogidos por la encuesta, uno de cada tres entrevistados afirmó haber tenido sexo en el último mes y el grupo de hombres casados de entre 65 y 70 años es el que más satisfecho está con su vida íntima conyugal.

Para los autores del estudio, uno de los principales retos es enseñar a los mayores que el sexo «va más allá del coito» y debe contemplar otras acciones como los besos y las caricias, porque el 37,5 % de los hombres y el 30,8 % de las mujeres opinan que el acto sexual se limita a la penetración.

Otro de los datos destacados del estudio es el hecho de que existe un elevado grado -pero no mayoritario- de predisposición de los más mayores para seguir hablando y aprendiendo cosas sobre el sexo en la tercera edad.

En este sentido, el 34,6 % de las mujeres tiene claro que asistiría a un curso sobre sexualidad y vejez, porcentaje que se eleva hasta el 44,7 % en el caso de los hombres.

El estudio pretende «desmontar los tabúes» que rodean el mundo de la sexualidad en la tercera edad, según Sònia Díaz, que ha precisado que existe una brecha generacional entre los mayores, que tienen una mentalidad más abierta en estos temas, y los más mayores.

Asimismo, la responsable de SIENA ha indicado que las personas solteras y viudas son las que viven peor su sexualidad, «porque la asocian al coito».

Por su parte, la sexóloga Mònica Presta ha subrayado que «la gente mayor sí que tiene vida sexual, aunque se piense que no es así», y ha lamentado que esta cuestión siga incomodando a la sociedad.

Asimismo, ha señalado que los mayores que en su juventud no recibieron educación sexual o incluso fueron instruidos con un mensaje negativo al respeto hoy «no están satisfechos con su vida sexual», y ha asegurado que esta actitud acostumbra a transmitirse de forma intergeneracional, «de padres a hijos, y de éstos a sus nietos».

Por otra parte, Presta ha abogado por ofrecer más formación sexual a los ancianos: «Que no usen el preservativo es un error que tiene que ver con la desinformación; las enfermedades de transmisión sexual se pueden coger a cualquier edad».

Respecto a la homosexualidad en la tercera edad, la sexóloga ha reconocido que sigue siendo un reto y un tabú, y ha apostado por trabajar más en ese campo.

http://www.lavanguardia.com/vida/20160427/401404200925/crecen-enfermedades-sexuales-en-ancianos-que-no-creen-necesitar-preservativo.html

He entrevistado a una persona para una vacante en la empresa, y es de lejos el mejor, el único problema es que lo veo un poco mayor, debe estar por encima de los 50, y somos una empresa joven. No sé si contratarlo.

Piensa en lo que dices… “es de lejos, el mejor”. Evalúa si es correcto descartar a alguien por la edad si cumple con los requisitos y es mejor que otros. Pregúntate: ¿si tu papá fuera el mejor candidato, te gustaría que lo separen del proceso por su edad?

Si tiene las habilidades y actitud que requiere el puesto, enfócate en evaluar el encaje con la cultura de la empresa. Si se trata de una persona optimista, entusiasta, flexible y adaptable, probablemente se adapte bien a una cultura más joven.

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A pesar de lo que te pueda parecer, una persona de 50 puede ser ‘mayor’ que el promedio de tu empresa, pero no es ‘vieja’. Está en la cúspide de su carrera y tiene aún muchísimo por aportar y por lo menos 15 años más de etapa productiva. Recuerda que la edad es relativa, todo depende de la actitud. Aquí menciono algunas de las ventajas de trabajar con empleados ‘mayores’.

  1. Propensos a equivocarse menos. Debido a que cuentan con mayor experiencia, las personas mayores ya han visto de todo, se han equivocado y aprendido de sus errores. Por ende, te podrías ahorrar costos asociados a los errores que pueden cometer personas menos experimentadas.
  2. Pueden ser buenos coaches/mentores. Tienen un plus, ya que debido a su experiencia pueden orientar, apoyar, ‘coachear’ a los más jóvenes.
  3. Rotan menos. Aunque no tengo estadísticas para sustentar esto, la lógica me dice que una persona por encima de los 50 está en otra etapa de vida, valorará más su nuevo puesto, por lo que se esforzará y cuidará más su trabajo.
  4. Ética laboral. Hace algunos años, Robert R. Critchley, ex presidente internacional de DBM, compartió un caso de una de las tiendas más efectivas de una cadena de ferreterías en Australia: menos inventarios, menos dolo y rotación que en el resto de tiendas de la cadena. ¿Qué diferenciaba a la tienda estrella? Todos los empleados eran personas ‘mayores’. Para dramatizar comparto un video de una empresa americana, Vita Needle, cuya edad promedio de empleados es 74 años, política que los ha ayudado a registrar records en utilidades en los últimos 18 años.

5.  Pueden trabajar perfectamente lado a lado de la gente joven y generar un proceso de aprendizaje mutuo. Hace algunos años preparé una charla sobre las diversas generaciones en la empresa y recuerdo haber citado las estadísticas de una agencia de viajes escandinava que sentó a trabajar, frente a frente, a dos ejecutivas comerciales, de tal manera que estuvieran lo suficientemente cerca para observarse, escucharse y conversar.  Una era joven y la otra mayor. Si mal no recuerdo, rotaban responsabilidades cada semana para que cada una hiciera el trabajo de la otra.  Hubo un proceso inmediato de traslado de información y asimilación mutua, de buenas prácticas, que aumentó la productividad y redujo la rotación.

Si decides por tu candidato estrella y será el mayor del grupo, recomiendo sensibilizar previamente a tu organización sobre la importancia de la tolerancia y los beneficios de la diversidad, cómo se pueden apoyar, crear sinergias y aprender mutuamente. Aprovecha para propiciar un espacio de conversación sobre el tema antes de su ingreso formal.

Comparto un video del portal EasySmallBusinessHR.com que habla sobre cómo evitar la discriminación etaria y menciona otras ventajas de trabajar con gente mayor, que te puede ser útil revisar.

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La población de la mayoría de los países del mundo está envejeciendo, algo que produce un aluvión de noticias sobre un crecimiento económico más lento, unamenor participación laboral, una inminente crisis de las pensiones, la explosión de los costes de los seguros médicos y la menor productividad y el peor funcionamiento cognitivo de los mayores.

Estas historias son nefastas, en parte porque la manera más aceptada de medir el envejecimiento (la tasa de dependencia que mide el número de personas dependientes en relación con el número de población en edad laboral) fue creada hace un siglo e implica que las consecuencias del envejecimiento son mucho peores de lo que en realidad son. Para colmo, la tasa se utiliza en debates políticos y económicos sobre el coste de los seguros médicos y de las pensiones, algo para lo que no había sido creada.

Cumplir 65 en 2016 no significa lo mismo que hacerlo en 1916. De ahí que en vez de basarse en la antigua tasa de dependencia para establecer el impacto del envejecimiento propongamos el uso de una serie de nuevas medidas que tienen en cuenta los cambios en la expectativa de vida, la participación laboral y el gasto en salud. Con todos estos elementos las cosas tienen mucha mejor pinta.

Nuestras herramientas para medir el envejecimiento han envejecido

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La forma más común de medir el envejecimiento es la “tasa de dependencia” que mide el la relación entre las personas mayores de 65 con aquellas que están entre 20 y 64 años. Sin embargo, desde que la tasa de dependencia se introdujera a principios del siglo XX, la mayoría de los países han visto como durante el siglo laesperanza de vida aumentaba y es algo que sigue su curso.

Por ejemplo, la esperanza de vida al nacer en Suecia en 1914 era de 58,2 años (de media para ambos sexos) y para el 2014 había llegado a los 82,2. En 1935, año en el que se aprobó la ley de seguridad social estadounidense, se esperaba que, de media, las personas de 65 años vivieran otros 12,7. En 2013 ya eran 19,5 añosmás.

Pero estos cambios no se ven reflejados en las estadísticas convencionales sobre envejecimiento, ni tampoco el hecho de que mucha gente no deja de trabajar al llegar a los 65 o de que se mantienen sanos durante más tiempo. Para hacernos una mejor idea de lo que realmente significa envejecer hoy en día, decidimos desarrollar una nueva serie de medidas que tengan en cuenta estas nuevas realidades con el fin de sustituir a la tasa de dependencia. En vez de una sola tasa, hemos creado varias para evaluar los costes de la atención médica, la participación laboral y las pensiones.

¿Quién se sigue retirando a los 65?

Una de las nuevas circunstancias es que el número de gente que sigue en activo pasados los 65 cada vez va a más. En 1994, el 26,8 % de los hombres estadounidenses entre 65-69 estaba dentro de la población activa y aumentó hasta un 36,1 % en el 2014 con predicciones que apuntan a que se llegará al 40 % para 2024. Incluso la tendencia es similar en el caso de hombres de mayor edad con un 17 % de los hombres entre 75 y 79 años que se espera sigan trabajando dentro de una década, a diferencia del 10 % en 1994.

Es obvio que estas personas mayores no captaron el mensaje de que en realidad les tocaba volverse dependientes al llegar a los 65.

Esto no es algo exclusivo de los EE. UU. En muchos países las cuotas han ido aumentando. En el Reino Unido, por ejemplo, la tasa de actividad laboral entre los hombres de 65 a 69 años era de un 24,2 % en 2014 mientras que en Israel era del 50,2 %, subiendo de un 14,8 y de un 27,4 % en el año 2000, respectivamente. Esto se debe en parte a que la gente mayor ahora cuenta con un mejor funcionamiento cognitivo que sus equivalentes nacidos una década antes.

LA POBLACIÓN DE MUCHOS PAÍSES ESTÁ ENVEJECIENDO, SIN EMBARGO LA TASA CONVENCIONAL DE DEPENDENCIA HACE QUE EL IMPACTO PAREZCA MUCHO PEOR DE LO QUE VA A SER EN REALIDAD.

De ahí que en vez de suponer que la gente solamente trabaja de los 20 a los 64 años y que se convierten en personas dependientes a los 65, hemos establecido “tasas de dependencia económica” que tienen en consideración otras consideraciones y los pronósticos de las tasas de participación laboral. Esto nos dice cuántos adultos que no están entre la población activa hay por cada adulto entre la población activa, lo que significa datos más exactos que simplemente utilizar los 65 años como punto de corte. Para ello nos basamos en pronósticos de la Organización Internacional del Trabajo.

Se prevé que la tasa de dependencia en los EE. UU. aumente en un 61 % entre 2013 y 2030. Sin embargo, cuando usamos nuestra tasa de dependencia económica, la tasa de adultos entre la población activa en comparación con aquellos que no están entre la población activa aumenta en un 3 % durante dicho periodo. Está claro que las historias catastrofísticas sobre trabajadores estadounidenses que van a tener que pagar tantas pensiones igual necesitan una reconsideración.

¿Realmente va a subir el coste de la atención médica?

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Otro dato a tener en cuenta es que, si bien los costes de la sanidad aumentarán con el envejecimiento de la población, no van a subir tanto como los pronósticos tradicionales estiman. En vez de asumir que los costes de atención médica se disparan de forma dramática cuando la gente cumple los 65, que es lo que la tasa de dependencia hace, hemos creado un indicador que tiene en consideración el hecho de que la mayor parte de los gastos por atención sanitaria de las personas mayores ocurren durante los últimos años de sus vida. Si la esperanza de vida aumenta, eso quiere decir que nuestros últimos años también llegarán más tarde.

SE PREVÉ QUE LA TASA DE DEPENDENCIA EN LOS EE. UU. AUMENTE EN UN 61 % ENTRE 2013 Y 2030

En Japón, por ejemplo, donde el coste de la asistencia sanitaria para personas mayores de 65 años y entre los 20-64 años se calculó solamente mediante la tasa de dependencia, se prevé que dichos costes aumenten un 32 % de 2013 a 2030. Si calculamos los costes de asistencia sanitaria basándonos en si las personas se encuentra en los últimos años de sus vidas, los costes solamente aumentan en un 14 %.

La edad de jubilación se retrasa

El último dato que tuvimos en cuenta para nuestros cálculos tiene que ver con las pensiones. En la mayoría de los países de la OECD la edad de jubilación completa se está retrasando y en algunos de los países, como es el caso de Suecia, Noruega e Italia, los pagos de las pensiones están directamente relacionados con la esperanza de vida.

En Alemania, la edad de pensión completa se retrasará de los 65 a los 67 para el 2019. En los EE. UU. solía estar en 65 años, ahora se encuentra en los 66 y probablemente pasará a estar pronto en los 67 años. En vez de asumir que todo el mundo recibe una pensión completa a los 65 años, que es lo que la tasa de dependencia implica, hemos calculado una tasa más realista llamada la tasa de dependencia del coste de las pensiones que incorpora la relación general entre las mejoras en la esperanza de vida y la edad de jubilación. La tasa de dependencia del coste de las pensiones muestra a qué velocidad es probable que crezca el coste de las pensiones públicas.

EN PAISES COMO SUECIA, NORUEGA E ITALIA, LOS PAGOS DE LAS PENSIONES ESTÁN DIRECTAMENTE RELACIONADOS CON LA ESPERANZA DE VIDA

En Alemania, por ejemplo, se prevé que la tasa de dependencia aumente en un 49 % de 2013 a 2030, si bien los alemanes de 65 años no tendrán derecho a la pensión completa en 2030. Nuestra tasa de dependencia del coste de las pensiones aumenta en un 26 % durante el mismo periodo de tiempo. En vez de indicar que los jóvenes alemanes van a tener que pagar un 49 % más para contribuir a las pensiones en el 2030 en comparación con lo pagado en el 2013, vemos que el aumento según nuestra tasa es solamente del 26 %.

Los 65 ya no son lo que eran

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Aparte de esta serie de medidas centradas en aspectos particulares del envejecimiento de la población, también es útil tener una medida general sobre el envejecimiento a la que llamamos la tasa de dependencia prospectiva. La gente no pasa a ser dependiente en cuanto cumple 65 años. Desde un punto de vista de la población, tiene más sentido clasificar a las personas como “mayores” cuando se encuentran en los últimos años de sus vidas.

El hecho de no ajustar qué aspectos nos hacen viejos teniendo en cuenta las características de la gente y su longevidad puede hacer que el envejecimiento parezca un proceso más rápido de lo que en realidad es. En nuestra tasa de dependencia prospectiva definimos que una persona es mayor cuando se encuentra en un grupo de edad donde la esperanza de vida restante es de 15 años o menos. A medida que la esperanza de vida es mayor, el umbral también cambia.

En el Reino Unido, por ejemplo, está previsto que la tasa de dependencia convencional aumente hasta un 33 por ciento en 2030. Sin embargo, al utilizar la tasa de dependencia que tiene en cuenta las características y la longevidad de la gente, la tasa resultante aumenta solamente un 13 por ciento.

La población de muchos países está envejeciendo, sin embargo la tasa convencional de dependencia hace que el impacto parezca mucho peor de lo que va a ser en realidad. Por suerte, nuevos indicadores que no exageran los efectos del envejecimiento están a un solo clic de distancia.

Warren Sanderson, Profesor de Económicas en la Universidad de Stony Brook ySergei Scherbov, director adjunto del Programa Mundial del IIASA (International Institute for Applied Systems Analysis)

http://magnet.xataka.com/que-pasa-cuando/estamos-midiendo-el-envejecimiento-del-siglo-xxi-con-con-las-herramientas-del-siglo-xx

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Conviene pensar en el panorama social que nos rodeará en pocos años más al formar parte del creciente ejercicio de adultos mayores, además del círculo familiar y unos cuantos amigos que van quedando. La invisibilización de los ancianos se consolida paulatinamente en un “delito del silencio” con la complicidad de algunas estrellas de micrófono que cuentan con muchas canas y varias décadas de experiencia.
¿Qué escenario te espera cuando llegues a la vejez? Sabemos que las enfermedades nos aguardan. Esperan con paciencia, pero con certeza. Con 60 y “piquitos” se advierten cambios en la digestión, vista, agilidad física, audición, articulaciones y en muchos otros procesos biológicos que sostienen la vida del ser humano. Conviene pensar en el panorama social que nos rodeará en pocos años más al formar parte del creciente ejército de “adultos mayores”, además del círculo familiar y unos cuantos amigos que van quedando. ¿Te parece? ¿O tienes miedo a los escenarios del futuro? Esta invitación nace de la observación y experiencias directas al visitar centros médicos privados y públicos, diálogos con médicos clínicos y especialistas, lecturas sobre la materia y navegación en el mundo de las torrenciales noticias de Internet, casi exclusivo de los jóvenes. En Ecuador, más de un millón de personas con más de 65 años estamos fuera del mercado consumista, apenas distinguidos por algunos periódicos que exhiben suplementos comerciales en fechas especiales para vender algunos productos de consumo exclusivo, que incluyen servicios funerarios. De estos, el 57% corresponde a pobres y alrededor de 40 mil personas, con muchas canas, viven en soledad absoluta. Desde mi atalaya de comunicador profesional considero que el grupo de población de “canas doradas” es (somos) invisible en la prensa, radio y televisión del Ecuador. Sus espacios y tiempo están cerrados en buena medida para este importante grupo poblacional, con excepción de algún hecho escandaloso. La excepción notable es diario EL TELÉGRAFO, que con Palabra Mayor publica cada sábado dos páginas completas al examen de las complejas y múltiples facetas que rodean a la senectud, inclusive con el aporte  de profesionales de otras naciones. La creciente ola globalizadora nos ubica entre la sociedad líquida de Zygmunt Bauman; incorpora entre la que dificulta el derecho de relacionarse físicamente con los demás (alterado sustancialmente con las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación NTIC); impide fortalecer la confianza, los abrazos físicos y los vínculos que permanecen en el tiempo, es decir alejados de las “realidades virtuales” de la modernidad. En resumen, con la profunda internacionalización de negocios, finanzas, flujos de comercio, inversiones y todo lo que compone la economía de la exigente competitividad e innovación se produce el olvido de los ancianos. Con ellos se consolida paulatinamente un “delito de silencio”, con la complicidad de algunos periodistas, incluyendo a estrellas del micrófono que cuentan con muchas canas y varias décadas de experiencia. El pasado año, con 78 años a cuestas, graficó bien la situación el Pontífice Francisco en una de sus visitas a un grupo de población que consta entre sus preferidos, los viejos. En Ostia (Italia), pidió al achacoso auditorio: “Recen por mí, pues estoy un poco viejo y enfermo…, pero no demasiado”. Y provocó risas. El carismático líder religioso incluye entre los “descartados” del consumismo no solo a los pobres del planeta sino, además, a los ancianos. En su visita a Ecuador, durante la misa en el Parque Samanes (Guayaquil) en julio pasado, puntualizó: “…cuántos ancianos se sienten negados en sus familias, sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos”. La prensa comercial dedicó grandes espacios para “cubrir” la visita del alto dignatario religioso, líder de por lo menos 1.400 millones de fieles católicos. Y la televisión y radios se vieron obligados también a reflejar el suceso noticioso, pero sin olvidar las prácticas comerciales. Al contrario, proliferaron pasada la novedad, los derechos humanos y cristianos volvieron al olvido. En el espectáculo de masas el condumio de sus intervenciones, principalmente lo relacionado con los aspectos esenciales de su Encíclica Laudato Si’ : “…íntima relación entre los pobres y la vida del planeta, crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura… y propuesta de un nuevo estilo de vida” fueron puestos de lado por quienes hacen la política informativa mercantil, relacionando convenientemente la presencia papal con temas de política interna. El discrimen que sufren las personas de canas doradas (perdón por el torpe eufemismo) en la estructura mediática del Ecuador se refleja con frecuencia en las familias, en el andamiaje social y en todas las actividades que se realizan. Así, se consuman exitosamente las prácticas selectivas que adoptan cotidianamente la variada institucionalidad en muchos países, negando al grupo etario sus “derechos” como seres humanos. En este camino se conforman las sociedades descartables con personas desechables, inútiles para el imparable consumo que propugnan las ideologías capitalistas que practican el liberalismo salvaje. Estas inconsistencias se producen en contravía a los afanes de organismos internacionales, como las Naciones Unidas, para consolidar un marco jurídico internacional favorable para las personas de edad. En junio de 2015, la asamblea General de la entidad planetaria aprobó la Convención Interamericana sobre Protección de DD.HH. de Personas Mayores en la que recomienda la necesidad de abordar los asuntos de la vejez y el envejecimiento desde una perspectiva de Derechos Humanos  que reconoce las valiosas contribuciones actuales y potenciales de la persona mayor al bienestar común, a la identidad cultural, a la diversidad de comunidades, al desarrollo humano, social y económico… De todas formas, persiste la preocupación si se sabe que el tema no es reciente. En 1968, Simone de Beauvoir en su obra La Vejez cita las declaraciones del doctor Leach, antropólogo de Cambridge: “En un mundo en mutación, en que las máquinas tienen una carrera muy corta, los hombres no deben servir demasiado tiempo. Todo lo que excede 55 años debe ser arrumbado”. Y pocos años atrás, un Ministro de Finanzas en Japón señaló que para mejorar los aspectos financieros del país los viejos deberían morir. Felizmente corren otras aguas en América Latina al amparo de visiones humanísticas diferentes. Las profundas dimensiones sociales de las políticas que hasta hace poco se siguieron en Argentina, Bolivia y Brasil, por errores de gestión gubernamental no bien informada y consecuentemente nada comprendida, chocan abiertamente con las imposiciones que nacen en, desde y únicamente para el mercado. Es lo que se ve en la actualidad. (O) Diseñar nuevos programas que se ajusten a las realidades presentes En los pasillos de la institucionalidad médica del IESS he encontrado a distinguidos profesionales de la economía, abogados, ingenieros comerciales y más que concurren acuciosa y puntualmente a las citas médicas. La mayor parte pensionistas. En mi caso, observo con rigurosidad las recomendaciones de galenos para mantener la salud. De las conversaciones surgen iniciativas y propuestas que maduran seguramente en las esperas para recibir la atención de los médicos y también para retirar las recetas. Observaciones van, críticas al sistema vienen, pero se concuerda en la necesidad de diseñar programas de medicina preventiva más para los jóvenes y adultos de hoy que para nosotros mismos. El tema original estaría en que estos proyectos y sugerencias nacen de las vivencias ya cotidianas de nosotros, como pacientes y no de la institucionalidad formal de la medicina, pública y privada. Se considera que hay un abismo en la comprensión debida de la sintomatología de cada paciente en cada enfermedad y lo que el médico percibe. La creación de un mejor “puente” de comunicación entre doliente y médico (incorporando a la familia de aquel), resultaría útil para los correspondientes tratamientos en cada caso. Encontré casos especiales en estos amigos y compañeros de trayectoria. Diagnósticos que llevan a pensar en las llamadas enfermedades terminales, preocupación por las dificultades para conseguir citas, demora en los tratamientos, algunos problemas de familia que se agravan por las magras jubilaciones, y con frecuencia la incomprensión de familiares íntimos alrededor de personas que sufren de trastornos severos que se diagnostican como recurrentes. Todos estos se incluyen en el más de millón de personas mayores que se distribuyen en la variopinta geografía nacional y al cual el IESS y Sistema Nacional de Salud Pública destinan por mayores porcentajes de recursos, tiempo y recetarios. La medicina curativa no es suficiente para atender la cada vez mayor cantidad de gente, de todas las edades, que concurre en busca de alivio para sus dolencias. Es preciso, como señaló la ex-ministra de Salud, Carina Vance, poco antes de su renuncia, que el Ecuador avance hacia un sistema de salud preventiva. En todas estas disquisiciones y análisis están ausentes los medios de comunicación y opinadores profesionales. Y todas estas y otras ideas nacen en las a veces tediosas esperas que son necesarias en la Seguridad Social para cumplir un objetivo de vida. Sirven también para constatar, más allá de encuestas sesgadas, la necesidad de proveer servicios de salud a la totalidad del pueblo ecuatoriano, al igual que educación en todos los niveles. Me formo la idea de que la suma de saberes que han moldeado las inteligencias de todas estas personas durante décadas y más, y la predisposición que tienen para encausarlas como aporte personal al beneficio común y de la Patria,  será igual o superior a un think tank (tanque de pensamiento) norteamericano. Parte del desafío es cómo preservarlo y cómo aprovecharlo para el bien común. Por lo pronto, mi contribución como paciente y comunicador es el diseño de un Programa de Comunicación para Adultos Mayores, con enfoque en la medicina preventiva, pero siempre desde la sensibilidad (sin lloriqueos ni politización) del paciente y el concurso de sus familias. Un geriatra del Hospital Carlos Andrade Marín me explicaba que por cada paciente “terminal” la afectación total se refleja en siete personas, comenzando por las personas responsables directamente de los cuidados al enfermo. Así el problema no queda solo en el doliente sino que impacta en su familia cercana y aún más lejana. Los efectos económicos. Familiares y psicológicos son devastadores. La idea primigenia se orienta a una publicación de formato y diseño idóneos para la población-objetivo, en la que los propios pacientes expresen sus vivencias personales sobre prevención de sus enfermedades; las familias sus problemas específicos en la finalidad de introducir más responsabilidad en el propio paciente y sus familias; y una mayor y mejor interrelación entre médico-paciente-institución-familias. Y en forma progresiva, mediante diálogos por los Medios de Comunicación Pública que se integren al Programa, una mayor sensibilidad y atención a problemas del adulto mayor. Es mi forma personal de enfrentar los efectos pequeños, medianos y grandes que causan los síntomas paulatinos de los años en el cuerpo pero no en el alma; al contrario, sirven para vigorizar el espíritu y utilizar la profesión y las experiencias logradas –buenas y de las otras–, poniéndolas al servicio de la comunidad. Estoy seguro de que puedo lograrlo y mejor si  es acompañado de otros profesionales  con igual o mayor entusiasmo. Esto va en línea de esa maravilla de ser humano que fue Stéphane Hessel, franco-alemán que, entre sus ejemplares obras, en  2010 publicó Indignaos como proclama de su posición frente a las variadas injusticias del mundo que se agota en el consumo: “Las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo demasiado complejo […] para verlo, debemos observar bien, buscar […] La peor actitud es la indiferencia”. Todo esto para no recurrir a las fuertes anticipaciones que la prospectiva señala para después de pocos, muy pocos años. Un organismo serio, The American Council for The United Natios University al hablar sobre el Estado del Futuro destaca entre los problemas éticos con alta calificación por su importancia, para 2025, las discusiones sobre “…el derecho al suicidio y a la eutanasia”. Sobre todos estos temas publicaré en todos mis espacios de comunicador profesional. La idea es superar el periodismo inútil que considero se practica, con frecuencia, en varios medios de comunicación social del país.  (O) «Lo importante no son los años que vivas, sino lo que hayas hecho con ellos» En la vejez, la actitud tiene mucho que ver en la realidad de la persona, más allá de las décadas vividas. El carácter de combate con la mirada puesta en objetivos superiores, dentro de cada profesión y actividad, permite añadir vida a los años, sin importar cuántos sean. Es como dijo Ian Fleming, el británico creador del personaje de James Bond: “Lo importante no son los años que vivas, sino lo que hayas hecho con ellos”. No se trata de competir con “la tuitera más atrevida” del planeta, Baddie Winkle, de Estados Unidos, que con 88 años acumuló alrededor de 300 mil seguidores en todo el mundo. Fue célebre por sus atrevidas fotos y provocativos textos. Podemos ser más cercanos a la bloguera con más años del mundo, Amelia López (España) que con 95 años y por influencia de su nieto se convirtió no en la estúpida celebridad que busca sus “15 minutos de fama” sino en una persona capaz de emitir comentarios lúcidos a partir de sus vivencias, formación y capacidad de recordar los mejores pasajes de su existencia. Pero son las excepciones. Aunque experimentamos más trabajo para entrar en las inmensidades del mundo digital, reservado en mayor grado para los cada vez más jóvenes en edad, por los vertiginosos avances de la tecnología y también por la incompatibilidad de la desgastada fisiología humana con las vertiginosas exigencias de los cambios en los dispositivos para la comunicación virtual, los adultos mayores debemos saber que existe el fenómeno de la “neuroplasticidad”, por el cual las neuronas –células cerebrales–  tiene capacidad de regenerarse. Con la explosión de las NTIC, el país registra aproximadamente cinco millones de internautas con las mayores cifras para adolescentes, jóvenes y adultos, que en conjunto bordean los cuatro millones. Las personas mayores en edad apenas llegan a la treintena de miles. Pero no se puede perder la guerra antes de combatir en las batallas que se presenten. Hay datos realmente positivos. Antes, la misma ciencia consideraba que las neuronas del cerebro eran incapaces de modificarse positivamente, degenerando progresivamente hasta llegar a las casi inevitables enfermedades mentales. ¡No es así! La ciencia ha demostrado lo contrario, todos con prácticas debidas y alimentación adecuada podemos ser tan y más lúcidos como el mejor. Pero con ejercicio apropiado para cada persona.  Así, los viejos tenemos un factor positivo: experiencia acumulada, vivencias y también historias plenas de vitalidad que han dejado huella en las redes neuronales; tenemos paciencia y recursos para otear el horizonte y descubrir posibilidades y vericuetos que son invisibles a los jóvenes. Esta es nuestra enorme  “Ventaja Competitiva”, así, escrita con mayúsculas. La condición sine qua non es que a la mente hay que cultivarla con educación permanente, como lo aplican los japoneses en el mundo empresarial desde los años sesenta: Kaizen, es decir “mejoramiento continuo”. Como tú y todos los seres humanos debo dedicar horas para atender los problemas de salud, entre los de la rutinaria existencia (¿no tenemos todos que envejecer, enfermar y morir?) Y en el marco jurídico-administrativo vigente, debo entender la realidad socio-económica del país para demandar la atención pertinente a la institucionalidad responsable, el IESS. Mi trayectoria como periodista/comunicador de temas económicos me posibilita analizar los enormes esfuerzos del IESS para responder con eficacia (saber lo que hay que hacer) y eficiencia (hacerlo muy bien) con la creciente población/cliente de sus importantes servicios. El análisis objetivo desde la necesaria dimensión ética debe tomar en cuenta la situación económica nacional que enfrenta el Gobierno de la Revolución Ciudadana para llevar a la práctica, como nunca nadie antes, su visión del Buen Vivir centrada en múltiples políticas sociales. Como ciudadano, decidí ser parte de la solución y no parte de un problema social que aumentará progresivamente, independientemente de la situación económica del país. Las características de nuestra sociedad y de nosotros, como individuos (malos e indisciplinados pacientes); la condición económica de personas y familias para procurar un mejor “estilo de vida” que privilegie los cuidados de todo orden para reducir los riesgos de costosas enfermedades, y la necesidad de materializar en la práctica el “Buen Vivir” generalizado, me conduce a sugerir proyectos que pueden ser de utilidad para quienes navegamos en las torrentosas aguas de la vida. Pienso que en los distintos gremios de profesionales existe un elevado número de especialistas que habiéndose acogido a la jubilación mantienen su facultades intactas y deben/pueden contribuir al progreso del Ecuador y al bienestar de la sociedad. Además, continuarían siendo parte de los “activos intelectuales” de la Patria, más que antes, solo que cargados de experiencias adquiridas en el cumplimiento –con éxitos y equivocaciones– de sus tareas. Médicos, economistas, abogados, sociólogos, ingenieros, etc., aún pueden ofrecer su concurso intelectual, más valiosos en la coyuntura económica-política nacional. (O)

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No es extraño encontrarnos con situaciones en las que se presenta la vejez como una etapa en la que predominan la tristeza, la melancolía, y la sensación de vacío. Sin embargo, es importante conocer que estas emociones no son naturales en el envejecimiento y que la estabilidad de estados emocionales negativos puede ser signo de depresión.

La depresión es una condición médica tratable. No es normal en el anciano, de hecho, se recomienda ante estos signos que se acuda rápidamente a un especialista. La depresión es el trastorno afectivo más frecuente en personas mayores de 60 años, principalmente en mujeres. Se manifiesta como tristeza, llanto fácil, aislamiento, falta de concentración, trastornos del sueño, cambios en el estado de ánimo, y lo más grave:  pensamientos suicidas.

Teresa no quiere comer doctor, pasa horas llorando y luego puedes verla riendo, es muy raro porque siempre se queja, dice que se siente triste y que no sabe de donde sale esa tristeza,  nada para ella tiene sentido, siempre anda diciendo que quisiera dormir y no despertar jamás” .

De esta forma refieren los familiares que acuden por ayuda, la conducta de un adulto mayor que está atravesando por un proceso depresivo. Te invito a que continúes leyendo, es útil conocer qué es la depresión y como enfrentarla cuando se presenta.

¿CÓMO SABER SI ES DEPRESIÓN?

depresión en el adulto mayor

Si eres un adulto mayor o estás cercano a uno de ellos,  presta atención a estos síntomas, pues son los que caracterizan a la depresión.

  • Los sentimientos de desesperanza y / o pesimismo.
  • Los sentimientos de culpa, inutilidad y / o impotencia.
  • Irritabilidad, inquietud.
  • Pérdida de interés en actividades o pasatiempos que antes eran placenteras.
  • Fatiga y disminución de la energía.
  • Dificultad para concentrarse, recordar detalles o tomar decisiones.
  • Insomnio, vigilia de madrugada, o exceso de sueño.
  • Comer en exceso o pérdida del apetito.
  • Pensamientos suicidas, intentos de suicidio.
  • Dolores persistentes de cabeza, calambres o problemas digestivos que no mejoran, incluso con tratamiento.

 DEPRESIÓN EN EL ADULTO MAYOR.

En la vejez hay mayor riesgo de padecer esta enfermedad. Se sabe que el 80% de los adultos mayores tienen al menos una enfermedad crónica, y el 50% dos o más. La depresión se hace más común en personas que tienen una enfermedad crónica o algún otro tipo de limitación. También se reporta que muchos especialistas no le dan importancia a estos estados emocionales porque piensan que son parte del ciclo vital. Los adultos mayores a menudo comparten esta creencia y piensan que es normal sentirse tristes y presentar este cuadro clínico.

Durante el envejecimiento resulta de especial relevancia considerar la depresión como un factor de riesgo de demencia. Un tema en el que profundizaremos en otro artículo, pero que ya queda mencionado: es impensable hablar de depresión en los adultos mayores sin mencionar su vínculo con la demencia, en especial con la causa más común de demencia, la enfermedad de Alzheimer.

TRATAMIENTO: QUÉ DICE LA CIENCIA.

Lo que tú puedes hacer para enfrentar la depresión

Existen varias formas para tratar la depresión según se gravedad: las medidas generales, la medicación antidepresiva, la medicación ansiolítica e hipnótica, el uso de antipsicóticos, y la psicoterapia. De forma general se considera que hay que priorizar los cambios conductuales y sociales en el manejo de la depresión antes que acudir a la medicación. Ahora te explicamos con detalle las principales líneas de tratamiento:

Medidas generales: se debe tener en cuenta el lugar donde vive la persona, con quién se relaciona, quién lo apoya en su cuidado, quiénes forman parte de su red de apoyo social. Se toma en consideración también el nivel de autonomía del paciente, los recursos económicos con los que cuenta para cumplir con el tratamiento. También deben declararse las enfermedades que acompañan esta patología como te explicáramos anteriormente. Si las ideaciones suicidas son recurrentes, se debe pensar en la hospitalización del paciente para el tratamiento adecuado.

La medicación antidepresiva: se utilizan los antidepresivos en todas sus variantes, pero dada las particularidades de la edad se recomiendan dosis menores y con muchas precauciones. Por supuesto, con previa recomendación del especialista.

La medicación ansiolítica e hipnótica: Ansiedad y depresión habitualmente van de la mano, de ahí que un tratamiento farmacológico para la depresión habitualmente incluya ansiolíticos.

Uso de antipsicóticos: En los adultos mayores el uso de antipsicóticos se ha vinculado a mayor deterioro de funciones como la memoria, de ahí que haya que tener especial cuidado con su uso. Sin embargo, hay casos en que son necesarios, por ejemplo, cuando la depresión se presenta con síntomas psicóticos.

Psicoterapia: Las herramientas psicoterapéuticas deben ser consideradas en el manejo de duelos, aceptación de los cambios de roles que esta etapa trae consigo y el manejo de la desesperanza como elemento perpetuador de los cuadros depresivos del anciano. La consideración del sistema en que el paciente se desenvuelve, habitualmente la familia, debe siempre tenerse en cuenta como marco de explicación de las alteraciones afectivas, pero también como instrumento para tener una influencia terapéutica sobre el mayor.

La depresión es una enfermedad que precisa de cuidado si queremos garantizar al anciano calidad de vida, salud mental y física.  La buena noticia es que ocurre menos de lo que pensamos, de hecho, entre los mayores de 65 años no institucionalizados la prevalencia de depresión es menor que entre otros grupos de edad.

Depresión en el adulto mayor: es una enfermedad, no un estado natural.

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