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En medio del descanso veraniego, hemos tomado conocimiento por la prensa de una misma noticia, aunque expresada en dos países. En Turquía y en Suecia se han anunciado sendos programas que ofrecen un pago a las abuelas por cuidar de sus nietos.  Se trata de 100 euros (68.100 pesos chilenos, aproximadamente), lo que supondría una ayuda supletoria para sus pensiones y, de paso, fomentaría el empleo femenino. Como requisito, las abuelas no pueden tener más de 65 años y los nietos deben tener entre 6 y 12 meses.

A simple vista, parece una buena iniciativa. Se trataría de enfrentar los desafíos del cuidado, mejorando de alguna forma la disponibilidad de recursos financieros en el caso de las mujeres mayores y fomentando su empleabilidad en un sector que, como el de los cuidados, se hará más importante en el futuro. Pensemos que la humanidad se encamina hacia la llamada «cuarta edad», integrada por personas mayores pero cada vez más autónomos e independientes.

Pero la medida en cuestión, implementada en dos países además muy distintos desde el punto de vista de las brechas de género (Suecia en cuarto lugar y Turquía en el ciento treinta del índice global que elabora anualmente el Foro Económico Mundial), deja en evidencia que el maltrato estructural hacia las personas mayores puede expresarse, incluso bajo modalidades aparentemente inofensivas. En nuestro país, el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) denomina como tal a «aquel que ocurre desde y en las estructuras de la sociedad mediante normas legales, sociales, culturales y económicas que actúan como trasfondo de todas las otras formas de maltrato existente». En este caso, se detectan-al menos-dos tipos de desigualdades: el primero, porque se asocian las tareas del cuidado a las mujeres pero, además, con una remuneración muy baja.

Dejemos de estigmatizar a los adultos mayores como personas vulnerables y generemos las condiciones necesarias para que no lo sean. Chile se vuelve añoso, por ello, necesitamos una mirada amplia e multidisciplinaria a un tema que nos afecta a todos. Trabajemos ahora para que los adultos mayores no deban marchar a exigir que el sistema y la sociedad no los maltrate.

Debemos observar con detenimiento este tipo de políticas para los adultos mayores en un país que, como Chile, carece de una agenda adecuada para este segmento de  la población. Envejecemos a pasos agigantados. En el 2050 se proyecta que en tendremos 6,3 millones de personas con más de 60 años. Ello corresponderá al 29,5% de la población según los datos de la comisión de expertos convocada para mejorar el sistema de pensiones, también conocida como Comisión Bravo. Por ahora, nuestro sistema jurídico y económico no está preparado para dar respuestas para un grupo que irá en ascenso. Con la campaña presidencial encima, cabe esperar que los candidatos de los distintos sectores enfrenten los silencios que, por ahora, han recibido quienes integran este sector de la población.

En marzo se anuncia el proyecto de reforma de pensiones por parte del gobierno.

Las normas relativas a la capacidad legal no se han adaptado a la realidad de los adultos mayores, puesto que –según la legislación actual contenida en el Código Civil- en Chile las personas son capaces o son incapaces. No existiendo una normativa más “amigable” que permita acompañar el tránsito de las personas desde la plena capacidad hasta la disminución de ella. Hoy por hoy, en otros ordenamientos jurídicos este asunto está ampliamente regulado y se entiende que a la luz de la dignidad de las personas adultas mayores es menester fijar distintos estadios de competencia y capacidad según la salud física y mental de las personas.

En materia de trabajo tampoco se está aprovechando toda la experiencia que poseen adultos mayores y además las disposiciones laborales y de seguridad social dan cuenta de discriminación en muchos sentidos.
Ya existe una Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, lo cual nos llevará necesariamente a ajustar los estándares nacionales en el tratamiento de los adultos mayores. Estamos a la espera de su ratificación por Chile.

Dejemos de estigmatizar a los adultos mayores como personas vulnerables y generemos las condiciones necesarias para que no lo sean. Chile se vuelve añoso, por ello, necesitamos una mirada amplia e multidisciplinaria a un tema que nos afecta a todos. Trabajemos ahora para que los adultos mayores no deban marchar a exigir que el sistema y la sociedad no los maltrate.

Carolina Riveros

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/02/14/nuevas-formas-de-maltrato-estructural-hacia-las-personas-mayores/

El 15 de septiembre del año 2000 el biólogo Steven Austand y el demógrafo S. Jay Olshansky hicieron una apuesta que ha cobrado cierta fama entre los científicos. Cada uno de ellos apostó 150 dólares, que depositaron en un fondo de inversiones, acerca de si en el año 2150 seguiría viva alguna persona que hubiera nacido ese año en el que estaban. Austand creía que sí, y de hecho todo había surgido a raíz de un artículo en el que afirmaba que la primera persona que viviría 150 años probablemente había nacido ya. Olshansky, en cambio, pensaba que el límite de la longevidad humana estaba en los 130 años. Ellos no esperaban que el ganador pudiera cobrar su recompensa, pero sus herederos sí podrán hacerlo, y se calcula que para entonces el valor de la inversión de la cantidad inicial sea de varios millones de dólares.

La publicación hace unos meses en la revista ‘Nature’ de un estudio demográfico que situaba el límite de la longevidad humana en torno a los 115 años parecería darle la razón a Olshansky y minar por tanto las esperanzas de los herederos de Austand. Sin embargo, no conviene sacar conclusiones precipitadas de ese estudio, como hizo buena parte de la prensa durante los días siguientes a su publicación. Los autores del mismo, los genetistas Xiao Dong, Brandon Milholland y Jan Vijg, no afirman en ningún momento que ese límite sea absolutamente infranqueable (de hecho, ya ha sido superado en algunos casos), sino que sugieren que es el límite natural que cabe establecer dado el estado actual de la biotecnología. En un pasaje al final del artículo reconocen que ese límite podría ser traspasado en el futuro, aunque ello requeriría intervenciones radicales que serían muy difíciles de realizar con éxito dada la «miríada de variantes genéticas que determinan conjuntamente la duración de vida específica de una especie». En el mismo número de ‘Nature’ en el que se publica el citado estudio, Olshansky escribe un comentario, y subraya precisamente que el punto crucial es dilucidar en qué medida nuevos avances tecnocientíficos podrán conseguir extender más aún la duración de la vida humana. Él mantiene su pesimismo. Considera que si bien no hay límites impuestos por un programa genético que determine directamente el envejecimiento y la duración de la vida, sí que hay límites a esa duración debidos a otros programas genéticos que marcan la estrategia vital de nuestra especie (programas de desarrollo embrionario, crecimiento, maduración sexual, etc.). La dificultad principal para conseguir una extensión radical de la vida humana estaría en la necesidad de modificar algunos de estos programas. Austand, por su parte, también se ha reafirmado en su posición inicial. Está convencido de que esas dificultades podrán ser vencidas por la investigación futura y que ya se están realizando progresos significativos en ese camino.

Pero las noticias se suceden con sorprendente rapidez en este campo, que no en vano se ha convertido en uno de los más atención han despertado en los últimos años, ahora que la posibilidad de controlar el envejecimiento comienza a asentarse en bases científicas. A mediados del pasado diciembre, el equipo dirigido por Juan Carlos Izpisúa, investigador en el Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk de Estudios Biológicos de California, publicó en la revista ‘Cell’ un artículo en el que se detalla cómo consiguieron rejuvenecer las células de la piel de unos ratones que padecían de envejecimiento prematuro (progeria). Lo hicieron mediante modificaciones epigenéticas que alteraron la expresión de cuatro genes. La reversión del envejecimiento mediante este procedimiento ya se había conseguido en células cultivadas en laboratorio. El equipo de Izpisúa lo logró en animales vivos y manteniendo además la identidad de las células, esto es, sin revertirlas al estado de células embrionarias.

No hay por el momento una explicación acabada de por qué envejecemos, aunque la tapa de esta caja negra parece empezar a ceder. España cuenta con excelentes investigadores en este ámbito, como Carlos López-Otín y María Blasco, por lo que se encuentra bien situada para contribuir a estos avances. Resulta cada vez más evidente que las causas del envejecimiento son diversas y complejas. Pero si éste obedece a mecanismos biológicos contingentes y flexibles, por variados que sean, su control es posible en principio, y con él, la prolongación sustancial de la vida. Así lo creen, desde luego, los de Google cuando han financiado la creación en 2013, con el posterior apoyo del MIT y de la Universidad de Harvard, de la empresa Calico, dedicada a la investigación acerca del envejecimiento y de las enfermedades asociadas, con el objetivo explícito de conseguir la prolongación de la vida. Hay un enorme potencial de negocio si los éxitos previstos se confirman. Quizás no todos estemos dispuestos a llegar al extremo de desear la inmortalidad, caso de que fuera posible, pero pocos rechazarían un buen puñado más de años de vida disfrutados con salud.

Son enormes los problemas sociales, políticos, económicos y filosóficos que suscitaría una extensión radical de la vida. ¿Quiénes tendrán acceso a estas tecnologías? ¿Qué repercusiones tendría sobre el mercado laboral, el sistema de pensiones, la creatividad cultural, la superpoblación del planeta, el agotamiento de sus recursos? ¿Cómo cambiarían las relaciones familiares y de pareja? ¿Desearíamos mantener la misma profesión, los mismos hobbies, los mismos objetivos vitales o los mismos amigos todo el tiempo, durante dos centenares de años o más? Y si no lo hacemos, ¿cómo se resentiría la identidad personal a través de cambios tan profundos? Nada sabemos con seguridad de todo esto, pero no debe extrañar que haya quienes, tanto en la filosofía como en la ciencia, se hayan puesto ya a pensar sobre ello. Será sin duda un tema de importante discusión en las próximas décadas.

http://www.diariosur.es/opinion/201701/14/podra-controlarse-envejecimiento-20170114002333-v.html

La Atención Integral Centrada en la Persona (ACP) ha sido uno de los temas tratados durante el curso de Trabajo Social y Gerontología Sociosanitaria, organizado recientemente en Galicia por la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) y el Colexio Oficial de Traballo Social de Galicia (COTSG). Para analizar este nuevo modelo de atención geriátrica, el programa de formación contó con la presencia de Trinidad Viña, trabajadora social y vocal de la SGXX.

Atención Centrada en la Persona

En España residen, actualmente, 8.701.380 personas mayores de 65 años, lo que supone el 18,7% del total de la población

Según esta profesional, el modelo asistencial centrado en el servicio, por el que hasta ahora se rigen la mayoría de residencias y viviendas institucionales públicas y privadas de nuestro país, ha demostrado ser insuficiente para abordar con éxito las necesidades y demandas actuales de las personas mayores, y muy especialmente de aquellas que presentan deterioro cognitivo, dependencia leve y/o trastornos neurodegenerativos.

Por eso, cada vez son más los profesionales del sector que proponen la puesta en marcha del modelo de Atención Integral Centrada en la Persona, o ACP, en el que la atención profesional no se realiza a “pacientes o dependientes” sino a “personas” , proporcionándoles apoyo en su autonomía y en el control de su propia vida, y favoreciendo el “bienestar subjetivo, la capacidad de decidir y la dignidad personal” hasta el momento final.

Un enfoque que, matiza Viña, “pone el acento en los gustos, preferencias y fortalezas de las personas, en contraposición con los tradicionales sistemas de trabajo más centrados en la organización o en la entidad”. Una de sus principales novedades radica en que normalmente la persona usuaria de un servicio tradicional se adapta a las condiciones, actividades y forma de trabajar de la entidad que se lo presta”, frente a la ACP donde “se trabaja de forma más personalizada, más flexible, procurando que la gente se sienta cómoda y a gusto teniendo en cuenta lo que ha sido su historia de vida, y adaptándose en lo posible a lo que sería su vida si siguiera estando en su casa”.

Trinidad Viña, trabajadora social y vocal de la SGXX

Trinidad Viña, trabajadora social y vocal de la SGXX

En cuanto a los profesionales que lo aplican, comenta esta experta, “significa un cambio importante sobre todo en lo que concierne al personal de atención directa o gerocultura”, ya que además de las funciones clásicas de ayuda o acompañamiento en la vida diaria, pasan a desarrollar un papel “mucho más importante, implicándose en su bienestar psicológico, emocional  y social, como un miembro más del equipo interdisciplinar del servicio”. De hecho, subraya, “se debe contar con ellos para el cambio y, por supuesto, han de recibir la formación adecuada”.

Respecto a la implantación de la ACP en nuestro país, Trinidad Viña indica que este modelo está menos instaurado en España que en otros países europeos o Estados Unidos. No obstante, hay entidades que lo están impulsando como la Junta de Castilla y León, que lo está implantando en sus centros públicos, o la Fundación Pilares para la Autonomía Personal y la Fundación Matia, que están llevando a cabo distintas iniciativas en este sentido.

En el caso concreto de Galicia, la vocal de la SGXX reconoció que, en esta comunidad autónoma, van con un poco de retraso respecto a la ACP, “pero ya hay algunos centros privados , y también del Consorcio Galego de Benestar, que comienzan a trabajar en esta línea, e incluso se encuentran en distintos momentos de su implantación”.

La Atención Centrada en la Persona transforma la asistencia geriátrica y gerontológica

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A falta de encontrar una cura definitiva, avanzar en la investigación de los factores desencadenantes del Alzheimer es fundamental prevenir la aparición de esta enfermedad y mejorar así la calidad de vida de las personas que lo padecen. De hecho, “es posible prevenir en cierto modo y retrasar la aparición de los síntomas del Alzheimer. Se ha comprobado que retrasando en cinco años el inicio de la enfermedad, disminuimos un 50% el impacto global de la misma”, tal y como ha afirmado José Antonio López Trigo, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología en el XI Simposio Igurco de Atención al Paciente Mayor, celebrado en el centro sociosanitario Igurco Orue de Amorebieta-Etxano (Bizkaia).

Algo fundamental teniendo en cuenta que “ en los próximos cuarenta años, la cifra de personas que padecen demencia se va casi a duplicar en nuestro entorno”, por lo que el Dr. López Trigo destaca la importancia del control preventivo y tratamiento de los factores de riesgo, así como la actuación en los planos cognitivo, funcional, psicológico y conductual.

Pero una vez diagnosticado el Alzheimer una eficaz atención a lo largo de toda la enfermedad es fundamental. En su intervención Iñaki Artaza, director Asistencial de Igurco Servicios Sociosanitarios de Grupo IMQ y presidente de la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología (Zahartzaroa), manifestó que “tenemos que atender a las personas con demencia desde el principio hasta el final de sus días. Generalmente, un paciente mayor con demencia puede visitar una consulta de geriatría para un diagnóstico precoz de la enfermedad; luego puede ser usuario de un centro de día mientras pueda valerse en cierta medida; posteriormente, como ocurre en muchas personas mayores, puede aparecer la fragilidad, pudiendo ocasionar una caída, que provoque una fractura de cadera y deba acudir a una unidad de rehabilitación funcional; y, al final, cuando la situación se complica y a la demencia se suman otras comorbilidades, es muy probable que haga uso de los servicios de un centro residencial”.

En este sentido, este especialistas destaca que los cuidados complejos “sólo se pueden proporcionar por especialistas correctamente formados y con experiencia”. Más aún durante la atención a las demencias al final de la vida, que “es una asignatura pendiente” en la atención sociosanitaria, “desde el punto de vista de proporcionar a estos pacientes una atención individualizada, centrada en sus necesidades. Proporcionarles confort, disminuir su dolor, evitar complicaciones asociadas, atender a las familias, respetar las voluntades y deseos de los pacientes, evitar derivarles a un hospital, controlar las prescripciones de medicamentos con una utilidad discutible en estas situaciones, etcétera. En definitiva, cuidarles de una manera integral hasta el final de su vida”, afirma el director Asistencial de Igurco.

Por su parte, Emilio Sola, director de Servicios Sociales del Gobierno Vasco, ha destacado que “las previsiones demográficas y epidemiológicas señalan un agravamiento del problema que representan las demencias en una sociedad como la nuestra, con un progresivo envejecimiento de la población”. Tal y como afirma este el experto, “la enfermedad conlleva una extraordinaria y diversificada problemática, con consecuencias negativas para la salud de las personas enfermas y la de sus familiares, así como un impacto notable en los presupuestos de los servicios sociales y salud. Costes directos, indirectos e intangibles”, estos últimos, en referencia al grado de sufrimiento del paciente en relación con el decremento de la calidad de vida.

Por todo ello, “las personas que nos dedicamos a la política debemos asumir, y de algún modo, abanderar, la importancia de la calidad de vida, identificando los grupos que han de ser objeto de una mayor atención, entre los que se encuentran los pacientes con demencia y sus familias”, afirma. Precisamente, la futura aprobación del Decreto de Cartera Sociosanitaria “mejorará la acción conjunta de ambas redes”, servicios sociales y de salud, para dar una mejor atención “a la enfermedad de Alzheimer y a las demencias en general”.

Retrasando en 5 años el inicio del Alzheimer disminuye un 50% su impacto global

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Aprender a envejecer es la tarea que corresponde a todo ser humano, al igual que aceptar los cambios físicos que se experimentan a medida que transcurre el tiempo.   Mucho depende de cómo se mire o se supone que será nuestra vejez para que esta etapa se viva con plenitud o relegado en una habitación. Cuando se llega a ser un adulto mayor, en muchos casos se pasa a tener una reducida autonomía y autoconfianza, lo que puede llevar a tener una autoestima baja. Es necesario -señalan los especialistas- sentirse a gusto consigo mismo y con las personas que están a nuestro alrededor. Esto permitirá tener mejores relaciones y aceptar nuevos retos sin miedo a fracasar. El envejecimiento lleva asociados cambios físicos que implican un proceso de adaptación psicológica a la nueva imagen personal. En este sentido, no dejar de lado el cuidado del aspecto físico con el paso de los años refuerza la identidad y trabaja la autoestima, lo que incide de manera positiva en la salud y en la calidad de vida, tal y como indican los especialistas de Sanitas Mayores, organización española que ofrece servicios especializados para los adultos mayores. Prestar atención adecuada al aspecto físico potencia la autoestima y refuerza la identidad del mayor. Y es que, tal y como afirma el doctor David Curto, jefe de Gestión Asistencial de Sanitas Mayores: “Los cánones de belleza de la sociedad, muy ligados a la imagen de juventud, no ayudan a aceptar los cambios en la imagen producto de los años. Es fundamental no infravalorar la importancia de sentirse bien a todas las edades. Dedicar atención y tiempo al aspecto físico ayuda a verse mejor, a quererse más y a asumir mejor estos cambios”. Además, el cuidado de la imagen personal comprende tanto elementos de estética como hábitos de salud e higiene personal como la higiene bucal, la hidratación de la piel, la ducha diaria o el cuidado del cabello, que afectan de manera directa a la imagen personal. “La manera de vestir, el peinado o, en el caso de las mujeres, el maquillaje contribuyen a la imagen total, incluso pueden darnos pistas para interpretar el estado de ánimo”, apunta el doctor Curto. En este sentido, continuar dedicando tiempo a uno mismo a través del cuidado de la imagen personal mejora -además- la autoestima, refuerza la identidad, potencia la capacidad de observación y promueve la interacción social. “Es importante no abandonarse, quererse y aceptarse a cualquier edad y asumir con naturalidad el paso de los años. El continuar con el cuidado rutinario de la imagen ayuda a esa aceptación, lo que evita caer en la desgana y por tanto redunda en una mejor salud psíquica”, afirma el jefe de Gestión Asistencial de Sanitas Mayores. En el ámbito residencial se debe “facilitar a los profesionales, familiares y usuarios las estrategias y herramientas adecuadas para mejorar la idea que se tiene de uno mismo y la valoración que se hace de esta. Los recursos son amplios: desde un simple consejo a la hora de vestir hasta programas de actividad física, un taller de maquillaje o servicios de peluquería”, explica Curto. En el caso de aquellas personas en las que el autocuidado no es posible y precisan de la ayuda de otras para realizar las actividades de la vida diaria, los responsables de su atención directa -tanto familiares como profesionales- asumen un papel clave. En este punto, el cuidado de la imagen se realiza desde la perspectiva de ayudar a mantener, en la medida de lo posible, la autonomía de la persona. Respetar la privacidad y establecer rutinas para los hábitos de higiene diaria o para vestirse son otras dos pautas que ayudarán en esta labor. “Es importante no olvidar que la imagen es el primer reflejo físico de nuestra personalidad, por lo que es importante fomentar la autonomía de elección, incluso en personas dependientes. Por ejemplo, la ropa -uno de los elementos que más influyen en la imagen personal- expresa mucho acerca de la persona. Casi todos los pacientes con demencia tienen dificultades para vestirse; en este caso habría que incorporar a los necesarios criterios funcionales, criterios que también ayuden a estas personas a sentirse bien con su aspecto”, señala el doctor Curto. Potenciar la autonomía es fundamental en todas las etapas de la vida y más en la vejez. Cuando los familiares piensan que no somos capaces de realizar alguna actividad o de mejorar en algo, acaban dándonos más ayuda de la que necesitamos, haciéndonos más dependientes de lo que somos. “Las personas adultas mayores  no deben conformarse con ello, aunque al principio pueda ser cómoda esa situación, es totalmente perjudicial”. (I) La vejez, más que un problema, una oportunidad El fenómeno del crecimiento explosivo del colectivo social al que se ha dado en llamar la tercera edad promete colocarse al frente de las modas temáticas culturales en el transcurso de los 25 próximos años. Se trata de un fenómeno mundial y queda claro que no se circunscribe a los países desarrollados. En lugares como Brasil, México o China, ya se citan anticipos de un panorama demográfico que hace variar aceleradamente la llamada pirámide poblacional. En Argentina, el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade) de la Cepal calcula que para 2050 los mayores de 60 años serán el 25,3% de la población. Este aumento se contrastará con la evolución del rango etario de 0 a 14 años, que será superado en número por los mayores de 60 a partir de 2035, según una publicación de La Nación. En Ecuador se aproximará al 10% de la población total, es decir, más de 4’000.000 de personas mayores de 65 años. Las razones de este fenómeno parecen obvias: una esperanza de vida en ascenso aliada con unos índices de natalidad cada vez más bajos. Hace años el tema ha abierto camino en los estudios sociales y económicos. Sin embargo, podemos afirmar que aún no se ha tomado conciencia exacta de la urgencia con la que debe ser encarado por los gobiernos, en respuesta a su real dimensión demográfica y, por lo tanto, sus efectos políticos, sociales y económicos. No se trata de la llegada de una catástrofe ni mucho menos, sin embargo, sí representa y requiere un profundo cambio en la forma de pensar la sociedad, la familia y la educación. Unas pocas pautas pueden ayudar a emitir criterios eficaces a la hora de investigar el tema y, sobre todo, tomar decisiones tanto a nivel de las empresas como del Gobierno. Existe la urgencia de encarar y resolver una situación que anteriormente nunca se había planteado en ninguna parte del mundo. Si bien ya se iniciaron investigaciones sobre la naturaleza y los cambios que implica este fenómeno de los hábitos de consumo y educación, y sobre la oferta de todo tipo de servicios inmateriales, aún resultan en extremo insuficientes. Es recomendable intentar definirlo con seriedad y profundidad para colocarlo en un contexto realista, luego poder diseñar una respuesta adecuada que redunde en un incremento del bienestar general. La sociedad en su conjunto debe tomar conciencia de que está en juego la asimilación oportuna de una segura situación, que si se encara con tiempo, prudencia y realismo, puede pasar de ser un problema a convertirse en una oportunidad. El adulto mayor debe dejar de aparecer en la sociedad meramente como un jubilado o un consumidor pasivo, para adoptar una función que permita aprovechar y disfrutar de su experiencia y sabiduría. Por otro lado, la capacidad de trabajo y de reflexión ya no se difumina cuando la persona transita su sexta década, sino más cerca de los 70-75 años. Todo lo contrario, esta es la edad de la reflexión y el consejo, de la invalorable transmisión de la sabiduría. La familia es tradicionalmente un factor importante para apoyar a las personas mayores y la buena disposición existe, pero lo que a menudo está ausente es el conjunto de ideas, prácticas, actividades manuales y deportivas que pueden contribuir a posicionar a la persona mayor en este rol de transmisión de su conocimiento, que conlleva una vida inmensamente feliz. (I)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/palabra-mayor/17/mirar-el-envejecimiento-de-manera-positiva-permite-vivir-con-plenitud

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“Los adultos mayores que viven solos carecen, más que el resto, de las relaciones sociales necesarias para una buena vejez”, aseguran las conclusiones que arrojó el estudio del Barómetro de la Deuda Social con las personas mayores, de la UCA y la Fundación Navarro Viola.

El informe plantea que presentan un déficit elevado en sus capacidades sociales y en otros planos: carecen de muestras de afecto, de alguien que los aconseje sobre cómo resolver sus problemas personales o en las tareas domésticas, si llegan a necesitarlo.

Vivir en soledad potenciaría la insatisfacción y esto se reflejaría en tres indicadores: mayor tendencia a sentirse poco o nada feliz, mayor dificultad para tener proyectos personales y mayor propensión a sentirse solo.

“En el análisis de las condiciones de bienestar subjetivo de las personas mayores que viven solas se observan las siguientes situaciones: mayor frecuencia de la infelicidad, mayor frecuencia del déficit de proyectos personales y mayor sentimiento de soledad”

Sin bien muchas veces el hecho de vivir en soledad puede obedecer a deseos de autonomía, no siempre es resultado de una elección. Los efectos anímicos sobre el adulto mayor serán muy distintos según sea el caso.

Los expertos sostienen que si se encuentran en una buena posición económica, bien de salud y desean seguir viviendo en su casa, integrados al contexto social de siempre, seguramente disfrutarán de vivir solos, ya que podrán aprovechar el amplio grado de libertad, de independencia y de autonomía que, como se sostiene, suele agradar sobremanera.

En el otro caso, cuando diversas circunstancias hacen que la soledad residencial no sea una elección sino una obligación, la calidad de vida de los adultos mayores podría desmejorar notablemente.

Según datos del estudio de la UCA, el 17,9% de las personas mayores que viven solas se siente poco o nada feliz, y este sentimiento disminuye hasta el 13% entre quienes conviven.

El déficit de proyectos personales, que refiere la percepción subjetiva de incompetencia para proponerse metas y objetivos en procura del bienestar personal, es del 27% entre quienes viven solos y del 22,9% entre quienes viven acompañados.

Por otro lado, la percepción de soledad (sentir que no se tiene a nadie a quien acudir) alcanza al 21,8% de las personas mayores que viven solas y al 13,4% de las que conviven.

En estudios anteriores del Observatorio de la Deuda Social Argentina, se advierte que sentirse solo no es lo mismo que estar solo.

“La persona puede sentir soledad aunque esté rodeada de semejantes que le brinden afecto. Pues aun así, la persona se siente sola. No se trata de soledad social, sino de soledad emocional, de una experiencia subjetiva mucho más compleja, que tiene su origen en el modo en que el individuo percibe la calidad de sus relaciones”, explica la investigadora Solange Rodríguez Espíndola.

El informe también revela que la percepción subjetiva de no contar con otras personas cuando se necesita ayuda en tareas domésticas (para la preparación de la comida cuando no puede hacerlo o alguien que asista en casos de enfermedad) es mayor entre quienes viven solos: 67,3%, mientras que entre quienes viven acompañados alcanza al 28,6%.

En la misma dirección apunta otro dato: el 60,2% de las personas mayores que viven solas y el 32,8% que viven acompañadas sienten que no cuentan con alguien que los aconseje sobre cómo resolver sus problemas personales o los ayude a resolver determinada situación.

Por último, el 27,9% de los adultos mayores que viven solos ve poco o nada satisfechas sus necesidades de afecto y cariño, una proporción notoriamente más grande que la encontrada entre quienes viven acompañados (10,3%).

El 60,2% de las personas mayores que viven solas y el 32,8% que viven acompañadas sienten que no cuentan con alguien que los aconseje sobre cómo resolver sus problemas personales o los ayude a resolver determinada situación

“En el análisis de las condiciones de bienestar subjetivo de las personas mayores que viven solas se observan las siguientes situaciones: mayor frecuencia de la infelicidad, mayor frecuencia del déficit de proyectos personales y mayor sentimiento de soledad”, concluye el informe.

En este sentido, volver a enamorarse e iniciar una nueva convivencia puede significarles una mejora en la calidad de vida.

“Si una persona está sola y vuelve a formar pareja va a estar más feliz. Las personas mayores más felices viven con otra persona de una edad parecida. En general les hace muy bien”, afirma la gerontóloga Silvia Gascón.

Sin embargo, lamenta la especialista, muchas veces se tienen que enfrentar con prejuicios de que ya no es “momento” para enamorarse o que puede existir “interés” económico por alguna de las partes.

http://www.eldia.com/informacion-general/vivir-con-alguien-seria-emocionalmente-mas-saludable-para-los-adultos-mayores-182126

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Pérdida de sueño, falta de energía y libido lenta. Estos se encuentran entre los problemas de salud que a menudo consideramos un hecho a medida que envejecemos. Pero una nueva investigación demuestra que no siempre tienen que ser una parte importante del proceso de envejecimiento.

“Las personas a menudo culpan al envejecimiento por lo que les sucede, cuando en realidad se debe, digamos, a un problema médico subyacente que se puede tratar, o a un efecto secundario debido a un medicamento que estén tomando”, dice Sharon Brangman, M.D. jefe de la división de geriatría en Upstate Medical University en Syracuse, New York y expresidenta de la Sociedad Estadounidense de Geriatría.

Y tu actitud podría tener un impacto. Los estudios sugieren que los adultos mayores que piensan que ciertos problemas de salud son inevitables, sufren más, incluso de mala memoria y de una recuperación más larga de una enfermedad. Tal vez sea porque están menos interesados en tener una conducta saludable que pueda protegerlos de enfermedades.

Muchos médicos también hacen suposiciones anticuadas acerca de los pacientes mayores, las que pueden afectar negativamente su atención médica. “La mayoría de los médicos se graduaron de la escuela de medicina cuando no se hacía énfasis en la geriatría”, dice Brangman, “así que es posible que no sepan cómo responder mejor a una situación y en cambio, simplemente elijan darle otra pastilla al paciente”.

Ponemos en evidencia 5 mitos comunes acerca de los problemas de salud que podrían afectarte a medida que envejeces, y te damos los pasos a seguir para evitarlos o superarlos.

Mito: dormirás mal

Realidad: Los patrones de sueño cambian a medida que envejecemos. “Toma más tiempo conciliar el sueño y uno tiende a despertarse más frecuentemente que las personas más jóvenes”, dice Raj Dasgupta, M.D., un especialista en sueño en University of Southern California en Los Angeles. También logras menos sueño de ondas Delta o de sueño profundo.Esa etapa de sueño te ayuda a consolidar la memoria. Y sin suficiente sueño te sientes más cansado, irritable y olvidadizo durante el día.

Pero muchos problemas de sueño comunes entre las personas mayores se derivan de otras causas, en especial de medicamentos que se usan para tratar afecciones de salud no relacionadas. Por ejemplo, los diuréticos que se toman para reducir la presión arterial alta o para tratar la insuficiencia cardíaca pueden causar que te despiertes con más frecuencia para ir al baño durante la noche.

Lo que debes hacer: Primero, pregúntate si te sientes molesto por el cambio en tu patrón de sueño. “Si no está afectando tu calidad de vida, no es un problema que deba resolverse”, dice Dasgupta.

Si no estás contento con ello, pregúntale a tu médico si alguno de los medicamentos que tomas (consulta la sección “Ten cuidado con lo siguiente”, más adelante) o un problema de salud subyacente podrían estar afectando tu sueño. Si se descartan esas posibilidades, considera la terapia conductual cognitiva.

Esta terapia es mejor que el medicamento para los problemas de sueño, según ha descubierto la investigación. Un psicólogo puede ayudarte a practicar buenos hábitos de sueño, como por ejemplo, levantarte y acostarte a la misma hora todos los días. Ese tipo de consejería de corto plazo a menudo requiere varias sesiones de una hora. “Al principio puede ser difícil seguir con este hábito”, indica Dasgupta, “pero si lo haces, en realidad podrás ver los beneficios”.

Ten cuidado con lo siguiente: Píldoras para dormir. A casi un tercio de los adultos mayores les recetan este tipo de medicamentos, pero estos ayudan a que las personas se mantengan dormidas solamente unos cuantos minutos más por noche, según sugiere la investigación de Consumer Reports Best Buy Drugs.

Y estos medicamentos pueden plantear riesgos como aturdimiento al día siguiente, confusión y problemas de memoria, especialmente en adultos mayores, que son más sensibles que las personas más jóvenes a los efectos secundarios que estos medicamentos provocan.

Mito: te pondrás débil y estarás propenso a caídas

Realidad: Aproximadamente un tercio de las personas mayores de 65 años de edad se caen cada año, según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades. Eso se debe en parte a una reducción natural en el flujo sanguíneo hacia el cerebelo (el centro de equilibrio del cerebro), así como cambios en la visión y en el oído interno, que hacen que sea más difícil orientarse, dice Mary Tinetti, M.D., jefe de geriatría en Yale School of Medicine en New Haven. Ese deterioro se ve exacerbado muchas veces por afecciones como la artritis y deficiencias nutricionales que pueden provocar daño a los nervios de los pies.

Lo que debes hacer: Verifica tu equilibrio y fuerza. “Les insisto a todos mis pacientes que incluso a los 75 años de edad deberían poder levantarse de la silla sin usar los brazos, caminar por la habitación, voltear rápidamente y sentarse sin perder el equilibrio”, dice Tinetti.

Si no lo puedes hacer, consulta con tu médico, quien podrá verificar si hay afecciones subyacentes que puedan afectar el equilibrio (una deficiencia de vitamina B12, un ritmo cardíaco lento o cataratas, por ejemplo). También puede referirte con un fisioterapeuta que puede enseñarte ejercicios que fortalezcan los músculos y mejoren el equilibrio.

Ten cuidado con lo siguiente: Medicamentos para la presión arterial. Algunas veces estos disminuyen demasiado tu presión arterial, causando mareos cuando te pones de pie y aumentando el riesgo de caídas, especialmente cuando comienzas a tomarlos o aumentas la dosis. En mayo de 2016, un estudio realizado a 90,127 adultos mayores, descubrió un aumento del 36% en caídas graves durante los primeros 15 días después de comenzar con un medicamento para la presión arterial.

Si piensas que tu medicamento podría tener ese efecto sobre ti, pídele a tu médico que revise tu presión arterial ortostática, lo cual significa comparar tu presión cuando estás recostado con la que tienes cuando estás de pie. Si esa prueba detecta un problema, habla con tu médico acerca de reducir tu dosis o posiblemente eliminar el medicamento por completo.

Mito: no tendrás ningún interés en el sexo

Realidad: Para las mujeres, los niveles de estrógeno y testosterona han bajado por la menopausia, lo que puede reducir el deseo sexual y hacer que el sexo sea físicamente incómodo. Muchos hombres mayores aún tienen un fuerte deseo sexual, pero es posible que tengan problemas de erección debido al bajo flujo sanguíneo hacia el pene como resultado de arterias obstruidas, lo cual se deriva de afecciones tales como altos niveles de colesterol y de presión arterial.

A pesar de esos cambios, “debido a que las personas viven vidas más largas y más saludables, todos tienen las mismas expectativas que tenían cuando eran más jóvenes, lo cual incluye la sexualidad”, dice Marc Agronin, M.D., director médico de salud mental e investigación clínica en Miami Jewish Health Systems.

Lo que debes hacer: Si no estás contento con tu vida sexual (y no todas las personas con menor interés sexual lo están), habla con tu médico, que debería verificar si no tienes alguna afección como diabetes, por ejemplo, que pueda afectar la excitación. También te deben evaluar para detectar trastornos en el estado de ánimo, ya que hasta un 90% de las personas con depresión sin tratar experimentan un nivel bajo de la libido.

Ten cuidado con lo siguiente: Un salto al medicamento. “Incluso entre personas mayores, los problemas psicológicos como una mala relación, son a menudo la base de sus problemas sexuales y ningún medicamento puede resolver eso”, dice Agronin. A más hombres e incluso a algunas mujeres se les está recetando testosterona, pero tomar dosis complementarias de la misma no representa una cura mágica. Esto ha sido relacionado con un mayor riesgo de enfermedades del corazón en hombres, por ejemplo, y posiblemente a cáncer de seno en las mujeres.

Los medicamentos de venta con receta para tratar la disfunción eréctil, incluyendo sildenafil (Viagra) y tadalafil (Cialis), pueden ayudar a algunos hombres. Pero también pueden causar efectos secundarios como mareos, dolores de cabeza y visión borrosa, así que ten cuidado con estos. En el 2015, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó un medicamento llamado flibanserina (Addyi) para aumentar la libido en las mujeres, pero la investigación sugiere que no es muy eficaz.

Mito: la confusión y la pérdida de memoria son inevitables

Realidad: “Como parte del conocido proceso ‘normal’ de envejecimiento, tu mente sí se desacelera un poco”, indica Ronald Petersen, M.D., un neurólogo en Mayo Clinic en Rochester, Minn. Los neuroquímicos del cerebro cambian con el tiempo, afirma, lo cual explica las pequeñas fallas, como olvidar en dónde pusiste las llaves o el nombre de un amigo en una fiesta.

Pero únicamente hasta un 20% de las personas experimentan problemas más graves con el pensamiento o la memoria, sugieren los estudios. E incluso eso puede ser más lento algunas veces. “El envejecimiento del cerebro no es pasivo, hay muchas cosas que puedes hacer para desacelerar el proceso”, dice Gary Small, M.D., director del Centro de Longevidad (Longevity Center) de UCLA.

Lo que debes hacer: Asegúrate de que tu médico te evalúe para ver si tienes presión arterial alta, colesterol alto, diabetes, obesidad, apnea del sueño y depresión, ya que todas estas condiciones si no se tratan, pueden ocasionar cambios cognitivos. También deberá evaluarte para ver si tienes pérdida auditiva o de la visión. Si te estás esforzando para oír o ver, tu cerebro no puede enfocarse en codificar las memorias, afirma Small.

Ten cuidado con lo siguiente: Antihistamínicos tales como la difenhidramina (Benadryl Allergy, Nytol, Sominex y los genéricos), medicamentos para la ansiedad como diazepam (Valium y los genéricos) y los antidepresivos como la amitriptilina. Se les ha relacionado con impedimentos cognitivos y demencia.

Mito: te sentirás solo y deprimido

Realidad: Las personas mayores no tienen más probabilidad de sentirse deprimidas que las personas más jóvenes, afirma Robert Roca, M.D., presidente del Consejo sobre Psiquiatría Geriátrica de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Pero cuando se deprimen, “normalmente se deriva de una pérdida relacionada con envejecer”, explica Roca. “Pierden seres queridos o amigos, pierden su identidad porque se jubilan, su vigor físico va menguando y no pueden realizar tantas actividades como podían hacerlo antes”.

Lo que debes hacer: Pídele a tu médico que te haga una evaluación de depresión. Puede hacerlo con un sencillo examen que abarca temas como la pérdida de apetito y dificultades para dormir. Si te sientes levemente deprimido, aumentar tus actividades físicas y sociales puede ayudar, afirma Roca. El próximo paso podría ser terapia, ya sea terapia conductual cognitiva o psicoterapia interpersonal, o bien, si la depresión no disminuye, tomar medicamentos.

Ten cuidado con lo siguiente: Medicamentos contra la ansiedad. Algunos médicos los recetan para tratar la depresión, pero esta clase de medicamentos, conocidos como benzodiazepinas, no son apropiados para ese propósito. Esos medicamentos también conllevan los mismos riesgos que las pastillas para dormir para adultos mayores, y pueden ser adictivas.

Las enfermedades del envejecimiento, ¿son sólo un mito?

La  UNIVERSITAT POLITÉCNICA DE CATALUNYA ha  firmado esta semana, en Logroño  un acuerdo con las instituciones GERONTORIOJA SLU Y GRUPO ELTEIS SLU para la implantación de un modelo pionero en Europa de gestión de la Felicidad en los centros gerontológicos.

Este convenio permitirá encuadrar y coordinar la actuación de Gerontorioja, Grupo Elteis y la UPC en asesoramiento, intercambio de información, realizaciones en los campos de investigación tecnología y formación para  el colectivo de centros gerontológicos de La Rioja.

En la firma del acuerdo estuvieron presentes Jordi Vilajosana Crusells, profesor de la UPC y promotor de este proyecto pionero, Gabriel Gimeno Llerena, Gerente de las empresas Gerontorioja y Grupo Elteis, además de Eva Martínez, directora del Centro de Día de Montcalvillo, primer centro en implantar el modelo de gestión de la Felicidad para centros de gerontología y al que pronto se sumará el Centro de día Gonzalo de Berceo de Logroño.

Tener una edad ya no es lo que era. Unas etapas -juventud, edad adulta y vejez- se han estirado marcadas por el trabajo, el acceso a la educación y la mejora de la alimentación, mientras otras -infancia, preadolescencia y adolescencia- se han comprimido. Las búsquedas en Google de joven de 34 años, 35, 36, 37 e incluso 38 demuestran que es un término de uso corriente aunque a muchos nos suene impropio. A la vez la pubertad se adelanta cada vez más y nadie -o al menos nadie de más de 30 años- se atrevería a llamar «anciano» a una persona de 70, aunque lleve años jubilada.

Los grupos de edades han cambiado tanto en el último siglo que los que ahora tienen 80, pero también los de 30, son unos pioneros. «Están explorando territorio desconocido, no tienen elementos de la tradición en los que apoyarse», dice a Verne Pau Miret, investigador del Centre d’Estudis Demogràfics de Barcelona (CED).

Estos cambios en las etapas de la vida no han ocurrido de repente aunque la sociedad tarde en asimilarlos. La esperanza de vida al nacer en 1900 en España era de 34 años (la alta mortalidad infantil influía en que fuese tan corta). Los últimos datos del INE, de 2014, la situan ya en 80,1 años para los hombres y 85,6 en las mujeres.

Las nuevas tecnologías aceleran el fin de la infancia

Los niños antes recibían los conocimientos de forma vertical, a través de los adultos, de quienes dependían emocionalmente. Ahora su acceso a la información es horizontal de la manos de las nuevas tecnologías -televisión, tabletas y móviles-, y su conocimiento del mundo es mayor. Esto se traduce en que su periodo de dependencia emocional y de inocencia se acorta, como explica a Verne Almudena Moreno, socióloga de la Universidad de Valladolid y coautora del Informe de la Juventud en España 2012.

Los avances en alimentación y medicina conllevan cambios biológicos como que la pubertad llegue de media un año antes. De la misma forma, «las nuevas tecnologías están cambiando elementos cognitivos que modifican el cerebro», según la experta. Es difícil señalar una edad precisa en la que el niño pasa a ser preadolescente, pero Moreno maneja una encuesta sobre bienestar infantil que hoy en día sitúa la línea en los ocho años.

«En el aspecto inmaterial, los rituales de paso de la preadolescencia a la adolescencia y de la adolescencia a la vida adulta se van comprimiendo; otra cosa es que les interese mantener ese estatus de adolescente [equivalente a ausencia de responsabilidades] durante más tiempo», explica la socióloga. El inicio de las relaciones sexuales podría ser un indicador que marque el fin de esa época y estas también se han adelantado dos años de media.

Becas para ‘jóvenes menores de 40’

Cuando se deja atrás la adolescencia, en esto de las edades «todo está muy relacionado con la evolución del mercado de trabajo, con cuándo se inserta y sale uno», explica Miret. Hay tres transiciones que marcan el fin de la juventud y el inicio de la edad adulta, prosigue: la económica (valerse por sí mismo), la residencial (dejar la vivienda de los padres) y la familiar (tener pareja y/o hijos). «Las tres se están retrasando y y se siguen retrasando todos los años», explica.

Ya no es extraño encontrar, por ejemplo, convocatorias de becas o concursos para jóvenes investigadores o artistas menores de 40 años. Las encuestas oficiales de juventud hasta 1982 estudiaban a los menores de 20 años. En 1985 el Injuve (Instituto de la Juventud) aumentó la horquilla hasta los 30, pero ahora algunos organismos llegan hasta los 35.

«También hay hitos muy importantes, por ejemplo -apunta Julio Pérez- que tus padres sigan vivos». Si a principios de siglo una persona de 40 años estaba en el final de su vida, hoy no solo es muy fácil que vivan sus padres, sino en algunos casos, hasta sus abuelos. Este demógrafo y sociólogo del CSIC recuerda un ejemplo muy gráfico: cuando fue a visitar a un hombre de 102 años en Menorca le recibió su hija de 82, alegre, con un vestido de lunares y los labios pintados. «La chica de la casa».

El periodo de juventud también dura más ahora porque los padres de esos jóvenes se lo pueden permitir y no se ven obligados a trabajar antes, según Pérez. La prolongación de los años de formación influye también este alargamiento. A lo largo del siglo XX se ha visto cómo aparecía y se extendía la educación obligatoria. Ahora ya no solo es habitual hacer una carrera universitaria, sino que es más frecuente hacer también un máster o un doctorado.

Los mayores de hoy no son los ancianos de antes

«Casi todos los cambios en demografía tienen que ver con la buena alimentación», afirma Julio Pérez. Los adultos de hoy cuando llegan a la tercera edad no son como los de antes. No porque ahora se les cuide más o tengan más protección del Estado, sino porque ha cambiado su vida anterior, antes de llegar a la vejez y entran en esta etapa en mejores condiciones económicas y de salud, según el experto.

De todas formas, aclara el demógrafo, «en el saco de los mayores se mete a gente con historias muy distintas: los que trabajaron como torneros no llegan igual que los que trabajaron en el sector servicios».

Y luego está «el gran cambio, el de verdad», que es el que se ha dado en las mujeres, que empezaron a ir a la universidad en los 60 y 70. «Han sido innovadoras, revolucionarias» y de su mano llegarán las transformaciones demográficas más radicales en el futuro.

Pero volviendo al presente, ¿se puede llamar «anciana» o «vieja» a una persona de 75 años? «Se considera que una persona entra en la vejez cuando ha dejado de trabajar. Le damos el carnet de la tercera edad y otras prebendas por el hecho de ser ‘persona mayor’, que no es más que un eufemismo», explica contrariado Miret. «Deberíamos encontrar palabras distintas a ancianos«.

Recuerda que cuando en 1967 se universalizaron los 65 años como la edad de la jubilación a una persona le quedaban solo seis o siete años de vida autónoma por delante. Hoy puede tener dos décadas más, 10 años con autonomía y otros 10 con alguna dificultad pero no impedida. En las estadísticas del INE, los indicadores de mortalidad en 1975 agrupaban las franjas de edad «hasta 85 años y más», mientras a partir de 1991 se ampliaron algunas tablas «hasta 100 años y más».

«Tendría que haber cambiado nuestra concepción de las personas mayores, pero socialmente no ha cambiado tanto. Lo vemos en profesionales prejubilados a partir de los 50 años», dice Miret.

Las nuevas edades del hombre

Pérez insiste en que hacer una foto fija en demografía es muy complicado y que hablar de edades es «tramposo», porque los 50 años de hoy no serán los mismos que los 50 años de los niños que nazcan hoy.

Tanto él como Miret observan con atención el envejecimiento de la pirámide de población y los cambios que se están produciendo, pero no como algo negativo.

La edad adulta -apróximadamente, de los 40 a los 65- tendrá que cambiar y aumentar también, opina Miret. A los 40 años hace un siglo se era viejo y ahora se es joven. «Reciben mucha presión laboral, social y familiar, y el apremio sobre la fecundidad ha aumentado también de una manera terrible. Habrá que disminuir la carga sobre esta población y alargarla para después», dice Miret. Mientras el Estado provee el sistema educativo para la juventud y el de sanidad y las pensiones para los mayores, a los adultos «les ha dejado solos» y están, en opinión de este experto, «sometidos a un estrés brutal».

Antes de despedirse -sin ánimo de complicar más las cosas, asegura él-, Pérez desliza que no solo han cambiado las edades, sino que ya ni se puede hablar de etapas de la vida. «Empieza a haber sociólogos que dicen que todo ha estallado, que todo esto de pensar en los ciclos de vida es cosa del pasado. Puedes vivir con tus padres y tener pareja, o tener pareja pero vivir independientemente».

«¡Que ya tienes una edad!», reñía un padre cada vez que consideraba que su hijo veinteañero no estaba siendo lo suficientemente adulto. «¡Pues claro que tengo una edad, todo el mundo tiene una edad!», respondía él irónico porque, hablando en plata, tener una edad ya casi no significa nada.

http://verne.elpais.com/verne/2016/10/10/articulo/1476113258_806913.html

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La amistad entre Víctor Gómez y Cruz Roldán tiene 46 años. Se conocieron en una excursión a La Sierra por un grupo de marcha, “pero era más que eso, era un grupo de estilo de vida”, recuerda Roldán, de 79 años. Cuando cruzaban por el medio siglo de vida se preguntaron ‘¿por qué no nos vemos envejecer?’. 15 años después, viven con sus respectivas esposas en Convivir, una residencia autogestionada en Cuenca. Decenas de amigos y familiares se entusiasmaron cuando plantearon la idea de vivir juntos pero no revueltos y hoy son 87 socios los que se identifican con el lema “ponerle vida a los años”. Cuentan con todos los servicios de una residencia tradicional, “pero no estamos sentados todo el día en una silla entre desconocidos”. Comparten, se mantienen activos, pero conservan su independencia.

Falta poco para la hora de comer en la residencia Convivir y en una de las múltiples salas comunes se escucha a Raffaella Carrà. Un radio cassette Sony vibra al son de ‘Porque El Amor (Fataliá)’ mientras la gente se descojona. Es el taller de risoterapia dirigido por Lourdes Ranera. Aprendió esta técnica en la India, la enseñó durante más de 20 años en Barcelona y hoy hace reír todos los días a sus compañeros de residencia. Los que no se están riendo, se cambian de ropa tras una clase de gimnasia a cargo de Timoteo, que antes de jubilar se desempeñaba como profesor. Otros participan de la clase de macramé impulsada por Amelia López, de 88 años, la mayor de la residencia. La edad media es de 70 años, pero se respira un ambiente juvenil. “Venir aquí me ha rejuvenecido, es la gracia de vivir en una residencia cuando todavía estamos bien”, cuenta López. “Esto ayuda a que cuando dejes de trabajar no pienses cuándo te llegará tu hora”, agrega Roldán.

Aunque la residencia colaborativa se cimenta hace poco en España, Rogelio Ruiz, arquitecto de eCohousing, ha recibido casi mil solicitudes sobre información de este modelo de vivienda. Su equipo ganó el concurso para construir Trabensol, una de las dos residencias de este tipo construidas en Madrid: “Nos daba mucho reparo hacer casas para personas que no sabíamos quiénes eran ni cómo querían vivir. Las decisiones las tomamos con ellos. Si hay alguien que trabajó en jardinería opina de las áreas verdes y si hay una enfermera lo hace sobre cómo debiera ser el área de salud”. Todas las residencias de cohousing deben cumplir los requisitos de una tradicional: baños geriátricos, muebles terminados en curva, botones de emergencia en todas las habitaciones, entre otras cosas.

A diferencia la situación en Convivir, donde todos los que quieren un apartamento deben tener un conocido y ser socios, en Trabensol la oferta es para todo público. Los valores para hacerse socio de una cooperativa cohousing en España —que no exenta los gastos mensuales— van desde los 50.000 a los 140.000 euros. Este gasto se ve amortiguado en las residencias donde también reciben a no socios. En la Fuente de la Peña en Jaén, si eres socio pagas 2.080 euros mensuales por pareja, en vez de pagar un “alquiler” de 3.150 euros. Los costes también varían si el residente quiere servicios de limpieza, lavado, comida o solo acceso a los servicios de atención como enfermería y fisioterapia.

De las experiencias españolas, los impulsores coinciden en que los interesados se acercan más a los 50 que a los 70 años. Nemesio Rasillo, uno de los fundadores de la residencia Brisa del Cantábrico, donde la edad media es de 63 años, lo atribuye a que “los más mayores tiran del cuidado familiar. Pero hay muchos adultos que aún no jubilan y ya tienen claro que no quieren ser una carga para sus hijos”. En esta residencia, una de las normas es puede haber máximo 15 personas del mismo año de nacimiento, para garantizar el relevo generacional. Cada cooperativa tiene sus normas, pero una que se repite para tratar el tema de la dependencia, es que desde que un residente se suma al proyecto, parte de su dinero es relegado a un fondo social. “Así cuando alguno de los compañeros necesite una asistencia especial, lo cubrimos entre todos y no le significa un gasto importante”, explica Roldán.

Es la hora de la siesta en Cuenca, y “el castillo del siglo XXI”, como le llaman los habitantes de Convivir a su residencia, parece haberse detenido en el tiempo. Nadie circula por los largos pasillos de las dos plantas, las paletas de ping pong descansan sobre la mesa y la peluquería está cerrada con llave. Es el momento de disfrutar el apartamento que cada uno se ha decorado a su gusto. “En lugar de independizarse mi hijo, me he independizado yo”, dice en voz baja Luis de la Fuente, mientras cierra la puerta de su nuevo hogar.

http://politica.elpais.com/politica/2016/10/10/actualidad/1476113070_376172.html

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